Vaca Muerta volvió a poner a la Argentina en el mapa energético mundial y esta vez el protagonista fue un récord operativo. YPF completó 203 horas de fractura hidráulica continua e ininterrumpida en el bloque Bandurria Sur entre el 2 y el 11 de julio, una marca que la compañía considera un paso clave hacia niveles de eficiencia comparables con los grandes desarrollos de shale del mundo. La operación, que implicó bombeo sin pausas, es una muestra del salto tecnológico que atraviesa la formación neuquina.
El récord de Bandurria no es un hecho aislado, sino la punta de una tendencia. Durante junio se completaron en Vaca Muerta 2.760 etapas de fractura hidráulica, el mayor registro mensual desde 2013, y entre las empresas que operaron en la formación YPF volvió a ubicarse en el primer lugar. La intensidad de la actividad refleja el ritmo acelerado de inversión y desarrollo que vive el yacimiento, que se consolidó como el motor de la producción hidrocarburífera argentina. Los números confirman que el shale dejó atrás la etapa piloto para entrar en fase de producción masiva.
Las proyecciones acompañan el envión. La producción de petróleo no convencional de YPF creció un 35% durante 2025, alcanzó un promedio de 165.000 barriles diarios y superó los 200.000 barriles por día hacia fin de año, con la compañía proyectando llegar a los 250.000 barriles diarios para el cierre de 2026. De cumplirse esa meta, la petrolera consolidaría un crecimiento sostenido que la ubica como la principal impulsora del récord histórico de producción que la Argentina podría alcanzar este año. El potencial del recurso, en ese sentido, está fuera de discusión.
El impacto de la expansión se siente también en el mercado laboral de la región. YPF mantiene abierta una amplia búsqueda de personal para sostener el ritmo de crecimiento de sus operaciones en Vaca Muerta, un dato que da cuenta de la dinámica económica que genera el desarrollo del yacimiento en Neuquén y su zona de influencia. La actividad hidrocarburífera se convirtió en uno de los pocos sectores de la economía argentina que crea empleo genuino y demanda mano de obra calificada de manera sostenida. El contraste con la caída del empleo en otros rubros es notorio.
A nivel país, las perspectivas son igualmente auspiciosas. La producción total de petróleo de la Argentina podría alcanzar un récord histórico en 2026 impulsada por Vaca Muerta, con un crecimiento proyectado en torno al 16%. Neuquén ya produce dos de cada tres barriles de petróleo del país, una concentración que confirma el rol determinante de la Cuenca Neuquina en la matriz energética nacional. El yacimiento no convencional se transformó en la principal apuesta de la Argentina para revertir su histórico déficit energético y generar divisas por exportación.
Ahora bien, detrás del entusiasmo por los récords conviven interrogantes sobre la gestión y el reparto de los beneficios. Los éxitos operativos de YPF en la roca no despejan las dudas sobre la estrategia de la compañía ni sobre cómo se distribuyen los frutos del boom entre la empresa, las provincias productoras y el conjunto de la economía. Una cosa es el potencial geológico de Vaca Muerta, indiscutible, y otra es la eficiencia de la conducción de una petrolera que arrastra debates sobre su rumbo y su transparencia. El recurso brilla; la gestión, para muchos observadores del sector, todavía tiene cuentas pendientes.
El desarrollo del yacimiento también plantea desafíos de infraestructura que condicionan su horizonte. Para que la producción récord se traduzca en exportaciones y divisas, la Argentina necesita completar las obras de transporte y evacuación que permitan sacar el crudo y el gas hacia los mercados. Sin la infraestructura adecuada —oleoductos, gasoductos y capacidad de licuefacción para el GNL—, el potencial de Vaca Muerta corre el riesgo de quedar embotellado en la roca. La carrera por producir debe ir acompañada por la carrera por transportar.
Los especialistas en energía coinciden en que Vaca Muerta representa la mayor oportunidad de desarrollo de la Argentina en décadas, pero advierten que su aprovechamiento pleno depende de decisiones de política pública y de inversión que exceden a las empresas. El potencial está; el desafío es que se traduzca en un modelo de desarrollo que beneficie al conjunto del país y no solo a los balances de las compañías operadoras. Esa es la discusión de fondo que los récords, por sí solos, no resuelven.
Por ahora, los números hablan de un yacimiento en plena expansión y de una petrolera que marca récords operativos uno tras otro. Vaca Muerta produce, crece y genera empleo, y esa realidad convierte al shale neuquino en uno de los pocos motores en marcha de la economía argentina. El desafío, como siempre, es que el potencial de la roca se transforme en desarrollo sostenido. La geología ya hizo su parte; falta que la gestión y la política estén a la altura.
El salto de Vaca Muerta tiene un correlato directo en la balanza comercial energética del país. Tras años de importar combustibles y gas para cubrir el déficit interno, la Argentina se encamina a consolidar un superávit energético estructural gracias al aumento de la producción no convencional. La reversión de ese saldo, de rojo a azul, es una de las transformaciones económicas más relevantes de la última década y una fuente potencial de las divisas que tanto le faltan al país. El shale neuquino se perfila como una palanca clave para la restricción externa.
El desarrollo, sin embargo, plantea desafíos de infraestructura que condicionan su horizonte. Para que la producción récord se traduzca en exportaciones, la Argentina necesita completar las obras de transporte y evacuación que permitan sacar el crudo y el gas hacia los mercados y los puertos. Sin oleoductos, gasoductos y capacidad de licuefacción para el GNL, el potencial de Vaca Muerta corre el riesgo de quedar embotellado en la roca, un cuello de botella que la industria viene señalando desde hace tiempo. La carrera por producir debe ir acompañada por la carrera por transportar.
Detrás del entusiasmo por los récords, además, conviven interrogantes sobre la gestión y el reparto de los beneficios. Los éxitos operativos en la roca no despejan las dudas sobre la estrategia de la compañía ni sobre cómo se distribuyen los frutos del boom entre la empresa, las provincias productoras y el conjunto de la economía. Una cosa es el potencial geológico de Vaca Muerta, indiscutible, y otra es la eficiencia y la transparencia de la conducción de una petrolera cuyo rumbo sigue siendo objeto de debate. El recurso brilla; que ese brillo se transforme en desarrollo para todos es la discusión que los números, por sí solos, no resuelven.