El avance de Santilli condiciona al PJ: los intendentes se bajan de la interna y ya miran la sucesión de Kicillof - Política y Medios
06-07-2026 - Edición Nº6730

SUCESIÓN

El avance de Santilli condiciona al PJ: los intendentes se bajan de la interna y ya miran la sucesión de Kicillof

14:40 |Los jefes territoriales del peronismo bonaerense toman distancia de la pelea entre Cristina y Kicillof. Preocupados por el crecimiento libertario, priorizan preservar sus distritos y proyectan el día después del gobernador.

El avance de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires, de la mano del ministro del Interior Diego Santilli, empezó a reordenar las prioridades del peronismo bonaerense. Distintos intendentes del PJ comenzaron a tomar distancia de la interna entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof para concentrarse en preservar sus propios distritos y en proyectar la sucesión del gobernador. El cálculo de los jefes territoriales es de pura supervivencia política.

La lógica de los intendentes es concreta: la guerra de aparatos que libran el cristinismo y el kicillofismo consume energía y capital político sin ofrecer respuestas al crecimiento del oficialismo nacional en el territorio. Para los jefes comunales, atados a la suerte electoral de sus municipios, quedar atrapados en una pelea de cúpulas es un riesgo que prefieren evitar. La prioridad pasó a ser cuidar lo propio.

El crecimiento de Santilli y La Libertad Avanza en el conurbano funciona como una señal de alarma que los intendentes leen con claridad: si el peronismo llega dividido a 2027, el oficialismo puede quedarse con distritos históricamente peronistas. Esa amenaza concreta es la que empuja a los jefes territoriales a despegarse de la interna y a construir su propia agenda de gestión.

La proyección hacia la sucesión de Kicillof es otra de las claves del reacomodamiento. Los intendentes ya piensan en el día después del gobernador, conscientes de que el actual mandatario tiene la mirada puesta en una eventual candidatura nacional. Esa transición abre un espacio de poder que los jefes comunales buscan disputar, en un juego que se superpone con la interna entre el cristinismo y el kicillofismo.

El debate por el desdoblamiento electoral atraviesa también esta discusión. Los intendentes tienen intereses concretos en la definición del calendario: separar las elecciones provinciales de las nacionales puede favorecer o perjudicar sus armados locales según el clima político. Cada jefe territorial hace su propia cuenta, y esas cuentas no siempre coinciden con las de la conducción provincial ni con las de La Dámpora.

La toma de distancia de los intendentes respecto de la interna tiene un costado paradójico. Al despegarse de la pelea entre Cristina y Kicillof, los jefes comunales debilitan a ambos sectores y refuerzan la fragmentación del espacio. El peronismo bonaerense se convierte, así, en un archipiélago de poderes locales que responden cada vez menos a una conducción central y cada vez más a su propia conveniencia electoral.

Analistas de la política bonaerense señalan que este fenómeno no es nuevo pero se profundizó con la crisis de liderazgo del peronismo. La ausencia de una figura ordenadora capaz de contener a los distintos sectores dejó a los intendentes como actores autónomos, con capacidad de negociar sus apoyos al mejor postor. En un espacio sin conducción clara, los jefes territoriales se transformaron en los verdaderos árbitros del armado provincial.

El avance del oficialismo nacional agrega presión sobre este delicado equilibrio. Santilli, encargado de la relación con las provincias y los municipios, despliega una estrategia de acercamiento que busca capitalizar el descontento y la fragmentación del peronismo. La oferta libertaria de recursos y obras a cambio de alineamientos tienta a algunos intendentes que enfrentan economías municipales ajustadas.

La preocupación de los jefes comunales por el crecimiento libertario tiene fundamento en los números. La consolidación de La Libertad Avanza en distritos del conurbano modificó el mapa político bonaerense y obligó al peronismo a repensar su estrategia. El territorio que durante décadas fue el bastión del peronismo dejó de ser un dato garantizado y se convirtió en un campo de disputa abierto.

La sucesión de Kicillof, en este contexto, se anticipa como una de las grandes discusiones del peronismo bonaerense. Los intendentes, que conocen el territorio y manejan estructuras propias, aspiran a incidir en la definición del próximo liderazgo provincial. Esa ambición los coloca en tensión tanto con el cristinismo como con el kicillofismo, en un juego de poder que recién comienza.

La equidistancia crítica frente a los distintos sectores del peronismo se impone también en esta escena. Ni la conducción cristinista ni el kicillofismo ni los intendentes autónomos ofrecen, por ahora, un proyecto que trascienda la disputa por el poder y la preservación de los propios espacios. La preocupación por el avance libertario no se traduce en una propuesta común, sino en una carrera de cada sector por salvar lo suyo.

El desenlace de este reacomodamiento dependerá de si el peronismo logra construir una síntesis que contenga a los distintos actores o si la fragmentación se profundiza de cara a 2027. Por ahora, los intendentes eligen la prudencia: se bajan de la interna, cuidan sus distritos y esperan a ver cómo se define la sucesión de un gobernador que mira hacia la escena nacional. En el medio, el oficialismo avanza y el peronismo bonaerense sigue sin encontrar el rumbo.

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