Casi medio centenar de intendentes firman a favor del desdoblamiento y le sueltan la mano a Cristina en la pelea con Kicillof - Política y Medios
08-07-2026 - Edición Nº6732

PROVINCIA

Casi medio centenar de intendentes firman a favor del desdoblamiento y le sueltan la mano a Cristina en la pelea con Kicillof

11:00 |Jefes comunales del peronismo bonaerense respaldaron por escrito la decisión del gobernador de separar la elección provincial de la nacional, el mismo movimiento que Cristina Kirchner calificó de "error político". La firma expone la fractura del peronismo en la provincia clave a menos de dos años de 2027.

La interna del peronismo bonaerense sumó un nuevo capítulo con un gesto de fuerte carga simbólica: casi medio centenar de intendentes firmaron un documento en respaldo del desdoblamiento electoral que impulsa el gobernador Axel Kicillof. Según informó Página/12, los jefes comunales pusieron por escrito su apoyo a separar la elección provincial de la nacional, una decisión que se convirtió en el eje de la disputa dentro del oficialismo bonaerense. La firma de los intendentes le da a Kicillof un músculo territorial que la conducción de Cristina Kirchner no puede ignorar.

El movimiento es la respuesta directa al cuestionamiento que la ex presidenta hizo público días atrás. Cristina Fernández de Kirchner calificó de "error político" la decisión de Kicillof de desdoblar, según reprodujo Ámbito, al tiempo que llamó a mantener la unidad del peronismo. La contradicción quedó a la vista: la conducción reprocha la estrategia, pero pide unidad justo cuando la mitad de los intendentes se alinea con el gobernador.

El desdoblamiento consiste en separar la elección de cargos provinciales y municipales de la elección nacional, de modo que los bonaerenses voten en fechas distintas. Desde el kicillofismo argumentan que la estrategia funcionó para proteger el resultado provincial de un contexto nacional adverso, y que blindar la boleta bonaerense de la nacional es una decisión de gestión, no una traición a la unidad. Para el gobernador, desdoblar es defender a la provincia; para el cristinismo, es debilitar la pelea nacional.

Del otro lado, Máximo Kirchner definió que la prioridad absoluta de su sector es retener el control de la provincia de Buenos Aires e instaló la hipótesis de presentar un candidato propio para disputarle el territorio al actual gobernador. La pulseada dejó de ser una discusión sobre el calendario electoral para convertirse en una batalla abierta por quién conduce el principal distrito del país. El desdoblamiento es apenas la superficie de una guerra de aparatos por el poder real en la provincia.

El vínculo personal entre Kicillof y Cristina, según operadores del propio espacio, está prácticamente roto. Trascendió que el gobernador no visita a la ex presidenta desde hace más de un año, un dato que grafica la distancia entre las dos alas del peronismo bonaerense. La relación que alguna vez fue de mentora y discípulo derivó en una convivencia tensa, marcada por reproches cruzados y por la disputa por la lapicera de las candidaturas. La foto de unidad que el peronismo exhibe en los actos convive con una fractura que ya nadie disimula.

El respaldo de los intendentes tiene, además, una lectura de poder concreta. Los jefes comunales controlan estructuras, recursos y votos en sus distritos, y su alineamiento con Kicillof le otorga al gobernador una base territorial difícil de contrarrestar desde la conducción camporista. En la provincia, el que tiene a los intendentes tiene el aparato, y el aparato es lo que define las elecciones.

La disputa se da en el peor momento posible para el peronismo. Mientras las dos alas se enfrentan por el calendario y por las candidaturas, la gestión provincial arrastra problemas urgentes sin resolver y la oposición observa cómo el principal espacio opositor a Milei se desangra en una interna. Dirigentes del propio peronismo advierten, en privado, que la pelea entre Kicillof y La Cámpora le deja servido el terreno al oficialismo nacional. La guerra interna consume la energía que el peronismo debería usar para construir una alternativa.

El trasfondo es la sucesión de 2027, cuando Kicillof no podrá aspirar a un tercer mandato consecutivo como gobernador y se abrirá la pelea por su reemplazo y por la proyección nacional de cada sector. La ex presidenta busca conservar la centralidad del proyecto, Máximo pelea por retener la provincia y Kicillof intenta capitalizar su gestión para dar el salto a la escena nacional. Cada movimiento del tablero bonaerense se lee en clave 2027, y el desdoblamiento es la primera ficha de esa partida.

Los analistas coinciden en que la firma de los intendentes reordena la relación de fuerzas dentro del peronismo bonaerense, pero no cierra la disputa. La conducción camporista mantiene su capacidad de veto sobre las listas y su influencia en el conurbano, mientras Kicillof consolida un bloque de gestión que lo respalda. El resultado es un empate tenso en el que ningún sector tiene fuerza para imponerse del todo, pero todos tienen fuerza para bloquear al otro.

La pelea, lejos de resolverse, promete escalar en las próximas semanas. Con los intendentes ya jugados y la conducción resistiendo, el peronismo bonaerense entra en una etapa de definiciones que expondrá, una y otra vez, la profundidad de su fractura. Mientras tanto, el reloj hacia 2027 sigue corriendo y la unidad que todos invocan parece cada vez más lejana.

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