La Cámpora insiste con una candidatura imposible de Cristina y Máximo arma una alternativa a Kicillof - Política y Medios
21-07-2026 - Edición Nº6745

INTERNA

La Cámpora insiste con una candidatura imposible de Cristina y Máximo arma una alternativa a Kicillof

13:40 |El kirchnerismo duro promueve el nombre de la ex presidenta pese a su inhabilitación perpetua. En paralelo, Máximo Kirchner recorre la provincia para levantar un candidato propio frente al gobernador.

La Cámpora radicalizó la interna peronista con una doble jugada: promover el nombre de Cristina Kirchner como candidata presidencial de 2027, pese a que su inhabilitación es perpetua, y acelerar el armado de una alternativa a Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires. La estrategia del kirchnerismo duro combina una bandera simbólica imposible de concretar con una operación política muy concreta contra el gobernador. El movimiento profundiza la fractura que atraviesa al espacio.

El mensaje de la agrupación que conduce Máximo Kirchner es cada vez más explícito: la única candidata legítima del peronismo debería ser Cristina Kirchner. El planteo choca de frente con la realidad judicial. La Corte Suprema confirmó en junio de 2025 la condena en la causa Vialidad —seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por administración fraudulenta en perjuicio del Estado—, lo que le impide legalmente competir. La candidatura que impulsa La Cámpora es, en los hechos, un símbolo antes que una postulación: sirve para ordenar la tropa propia y para marcarle la cancha a Kicillof. El obstáculo legal es insalvable, y en el kirchnerismo lo saben.

En las últimas semanas, dirigentes que responden a ese sector salieron en conjunto a militar el apellido Kirchner para la próxima fórmula presidencial. Entre ellos aparecieron Eduardo "Wado" de Pedro, Mariano Recalde, Mayra Mendoza, Rodolfo Tailhade, Fernanda Raverta y Teresa García, en una ofensiva coordinada que buscó instalar el nombre de la ex presidenta en la discusión electoral. La salida en manada de los alfiles camporistas no fue espontánea: respondió a una lógica de aparato destinada a copar la escena y a disciplinar al peronismo detrás de una consigna. La operación se leyó, dentro y fuera del espacio, como una señal dirigida al gobernador.

En paralelo a la bandera de Cristina, Máximo Kirchner viene recorriendo la provincia de Buenos Aires para acelerar el armado de una candidatura alternativa a la de Kicillof. El diputado camina el territorio, teje acuerdos con intendentes y dirigentes, y busca construir una opción propia que le dispute al gobernador la conducción del peronismo bonaerense. La pulseada dejó de ser retórica: el kirchnerismo trabaja de manera concreta para levantar un nombre que le haga sombra a Kicillof en su propio distrito. La provincia se transformó en el campo de batalla de la interna.

La respuesta del gobernador fue medida. Kicillof reiteró que este no es el momento de las candidaturas y dio la orden a su entorno de no responder a las provocaciones del ala dura del kirchnerismo, para concentrarse en la discusión con el Gobierno nacional. La consigna del kicillofismo es evitar el cuerpo a cuerpo con La Cámpora y mostrarse ocupado en la gestión y en la construcción de una alternativa a Javier Milei. El gobernador apuesta a que el desgaste de la pelea recaiga sobre quien la inicia, mientras él intenta preservar la figura de administrador por encima de la trifulca interna. La estrategia del silencio, sin embargo, tiene sus límites cuando la ofensiva es sostenida.

La disputa expone una paradoja que el propio peronismo admite en reservado. Mientras el kirchnerismo duro insiste con una candidatura que la Justicia ya clausuró, y Máximo Kirchner dedica su energía a debilitar al principal dirigente del espacio en la provincia, la construcción de una alternativa real frente al oficialismo queda relegada. La energía que el peronismo invierte en su guerra interna es exactamente la que no destina a disputarle el poder al Gobierno. El costo de esa ecuación lo paga el conjunto del espacio.

Para los sectores que buscan una salida ordenada, la ofensiva camporista complica cualquier intento de unidad. La promoción de un nombre inviable y la construcción de un candidato para enfrentar a Kicillof profundizan la desconfianza y alejan la posibilidad de un acuerdo. Referentes del peronismo federal y del massismo vienen advirtiendo que la fractura bonaerense contamina al resto del país y que sin una tregua en la provincia el espacio difícilmente llegue competitivo a 2027. La interna dejó de ser una discusión de nombres para convertirse en una disputa por el control del aparato, con la unidad como principal víctima.

El desenlace sigue abierto y dependerá de si los sectores encuentran, después del receso, algún punto de encuentro. Por ahora, la escena muestra a La Cámpora tensando la cuerda con una candidatura imposible y a Máximo Kirchner recorriendo la provincia en busca de un rival para el gobernador. En el peronismo, la campaña por 2027 empezó antes por dentro que por fuera, y el primer adversario a vencer parece ser el de al lado.

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