La interna de la principal coalición opositora en la provincia de Buenos Aires sumó un nuevo capítulo de tensión interna. Máximo Kirchner comenzó a encabezar una serie de encuentros y caminatas en distritos estratégicos con el objetivo de marcar territorio. Este despliegue territorial busca consolidar una estructura política propia y autónoma, que funcione de forma independiente a las decisiones adoptadas por la gobernación actual. La disputa por el liderazgo del peronismo local entra así en una etapa de definiciones.
La estrategia del diputado nacional incluye reuniones reservadas con intendentes, legisladores provinciales y referentes de movimientos sociales afines. El armado de una candidatura alternativa es el eje central de las conversaciones que se desarrollan en los comités locales de la tercera sección electoral. Desde su entorno aseguran que es indispensable ofrecer una propuesta que contenga a los sectores disconformes con la gestión actual de la provincia. La intención es medir fuerzas de cara a los próximos cierres de listas.
Por su parte, el sector alineado con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, observa estos movimientos con suma cautela y desconfianza. La defensa de la gestión provincial se mantiene como el argumento principal de los funcionarios leales al mandatario para sostener su centralidad. Consideran que cualquier división interna en este escenario socioeconómico debilita la posición de todo el espacio político frente al gobierno nacional. Sin embargo, la tregua interna parece cada vez más difícil de sostener en el tiempo.
El conflicto de fondo no solo responde a candidaturas individuales, sino también a la conducción ideológica y al control del Partido Justicialista bonaerense. Los intendentes de la primera sección electoral se encuentran divididos entre la lealtad al gobernador y la necesidad de mantener el financiamiento que maneja la estructura de La Cámpora. Las discusiones por el reparto de cargos en las listas legislativas ya comenzaron a paralizar algunas iniciativas legislativas en la Legislatura de La Plata.
Los analistas políticos locales coinciden en que este adelantamiento de los tiempos electorales responde a la necesidad de no perder iniciativa. La militancia de base exige definiciones claras ante la pérdida de protagonismo que sufrió el espacio tras las últimas derrotas a nivel nacional. La fragmentación del voto peronista en la provincia más poblada del país representa un riesgo elevado que todos los sectores admiten en privado. A pesar de esto, ninguno de los dos campamentos parece dispuesto a ceder terreno en la negociación.
Las próximas semanas serán determinantes para ver si esta fractura se formaliza en las urnas o si se logra un acuerdo de unidad de último momento. El avance del calendario institucional obliga a los dirigentes a acelerar las definiciones y a mostrar mayor volumen político en la calle. Por ahora, las recorridas de Máximo Kirchner continúan sumando kilómetros y sumando apoyos de cara a una confrontación que parece inevitable. La provincia de Buenos Aires vuelve a ser el epicentro de la batalla por el control del principal partido opositor.