Vaca Muerta marca otro récord: el shale oil trepó 39% interanual y Neuquén produce dos de cada tres barriles del país - Política y Medios
07-07-2026 - Edición Nº6731

ENERGÍA

Vaca Muerta marca otro récord: el shale oil trepó 39% interanual y Neuquén produce dos de cada tres barriles del país

17:00 |La producción de petróleo no convencional alcanzó los 623 mil barriles diarios, con YPF a la cabeza del yacimiento. El salto consolida a la formación como motor de divisas, aunque el desafío sigue siendo la infraestructura de transporte.

La formación de Vaca Muerta volvió a romper su propio techo y confirmó su lugar como principal motor energético del país: la producción de shale oil alcanzó un récord histórico de 623 mil barriles diarios, con un salto interanual del 39%, según los datos del sector. El crecimiento consolidó a Neuquén como la provincia que hoy produce dos de cada tres barriles de petróleo de la Argentina, un dato que redibuja el mapa energético nacional.

El liderazgo de la producción tiene nombre propio. YPF encabezó la extracción con alrededor de 320 mil barriles diarios, manteniendo su posición como principal productora de la formación, seguida por el resto de las operadoras que apostaron al desarrollo del no convencional. La petrolera de mayoría estatal se consolidó como la locomotora de un yacimiento que se transformó en la principal fuente de crecimiento del sector.

Los números marcan una tendencia sostenida. La producción de petróleo en Vaca Muerta viene batiendo récords mes a mes, y las proyecciones para 2026 anticipan que se podría alcanzar el mayor nivel histórico de extracción de crudo del país, superando incluso las marcas de las décadas anteriores. El crecimiento del no convencional revirtió años de declino productivo y colocó a la Argentina en la senda del autoabastecimiento y la exportación.

El gas acompaña la expansión, aunque con matices. La producción de gas de la provincia se mantuvo en niveles elevados, con una mejora interanual significativa respecto del año anterior, en un cuadro donde el desarrollo de Vaca Muerta permitió sostener la oferta y reducir la dependencia de las importaciones en los meses de mayor consumo. La combinación de récords en petróleo y gas convierte a la formación en el eje de la estrategia energética del país.

El impacto sobre las cuentas externas es directo. El crecimiento de la producción se traduce en una mejora de la balanza energética, que pasó de ser deficitaria a generar divisas, un giro que el sector destaca como uno de los principales aportes de Vaca Muerta a la economía. En un país históricamente falto de dólares, la energía se consolidó como una fuente genuina de divisas que alivia la restricción externa.

El antecedente es una década de desarrollo del no convencional que empezó a dar sus frutos. Las inversiones en la formación, la mejora de la productividad de los pozos y el avance de la infraestructura permitieron que Vaca Muerta pasara de promesa a realidad productiva. El récord de shale oil es la expresión más reciente de un proceso que transformó la matriz energética argentina en pocos años.

El desafío, sin embargo, sigue siendo la infraestructura. El crecimiento de la producción presiona sobre la capacidad de transporte y evacuación del crudo y el gas, un cuello de botella que el sector busca resolver con nuevos oleoductos y gasoductos. De nada sirve producir más si la infraestructura no acompaña, y por eso las obras de transporte se volvieron la prioridad para sostener el ritmo de expansión.

La valoración del recurso es transversal, aunque la mirada sobre la gestión genera debate. El potencial de Vaca Muerta como fuente de divisas y desarrollo goza de amplio consenso; las discusiones se concentran en cómo se distribuyen los beneficios, en el rol de las operadoras y en la sostenibilidad ambiental del desarrollo. La formación es, al mismo tiempo, una oportunidad estratégica y un terreno de disputa sobre el modelo energético.

Analistas del sector señalan que el ciclo de Vaca Muerta todavía tiene recorrido por delante, con proyectos de LNG para exportar gas al mundo y con la ampliación de la capacidad de transporte de crudo hacia los puertos. El horizonte de largo plazo es el de una Argentina exportadora neta de energía, un cambio estructural que modificaría de raíz la relación del país con sus cuentas externas. La condición es que las inversiones y la infraestructura acompañen el ritmo de una producción que no deja de crecer.

El desenlace de esta etapa dependerá de que se resuelvan los cuellos de botella logísticos y de que se sostenga el clima de inversión en el sector. Si la infraestructura acompaña, Vaca Muerta seguirá batiendo récords y consolidándose como el principal aporte a la balanza comercial; si las obras se demoran, el potencial productivo podría quedar limitado por la falta de capacidad de evacuación. Por ahora, la formación sigue marcando máximos y confirmando su rol central en la economía.

En síntesis, el yacimiento neuquino volvió a mostrar por qué se convirtió en la joya energética del país. Con un shale oil que creció 39% interanual y una provincia que produce dos de cada tres barriles nacionales, Vaca Muerta se afianza como el motor de divisas que la Argentina necesita, en una historia de crecimiento que ahora depende, sobre todo, de que la infraestructura no quede atrás de la producción.

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