El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, plantó bandera en la interna partidaria y ordenó a su mesa política defender a rajatabla la vigencia de las Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). El mandatario provincial entiende que la competencia en las urnas es el único mecanismo eficiente para validar su postulación presidencial y eludir una mesa de negociación a puertas cerradas con el ala dura del kirchnerismo, que lidera el diputado nacional Máximo Kirchner.
Desde los despachos de La Plata, los principales operadores del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) —el espacio político propio del gobernador— interpretan que las primarias representan una ventaja estratégica ineludible para el mandatario. El ministro de Gobierno provincial, Carlos Bianco, ratificó públicamente que las PASO constituyen el instrumento más transparente para unificar la propuesta electoral del campo popular, contrarrestando la presión cristinista que exige consensuar una fórmula de unidad bajo el liderazgo de la expresidenta.
La pulseada por las reglas de juego electoral coincide con un fuerte recrudecimiento de los cruces retóricos entre ambas facciones justicialistas. Referentes de La Cámpora, como la intendenta de Quilmes Mayra Mendoza y el senador Eduardo "Wado" de Pedro, elevaron el tono discursivo en territorio bonaerense al asegurar que a los nuevos aspirantes "les falta el coraje" que le sobra a la conducción tradicional. Ante este escenario de hostilidad creciente, Kicillof bajó una directiva estricta a su gabinete: no responder agresiones externas y concentrarse de lleno en la gestión provincial. [1]
El principal obstáculo que enfrenta el armado político del axelismo radica en el Congreso de la Nación, donde el gobierno de Javier Milei impulsa un proyecto de reforma para derogar el sistema de primarias. El oficialismo provincial denunció que las modificaciones promovidas por la Casa Rosada configuran una maniobra de manipulación electoral orientada a favorecer la reelección del actual jefe de Estado mediante la dispersión del voto opositor, lo que obligaría al peronismo a redefinir sus métodos de selección interna en caso de aprobarse.
La resolución de esta encrucijada legal determinará la dinámica de la sucesión en la provincia de Buenos Aires, el distrito más relevante del mapa político argentino. Mientras el kirchnerismo amaga con impulsar listas propias por fuera de la estructura oficial o vaciar el debate presidencial si continúa la presión judicial sobre sus principales figuras, el entorno de Kicillof acelera campañas de afiliación partidaria y teje alianzas en el interior para blindar una estructura autónoma de conducción.