Máximo Kirchner jaquea a Kicillof por la provincia y Cristina reclama unidad mientras el peronismo se parte al medio - Política y Medios
08-07-2026 - Edición Nº6732

INTERNA

Máximo Kirchner jaquea a Kicillof por la provincia y Cristina reclama unidad mientras el peronismo se parte al medio

11:40 |La conducción camporista instaló la idea de un candidato propio para retener Buenos Aires y desafió la estrategia del gobernador. La ex presidenta pide no romper, pero su cuestionamiento al desdoblamiento profundizó la grieta. Dos sectores sin propuestas de fondo pelean por el aparato mientras Milei observa.

La interna del peronismo bonaerense entró en una fase de definiciones con un mensaje explícito desde La Cámpora: retener el control de la provincia de Buenos Aires es la prioridad absoluta. Máximo Kirchner instaló la hipótesis de presentar un candidato propio para disputarle el territorio a Axel Kicillof, en un movimiento que formaliza la ruptura larvada entre las dos alas del kirchnerismo. La conducción camporista ya no discute la estrategia del gobernador: discute quién lo sucede y quién manda en el principal distrito del país.

En paralelo, Cristina Fernández de Kirchner intervino con un doble mensaje. Por un lado, calificó de "error político" la decisión de Kicillof de desdoblar la elección provincial de la nacional; por el otro, llamó a mantener la unidad del peronismo, según reprodujeron distintos medios. El reclamo de unidad convive con un cuestionamiento público a la principal decisión del gobernador, una contradicción que el propio kicillofismo señala con ironía.

Desde el entorno de Kicillof responden que la estrategia del desdoblamiento funcionó, que sirvió para proteger el resultado bonaerense de un contexto nacional adverso y que las críticas llegan de un sector que no ofrece alternativas de gestión. La respuesta pública del gobierno provincial fue directa: la estrategia dio resultado, sostienen, y el reproche esconde una pelea por el poder más que una discusión técnica sobre el calendario. La defensa del desdoblamiento se convirtió, para el kicillofismo, en una forma de marcarle la cancha a la conducción.

El trasfondo de la disputa es la sucesión de 2027, cuando Kicillof no podrá aspirar a un tercer mandato consecutivo y quedará abierta la pelea por su reemplazo. La Cámpora busca conservar el control de la estructura bonaerense, que considera la base de poder del proyecto; Kicillof intenta capitalizar su gestión para proyectarse a la escena nacional. La provincia de Buenos Aires es el premio, y la pelea por ella define el futuro de todo el peronismo.

El vínculo entre los protagonistas está tensado al máximo. Operadores del propio espacio deslizan que Kicillof no visita a Cristina desde hace más de un año y que la relación personal entre ambos está prácticamente cortada. La escena de un gobernador y una ex presidenta que no se hablan, mientras sus tropas se enfrentan en el territorio, resume el estado de un peronismo que perdió la conducción unificada que supo tener. Sin un liderazgo que ordene, la interna se resuelve a los empujones entre aparatos.

La disputa expone, además, una carencia que trasciende a los nombres. Ninguno de los dos sectores presentó una propuesta de fondo para la provincia ni para el país en un contexto de ajuste y de avance del oficialismo nacional. La pelea se libra en el terreno de las candidaturas, las listas y el control de las estructuras, no en el de las ideas. Es una guerra de aparatos sin programa, y esa es la principal munición que el peronismo le entrega a Milei.

Dirigentes peronistas del interior observan la pelea con preocupación. Advierten que la fractura bonaerense arrastra al conjunto del espacio y que la energía que se consume en la interna es la que faltaría para construir una alternativa competitiva. Mientras Buenos Aires concentra la atención, el peronismo pierde iniciativa en el resto del país y le cede al oficialismo el rol de ordenador de la agenda. La provincia que debía ser el bastión opositor se transformó en el epicentro de la autodestrucción.

La conducción camporista mantiene, de todos modos, cartas de peso. Controla estructuras del conurbano, conserva influencia sobre las listas y tiene capacidad de veto sobre las definiciones electorales. Kicillof, por su parte, sumó el respaldo de casi medio centenar de intendentes que firmaron a favor del desdoblamiento, lo que le otorga una base territorial propia. El resultado es un empate de fuerzas en el que cada sector puede bloquear al otro, pero ninguno puede imponerse.

La equidistancia con la que se observa la pelea no favorece a ninguno de los dos bandos: ni la conducción que reprocha sin proponer, ni la gestión que se defiende sin resolver los problemas urgentes de la provincia. Analistas del sistema político coinciden en que la interna, tal como está planteada, no tiene ganadores dentro del peronismo, solo distintos grados de desgaste. La única certeza es que, mientras el peronismo se parte al medio, el oficialismo nacional avanza sin resistencia unificada.

El desenlace todavía es incierto. La pelea por las candidaturas de 2027 recién comienza y promete escalar en cada acto, en cada lista y en cada definición electoral. Con Máximo jugado a retener la provincia y Cristina pidiendo una unidad que sus propias palabras erosionan, el peronismo bonaerense encara una etapa en la que la fractura ya no se puede esconder. Y el reloj hacia 2027 no se detiene.

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