La capital de la provincia de Buenos Aires atraviesa su momento más crítico en materia delictiva en lo que va del año. En apenas unos días, una seguidilla de tres episodios violentos que dejaron víctimas fatales transformó a julio en el mes más sangriento de 2026, superando los registros de marzo, abril, mayo y junio. La preocupante tendencia al alza mantiene a los vecinos en vilo y reaviva el debate sobre la falta de prevención en las cuadrículas locales.
El epicentro de la furia criminal se trasladó a las localidades de la periferia platense. El hecho más grave se registró en una vivienda de la zona de Arturo Seguí, donde un violento tiroteo en una propiedad bajo investigación por comercialización de estupefacientes terminó con un doble homicidio y dos personas detenidas. Pocas horas antes, en el barrio de San Carlos, un hombre de 32 años fue ejecutado de dos disparos en el pecho tras mantener una aparente discusión con un conocido que permanece prófugo.
La acumulación de causas penales por homicidios dolosos desnudó el fracaso de los operativos de saturación policial implementados en los accesos al distrito. Con un mapa del delito que se expande de forma descontrolada por Melchor Romero, Los Hornos y Villa Elisa, las fiscalías en turno de los tribunales de calle 7 y 56 se encuentran desbordadas ante la necesidad de procesar peritajes balísticos y recolectar testimonios en barriadas donde impera la ley del silencio por miedo a represalias.
Desde los foros vecinales de seguridad alertaron que la situación en los centros comerciales y las paradas de colectivos es insostenible debido al aumento de robos bajo la modalidad motochorro y entraderas a mano armada. Los residentes denuncian de forma reiterada la existencia de zonas liberadas y la proliferación de búnkeres de venta de drogas, factores que consideran determinantes para el recrudecimiento de una violencia civil letal que ya destruyó la fisonomía residencial de la capital provincial.
Frente a la escalada del conflicto, la intendencia local y los jefes de las fuerzas de seguridad coordinan contrarreloj el despliegue de refuerzos con efectivos de la Policía Bonaerense y el Grupo de Apoyo Departamental. Sin embargo, los analistas judiciales advierten que sin una reforma estructural en el patrullaje preventivo y un desarme efectivo de las bandas criminales urbanas, la tasa de criminalidad de la región continuará quebrando récords históricos antes del cierre del invierno.