La ciudad de La Plata volvió a mostrar el contraste entre el centro y la periferia como eje de la discusión política. Un concejal de La Libertad Avanza cuestionó la decisión de la Municipalidad de avanzar con la segunda etapa del proyecto de restauración del histórico Teatro Coliseo Podestá y difundió la imagen de un basural en el barrio de Melchor Romero para reclamar que se prioricen los problemas de los vecinos de la periferia. La contraposición entre la obra emblemática y el basural de un barrio postergado ordenó el debate de la semana.
El planteo apuntó directamente a las prioridades de la gestión de Julio Alak. El edil opositor sostuvo que mientras la intendencia destina recursos a la puesta en valor de un teatro del casco urbano, barrios enteros de la periferia platense conviven con basurales, calles sin mantenimiento y servicios deficientes. La estrategia de la oposición fue exhibir la brecha entre la ciudad que se muestra —el centro histórico restaurado— y la que se esconde, con la foto del basural de Melchor Romero como símbolo de un reclamo que la administración municipal, según sus críticos, no termina de atender. El mensaje buscó instalar la idea de una gestión que "maquilla el centro".
El Coliseo Podestá es uno de los edificios patrimoniales más importantes de La Plata, un teatro de raíces históricas cuya restauración la intendencia presenta como una apuesta por la identidad cultural de la ciudad. La segunda etapa de la obra apunta a completar la puesta en valor de un espacio que forma parte del acervo urbano platense. Para la Municipalidad, recuperar el Coliseo es una política de preservación del patrimonio; para la oposición, es una obra vidriera que convive con carencias estructurales en los barrios que no aparecen en las fotos oficiales. La misma intervención admite dos lecturas opuestas.
La disputa se inscribe en un clima político local cada vez más tenso. La gestión de Alak enfrenta cuestionamientos recurrentes de la oposición, que le reprocha demoras en obras prometidas, opacidad en algunos contratos y una atención despareja entre el casco urbano y la periferia. Los concejales opositores encontraron en la contraposición entre las obras del centro y el abandono de los barrios un argumento eficaz para desgastar a la administración municipal, que responde reivindicando su agenda de inversión en espacios públicos y patrimonio. El Concejo Deliberante se transformó en caja de resonancia de esa pelea.
A la discusión por las prioridades se suma la agenda política de los próximos días. La intendencia prepara para el domingo un acto de homenaje a Eva Perón en Plaza Moreno, que encabezarán juntos el gobernador Axel Kicillof y el intendente Julio Alak. El acto por Evita funciona como una demostración de sintonía entre la Provincia y el municipio en el corazón de la capital bonaerense, en un momento en el que el peronismo necesita mostrar unidad puertas afuera pese a la fractura que lo atraviesa a nivel nacional. La ciudad se convierte, otra vez, en escenario de la política provincial.
La contraposición entre el centro y la periferia no es exclusiva de La Plata, pero en la capital bonaerense adquiere una dimensión particular por el peso simbólico de su casco histórico. La ciudad, diseñada como modelo de urbanismo a fines del siglo XIX, arrastra desde hace décadas una tensión entre la conservación de su patrimonio y las demandas de una periferia que creció sin la misma planificación. Cada obra en el centro reactiva la pregunta por lo que ocurre en los barrios, y la oposición aprovecha esa grieta urbana para instalar su relato sobre una gestión que atiende la postal y descuida la trama social. El debate excede a la coyuntura.
Los observadores de la política platense señalan que la disputa por las prioridades tiene, además, un trasfondo electoral. Con las elecciones en el horizonte, la oposición busca erosionar la imagen de la gestión municipal, mientras el oficialismo local intenta capitalizar las obras visibles como muestra de gestión. La foto del basural y la foto del teatro restaurado son, en el fondo, dos maneras de contar la misma ciudad, y la pelea por cuál de las dos prevalece en la opinión pública es también una pelea por el poder en La Plata. La batalla es tanto simbólica como concreta.
En el medio quedan los vecinos, que asisten a la discusión con reclamos que trascienden la coyuntura política. La demanda por la limpieza de los basurales, el mantenimiento de las calles y la mejora de los servicios en los barrios de la periferia convive con el orgullo por la recuperación de los espacios patrimoniales del centro. La gestión municipal enfrenta el desafío de conciliar ambas agendas sin que la inversión en el casco histórico luzca como un privilegio a costa de los barrios olvidados. Ese equilibrio es, en definitiva, el termómetro de la administración platense.
La cuestión de los residuos y la limpieza urbana es un clásico de la conflictividad platense. La aparición de basurales a cielo abierto en los barrios de la periferia es un problema recurrente que la oposición utiliza como prueba de las falencias en la prestación de los servicios básicos, y que la gestión municipal atribuye a la magnitud del territorio y a la falta de recursos. La foto de un basural se convirtió en un arma política eficaz porque condensa, en una sola imagen, el reclamo de los vecinos que sienten que su barrio quedó al margen de las prioridades municipales. La disputa por la limpieza es también una disputa por el relato de la gestión.
El patrimonio arquitectónico de La Plata es, al mismo tiempo, un activo y una obligación para cualquier administración. La ciudad conserva edificios históricos de gran valor que requieren mantenimiento e inversión, y su recuperación suele generar consenso cultural aunque despierte controversia sobre las prioridades del gasto. La puesta en valor del Coliseo Podestá se inscribe en una política de preservación que la intendencia defiende como parte de la identidad platense, pero que la oposición contrapone a las urgencias sociales de los barrios. El patrimonio y la periferia compiten por los recursos y por la atención.
El trasfondo electoral atraviesa cada uno de estos debates. Con la mira puesta en los próximos comicios, tanto el oficialismo local como la oposición buscan instalar su relato sobre la ciudad, y cada obra, cada basural y cada acto se convierten en insumos de esa disputa por la opinión pública. La pelea por el Coliseo y por los basurales es, en última instancia, una pelea por definir quién representa mejor los intereses de los platenses de cara a la elección. La política local se juega en esos contrastes cotidianos.
Lo que dejó la semana es una nueva postal de la disputa que atraviesa a la capital bonaerense: la del centro que se restaura y la de la periferia que reclama. Mientras la intendencia avanza con el Coliseo Podestá y prepara el homenaje a Evita, la oposición insiste en correr el foco hacia los basurales y las carencias de los barrios, en una pulseada por el relato que definirá buena parte del clima político local. La Plata, otra vez, se debate entre sus dos caras.