La Plata pierde hasta tres comercios por día: la suba de tarifas y la caída del consumo asfixian al centro - Política y Medios
23-07-2026 - Edición Nº6747

LA PLATA

La Plata pierde hasta tres comercios por día: la suba de tarifas y la caída del consumo asfixian al centro

19:40 |Un informe oficial confirma el cierre de al menos 1.000 locales en la ciudad. Las ventas cayeron 9,1% interanual en el primer trimestre y la vacancia supera el 9%. El aumento de los servicios, según los comerciantes, es la estocada que termina de complicar el cuadro.

El comercio platense atraviesa una de sus peores crisis en años y las persianas bajas se multiplican en el corazón de la ciudad. Un informe oficial confirmó el cierre de al menos 1.000 comercios en La Plata producto de la crisis, con un ritmo estimado de entre uno y tres locales que bajan la persiana cada día. Los datos, correspondientes al primer tramo de 2026, dibujan la radiografía de un sector golpeado que no encuentra piso.

Los números son elocuentes y no dejan lugar a interpretaciones optimistas. Las ventas en La Plata cayeron 9,1% interanual durante el primer trimestre de 2026, y solo el 17% de los comerciantes logró vender más que el año anterior, según los relevamientos del sector mercantil. A eso se suma que los locales inactivos crecieron un 180% interanual en los primeros meses del año, y que la vacancia comercial ya supera el 9%, un nivel que refleja la magnitud del retroceso de la actividad en la capital bonaerense.

Entre las causas que los comerciantes señalan, el aumento de los servicios ocupa un lugar central. El gas subió 5,6% en mayo, los servicios privados se incrementaron entre 3,5% y 4,5%, y el combustible acumuló casi un 20% de suba en apenas dos meses, un combo de costos fijos que se vuelve imposible de trasladar a precios en un contexto de consumo deprimido. Para la gastronomía, el gas es uno de los principales gastos operativos; para el comercio minorista, la mayor preocupación pasa por la factura de la electricidad. La ecuación no cierra.

La combinación de costos en alza y ventas en baja configura una tenaza que aprieta cada vez más. A la pérdida de poder adquisitivo y a la recesión se suma el fuerte aumento de los costos fijos —alquileres, servicios, impuestos y salarios—, que vuelve cada vez más difícil sostener los negocios, según coinciden los comerciantes de la ciudad. El resultado es una sangría de locales que se extiende ya por más de tres años y que ninguna medida logró revertir.

El impacto se siente también en el empleo. Un relevamiento del sector señaló una caída del 5% interanual en el empleo comercial durante el primer trimestre de 2026, un dato que muestra que detrás de cada persiana baja hay puestos de trabajo que desaparecen. La crisis del comercio platense no es solo un problema de vidrieras vacías: es una máquina de destruir empleo en una ciudad que depende fuertemente de la actividad mercantil y de servicios. El centro comercial, otrora pujante, se llena de carteles de "se alquila".

La paradoja que atraviesa el cuadro es que la desaceleración de la inflación no se tradujo en una recuperación del consumo. Aunque el índice de precios bajó y se ubicó por debajo del 2% mensual a nivel nacional, las ventas minoristas siguen en baja y el consumo se concentra en lo esencial, lo que deja a los comercios no imprescindibles al borde del abismo. La estabilización de los precios, celebrada por el Gobierno nacional, todavía no llegó al mostrador de los comerciantes platenses.

La situación pone bajo la lupa la gestión municipal, en manos del intendente Julio Alak, que enfrenta el desafío de sostener la actividad económica local en medio del ajuste. Los comerciantes reclaman alivios en la carga impositiva municipal y medidas concretas de apoyo, en un distrito donde la presión tributaria local se suma a los costos nacionales y provinciales. La demanda del sector es clara: sin un esquema de contención que combine alivio fiscal municipal y sostenimiento del consumo, la sangría de locales seguirá su curso. La respuesta de la gestión, por ahora, no alcanza a frenar los cierres.

El fenómeno platense se inscribe en un cuadro nacional de caída del consumo y recesión, pero adquiere en la ciudad rasgos particulares por el peso del comercio y los servicios en su economía. La combinación de tarifas en alza, presión impositiva y bolsillos flacos convirtió al centro comercial de La Plata en un termómetro de la crisis, donde cada persiana que baja mide el impacto real del ajuste sobre la vida cotidiana. La capital bonaerense se transformó, sin proponérselo, en un caso testigo de las consecuencias sociales del modelo económico.

Los referentes del comercio local advierten que, si no cambia la tendencia, la crisis podría profundizarse en la segunda mitad del año, cuando los aumentos tarifarios del invierno terminen de impactar sobre los costos. La expectativa del sector es que la baja de la inflación se traduzca, tarde o temprano, en una recuperación del consumo que devuelva movimiento a las calles comerciales de la ciudad. Por ahora, esa recuperación no aparece, y los comerciantes platenses siguen haciendo malabares para mantener las persianas arriba. En La Plata, la crisis del comercio ya no es una amenaza: es una realidad que se cuenta de a un local por día.

La crisis del comercio platense se arrastra desde hace más de tres años y ninguna de las variables que la explican dio señales claras de reversión. La combinación de recesión, pérdida de poder adquisitivo y aumento sostenido de los costos fijos configuró un cuadro que se profundiza edición tras edición de los relevamientos del sector. El dato más elocuente es que la baja de la inflación, celebrada a nivel nacional, no se tradujo en una recuperación del consumo en las calles comerciales de la ciudad, donde las persianas siguen bajando al mismo ritmo. La macro ordenada, por ahora, no llegó al mostrador.

El fenómeno tiene, además, un impacto que excede a los propios comerciantes. Cada local que cierra deja un espacio vacío en el entramado urbano, reduce la oferta para los vecinos y golpea a proveedores, empleados y familias que dependen de esa actividad. La vacancia comercial, que en La Plata ya supera el 9%, transforma el paisaje de las zonas céntricas y comerciales y erosiona el tejido económico y social de los barrios. La ciudad cambia de cara al ritmo de la crisis.

Los referentes del sector reclaman una combinación de medidas que alivie la presión sobre los negocios: contención de las tarifas, alivio en la carga impositiva en sus distintos niveles y políticas que reactiven el consumo. La demanda es clara y transversal: sin un esquema que combine alivio fiscal y sostenimiento de la demanda, la sangría de locales seguirá su curso y la recuperación que el sector espera continuará postergándose. En La Plata, la crisis del comercio ya no es una amenaza abstracta: se cuenta, día a día, de a un local por vez.

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