El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó el dato oficial más esperado por los mercados financieros, confirmando que la inflación de junio se ubicó en el 1,9%. La cifra representó una baja de 0,2 puntos porcentuales respecto del 2,1% registrado durante mayo, consolidando una marcada tendencia descendente que tuvo su último pico en marzo con un 3,4% y devolviendo al indicador a niveles que no se observaban desde agosto del año pasado.
La marcada desaceleración económica estuvo fuertemente traccionada por el comportamiento del rubro Alimentos y bebidas no alcohólicas, el de mayor peso y sensibilidad en la canasta general, que registró una suba de apenas el 1,3% mensual. El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró el logro de forma inmediata en sus redes sociales, destacando que la inflación núcleo —que descarta factores regulados y estacionales— perforó el piso promedio para situarse en un 1,6% subyacente.
En el extremo opuesto del relevamiento estadístico, el rubro que lideró las subas mensuales fue Recreación y cultura con un 4,2%, impulsado de forma directa por los ajustes estacionales en paquetes turísticos y hotelería de cara al receso invernal. Le siguió la división de Vivienda, agua, electricidad y gas con un 3,3% debido al impacto de las actualizaciones tarifarias en los servicios públicos urbanos, mientras que Indumentaria y Calzado se posicionó como el sector más rezagado con un magro 0,4% de variación.
A pesar del optimismo del oficialismo, los informes paralelos del organismo estatal encendieron luces de alerta debido a que las canastas de medición social corrieron por encima del promedio general. La Canasta Básica Total (CBT) avanzó un 2,2%, determinando que una familia tipo en el Gran Buenos Aires necesitara ingresos por $1.531.473 para no caer bajo la línea de la pobreza, un contraste estadístico que la oposición atribuye al fuerte escenario de recesión y estancamiento del consumo.
La mirada de las consultoras privadas y del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central anticipa una meseta de cara al inicio del segundo semestre del año. Las proyecciones de las principales entidades financieras estiman que la inflación de julio repetirá un piso cercano al 1,9%, advirtiendo que la velocidad de la futura desinflación dependerá de la estabilidad del tipo de cambio oficial y de la capacidad del Tesoro para sostener el superávit financiero sin generar nuevas distorsiones de costos.