Macri le baja el pulgar a la eliminación de las PASO y Santilli sale a rasguñar los votos de la UCR en el Senado - Política y Medios
08-07-2026 - Edición Nº6732

PASO

Macri le baja el pulgar a la eliminación de las PASO y Santilli sale a rasguñar los votos de la UCR en el Senado

09:40 |La Casa Rosada quiere reactivar el proyecto que suprime las primarias, la pieza clave del armado de Karina Milei para 2027, pero no reúne los 37 votos que exige la mayoría absoluta. El PRO de Mauricio Macri se planta contra la eliminación y el nuevo jefe de Gabinete busca destrabar la reforma antes de la sesión del 16 de julio.

La reforma electoral que impulsa el oficialismo para eliminar las PASO volvió a chocar contra la aritmética del Senado. La Casa Rosada quiere reactivar la iniciativa, considerada la pieza central del armado que Karina Milei diseña de cara a 2027, pero por ahora no consigue los votos necesarios para avanzar. Según reconoció la propia jefa del bloque libertario en la Cámara alta, Patricia Bullrich, el proyecto no tiene los apoyos suficientes, y esa confesión marca el punto de partida de la negociación.

El obstáculo tiene nombre y apellido. Mauricio Macri, que conserva influencia sobre un puñado de senadores del PRO, se niega a acompañar la supresión lisa y llana de las primarias, según informó Letra P. El ex presidente considera que eliminar las PASO deja a los partidos sin una herramienta para dirimir candidaturas de manera abierta y consolida un esquema en el que las listas se definen "a dedo" desde la conducción de cada espacio. La resistencia macrista deja al oficialismo obligado a buscar los votos que le faltan en un radicalismo dividido y en los bloques provinciales.

La reforma del sistema electoral requiere mayoría absoluta en ambas cámaras: en el Senado eso significa 37 votos afirmativos, un número que hoy el Gobierno no tiene garantizado. La eliminación de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias es una prioridad para la Casa Rosada, que busca definir sus candidaturas desde el centro del poder y evitar internas que expongan las tensiones del espacio libertario. Sin PASO, la lapicera queda del lado de quien conduce el aparato, y esa es exactamente la discusión que atraviesa a todos los bloques.

La tarea de destrabar la negociación quedó en manos del nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, que asumió con el mandato de darle dirección política a un trámite estancado desde hace semanas. Santilli pidió "15 días para organizar la discusión", según trascendió de su encuentro con senadores reproducido por Perfil, y encaró una ronda de contactos con gobernadores y legisladores para sumar apoyos. El pedido de plazo es, en los hechos, el reconocimiento de que el oficialismo llega sin los números a la sesión prevista para el 16 de julio.

La estrategia de la Casa Rosada combina la reforma electoral con otros temas sensibles para las provincias, como la modificación del régimen de zonas frías, en un intento de armar un paquete que facilite los acuerdos. La lógica es clásica: ofrecer a los gobernadores concesiones en materia de subsidios o fondos a cambio de respaldo para eliminar las PASO. El problema es que los mandatarios llegan a la mesa con su propia lista de reclamos y no están dispuestos a regalar votos sin contrapartidas concretas.

En paralelo, el calendario juega en contra. El receso invernal, los feriados y la propia dinámica del Senado conspiran contra una discusión que el oficialismo quisiera cerrar cuanto antes. La sesión del 16 de julio aparece como la primera prueba de fuego para Santilli en su nuevo rol, y una eventual postergación o un fracaso en el recinto expondría los límites de la conducción política que la Casa Rosada le encomendó. Para el jefe de Gabinete, el debut no podría ser más exigente: destrabar en dos semanas lo que estuvo trabado durante meses.

El trasfondo del debate excede la letra técnica de la reforma. Eliminar las PASO reordena el tablero de poder dentro de cada coalición: le quita a los sectores minoritarios la posibilidad de competir en una interna abierta y refuerza el control de las conducciones. En el oficialismo, esa concentración beneficia directamente al armado que digita Karina Milei; en la oposición, algunos ven en la supresión de las primarias una forma de blindar a los aparatos frente a los desafíos internos. La discusión sobre las PASO es, en el fondo, una pelea por quién firma las listas en 2027.

Desde el radicalismo, las señales son ambiguas. Un sector se muestra permeable a negociar a cambio de obras y fondos para sus provincias, mientras otro rechaza la eliminación por considerar que consolida el poder de las cúpulas partidarias. Esa fractura convierte a la UCR en el terreno donde Santilli concentra su esfuerzo, consciente de que sin al menos parte de esos votos la reforma seguirá empantanada. El oficialismo necesita seducir a los radicales sin ceder tanto que termine erosionando el propio equilibrio fiscal que Milei convirtió en bandera.

El resultado de la pulseada tendrá consecuencias que trascienden lo inmediato. Si el Gobierno logra eliminar las PASO, habrá dado un paso decisivo en el rediseño de las reglas con las que se competirá en 2027; si fracasa, quedará expuesta una vez más la debilidad parlamentaria de un oficialismo que gobierna en minoría y que depende de acuerdos siempre frágiles. La sesión del 16 de julio dirá si la reforma avanza o si se suma a la larga lista de proyectos que la Casa Rosada anuncia pero no consigue aprobar.

Mientras tanto, la negociación sigue abierta y el conteo de votos se actualiza casi a diario. Con Macri plantado, la UCR dividida y los gobernadores esperando su parte, el desenlace todavía es incierto. La única certeza es que, sin cambios en el humor del Senado, el oficialismo llegará al recinto con más incógnitas que respaldos.

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