El Senado inauguró el receso invernal con una postal incómoda para el oficialismo: una bandeja de proyectos libertarios frenados, un recinto trabado con cuarto intermedio vigente hasta el 6 de agosto y, en el mismo tramo, un nuevo aumento en las dietas de los legisladores. La combinación de leyes sin sanción y sueldos en alza resume el estado de una Cámara que se garantizó sus ingresos mientras dejaba la agenda a mitad de camino. El panorama, reconstruido por Infobae, marca el punto de partida de una segunda mitad de año cargada de pendientes.
El incremento en las dietas —más de 12 millones de pesos en bruto— se explica porque desde 2024 los haberes de los senadores quedaron atados a la paritaria de los empleados del Congreso, según resolvieron en aquel momento todos los bloques sin distinción de banderas. La actualización automática funciona como un mecanismo silencioso: nadie tiene que votar un aumento explícito, y aun así los ingresos suben al ritmo de la negociación salarial. De ese modo, mientras la agenda legislativa se congela, la dieta se mantiene en movimiento.
La iniciativa más fresca que quedó sobre la mesa es la de la inviolabilidad de la propiedad privada, que llegó al receso ya muy manoseada entre los quince borradores que aparecieron después del dictamen. Fue el motivo principal del cuarto intermedio y es uno de los textos que reclama el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, aunque el oficialismo llegó a la instancia con el proyecto desdibujado. El emblema desregulador del mileísmo quedó atascado en su propia proliferación de versiones, sin que la oposición dialoguista diera guiños concretos.
La lista de proyectos demorados es larga. El súper RIGI, ya aprobado por la Cámara de Diputados y a la espera de su sanción definitiva, fue girado días atrás a tres comisiones, lo que multiplica la dificultad para hallar aliados y firmar dictamen. La ley "Hojarasca", que apunta a eliminar normativas vetustas, podría tratarse durante agosto si se destraba primero la discusión de propiedad privada. Otras iniciativas, como la remodelación de la ley de salud mental, el abordaje de la ludopatía o el etiquetado frontal, arrancaron con fuerte promoción en comisiones y quedaron rápidamente en el olvido. El patrón se repite: anuncios rimbombantes al inicio y silencio de guionado a los pocos días.
En el caso de la salud mental, la discusión había avanzado con la exposición de la directora de abordaje integral del área en el Ministerio de Salud, Liliana González, quien sostuvo: "Después de 15 años de sancionada la ley, podemos concluir que, de esta forma, no funciona adecuadamente". Desde usinas oficialistas deslizaron que, tras las vacaciones, empujarían novedades sobre ese y otros temas que aún aguardan respuesta. La promesa de reactivación posreceso se convirtió en la muletilla con la que el oficialismo administra sus propios incumplimientos.
El oficialismo también apuesta a que, para octubre o noviembre, la Cámara alta pueda tratar la reducción de las zonas frías —el esquema que abarata facturas de luz y gas en varios distritos—, con el objetivo de ahorrar fondos y enviar con holgura el Presupuesto 2027 a Diputados a mediados de septiembre. En paralelo, el Ejecutivo mantiene en promoción los proyectos para reformar la Carta Orgánica del Banco Central y una eventual normativa de "shutdown" al estilo estadounidense, que habilitaría la paralización de áreas de la administración si no hubiera acuerdo por la ley de gastos. La agenda es voluminosa; el problema es que casi ninguno de esos textos tiene todavía los votos asegurados.
Buena parte del diagnóstico apunta a la conducción del bloque libertario. La jefa de La Libertad Avanza en el Senado, Patricia Bullrich, llegó al receso con dificultades para hacer avanzar los proyectos y, según la reconstrucción de la escena legislativa, destinó más energía a objetivos personales y noticiables —con éxito irregular— que a ordenar la tropa propia. En ese recorrido, dejó a su espacio expuesto en varias ocasiones, incluido el propio Javier Milei. El costado más incómodo para el oficialismo es que sus tropiezos legislativos no se explican solo por la oposición, sino por errores propios que se podían evitar.
A ese cuadro se suma el lastre que dejó el ex jefe de Gabinete Manuel Adorni, cuya gestión el oficialismo señala en reservado como parte de las razones por las que el mileísmo perdió tiempo valioso en el primer semestre. Post receso, los aliados intentarán aprobar textos propios, y el Gobierno deberá decidir si cede o si vuelve a elegir el choque con toda la oposición, como en 2024 y 2025. A esa altura, con la campaña de 2027 cada vez más cerca, los proyectos importarán menos que la aritmética electoral que definirá cada voto.
El balance del semestre deja al oficialismo con una hoja de ruta ambiciosa y una capacidad de ejecución en duda. Las reformas que el Gobierno presenta como estructurales siguen dependiendo de acuerdos que todavía no cerró, en un Congreso donde no tiene mayoría propia. Mientras tanto, los senadores se van de receso con la dieta actualizada y la agenda en suspenso, a la espera de un agosto que promete más de lo mismo.