El Gobierno espera una inflación de junio en torno al 2% y apuesta a consolidar la desaceleración de precios - Política y Medios
07-07-2026 - Edición Nº6731

ECONOMÍA

El Gobierno espera una inflación de junio en torno al 2% y apuesta a consolidar la desaceleración de precios

19:00 |Las consultoras relevadas por el REM del Banco Central anticipan un dato que confirmaría la tendencia a la baja. El oficialismo lo presenta como el logro central de su programa, aunque persisten dudas sobre el impacto en la actividad.

El Gobierno aguarda uno de los datos que considera centrales para su relato económico: la inflación de junio se ubicaría en torno al 2%, según las consultoras relevadas por el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central, un número que confirmaría la tendencia a la baja que el oficialismo exhibe como el principal logro de su gestión. El dato del índice de precios, que difunde el INDEC, es esperado como una nueva señal de la desaceleración inflacionaria.

La expectativa se inscribe en un proceso de desaceleración sostenida. La inflación, que había alcanzado niveles críticos, viene mostrando una tendencia descendente que el Gobierno atribuye a su programa de equilibrio fiscal, ajuste monetario y ancla cambiaria. La estabilidad del dólar oficial, sostenida como pilar del esquema, es uno de los factores que el oficialismo destaca para explicar la moderación de los precios.

El REM del Banco Central es una herramienta clave para leer las expectativas. El relevamiento reúne las proyecciones de un conjunto de consultoras y bancos, y funciona como termómetro de lo que el mercado anticipa sobre la evolución de las principales variables. Que las consultoras converjan en un número cercano al 2% para junio refuerza la idea de que la desaceleración se consolida, aunque el dato definitivo lo aportará el INDEC.

El propio equipo económico ancló su estrategia en la baja de la inflación. El ministro Luis Caputo sostuvo que la competitividad de la Argentina no dependerá de una suba del dólar sino de la baja del riesgo país, la reducción de impuestos, la eliminación de regulaciones y la infraestructura, una definición que descarta una devaluación y que apuesta a sostener el ancla cambiaria como herramienta antiinflacionaria. La estabilidad de precios es, en esa lógica, el resultado esperado del ordenamiento macroeconómico.

El antecedente inmediato es una seguidilla de datos que fueron marcando la baja. La inflación descendió mes a mes desde los picos de la crisis, y el Gobierno construyó sobre esa tendencia buena parte de su capital político. Cada índice que confirma la desaceleración se convierte en un argumento para el oficialismo, que presenta la baja de precios como la prueba de que el programa funciona.

Sin embargo, la mirada crítica introduce matices. Economistas de distinto signo advierten que la desaceleración inflacionaria convive con una recuperación de la actividad que todavía es despareja, y que el ancla cambiaria podría generar un atraso del tipo de cambio con consecuencias a mediano plazo. La discusión sobre si la baja de la inflación se sostiene sobre bases sólidas o sobre un dólar planchado es uno de los ejes del debate económico.

Desde el diagnóstico kirchnerista se sostiene en estilo indirecto que el problema de fondo de la economía argentina es la falta de dólares y que el ancla cambiaria posterga una corrección que tarde o temprano llegará. Desde la lectura oficial, en cambio, la baja de la inflación es el logro que ordena todo lo demás y la condición para que la economía vuelva a crecer de manera sostenida. La equidistancia obliga a registrar ambas posiciones sin suscribir ninguna.

Los referentes económicos que suelen aportar una mirada intermedia advierten que la sostenibilidad del proceso depende de que la desaceleración de precios se traduzca en una recuperación real de los ingresos. Si la inflación baja pero los salarios no acompañan, la mejora estadística no se percibe en el bolsillo, un desfasaje que puede erosionar el respaldo social al programa. El desafío del Gobierno es que la baja de la inflación deje de ser un número y se convierta en una mejora concreta del poder de compra.

El dato de junio, en ese sentido, es más que una estadística. Un índice en torno al 2% consolidaría la narrativa oficial de estabilización y le daría al Gobierno un argumento potente de cara a su estrategia electoral; un número por encima de lo esperado reavivaría las dudas sobre la solidez del proceso. La cifra que difunda el INDEC será leída en clave política tanto como económica.

El desenlace se conocerá con la publicación oficial del índice. Si el dato confirma la expectativa de las consultoras, el oficialismo sumará una nueva señal a su relato de desaceleración; si sorprende hacia arriba, el debate sobre la sostenibilidad del esquema volverá a ganar volumen. Por ahora, el Gobierno apuesta a que la tendencia a la baja se mantenga y a que la inflación de un dígito mensual se consolide como la nueva normalidad.

En síntesis, la economía se juega otra vez su relato en un número. Con una inflación de junio esperada en torno al 2% y un dólar sostenido como ancla, el Gobierno busca consolidar la desaceleración de precios como el logro central de su gestión, mientras persisten las dudas sobre cuándo esa baja se traducirá en una recuperación palpable para el conjunto de la sociedad.

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