El intendente de La Plata, Julio Alak, enfrenta un debate presupuestario cargado de tensión en el Concejo Deliberante. El jefe comunal envió un Presupuesto 2026 que prevé un gasto total de $462.290 millones y contempla un aumento promedio del 30% en las tasas municipales, un incremento que despertó cuestionamientos de comerciantes y de sectores de la oposición local en un contexto de consumo golpeado. La discusión sobre las cuentas municipales se convirtió en uno de los ejes de la agenda política platense de cara al segundo semestre.
El proyecto presentado por el Ejecutivo comunal pone el acento en la obra pública, la infraestructura y los servicios. Alak defendió su plan de gestión al abrir las sesiones ordinarias del Concejo Deliberante, donde sintetizó su programa con una definición que reprodujo el diario El Día: "En La Plata tenemos dos bases: el orden público y progreso social". La frase resume el discurso con el que el intendente busca posicionarse como garante del orden y, al mismo tiempo, de la inversión social, una combinación que sus críticos leen como un equilibrio más declamativo que efectivo.
El aumento de tasas es el punto más resistido del paquete. Entidades que agrupan a comerciantes y pequeños empresarios de la ciudad advirtieron que una suba promedio del 30% golpea a un sector que todavía no se recupera de la caída del consumo. Los cuestionamientos apuntan a que el incremento de la presión tributaria municipal se suma al ajuste nacional y provincial, en una ecuación que erosiona la rentabilidad de los pequeños negocios. Para las cámaras del sector, el momento no podría ser peor para pedirle más a los contribuyentes locales.
Desde la oposición en el Concejo Deliberante también llovieron las críticas. Concejales de distintos bloques cuestionaron la magnitud del aumento y reclamaron mayor detalle sobre el destino de los recursos. El debate expone una tensión clásica de la gestión municipal: la necesidad de financiar obras y servicios frente al límite que impone la capacidad de pago de vecinos y comercios en un año económicamente adverso. La discusión promete extenderse mientras el proyecto avanza en las comisiones.
La figura de Alak arrastra, además, una posición política ambigua dentro del peronismo bonaerense. El intendente platense mantiene un delicado equilibrio entre el kirchnerismo y el espacio que responde a Axel Kicillof, sin alinearse plenamente con ninguno de los dos bandos en pugna. Ese juego de equilibrios, que le permite conservar autonomía, también lo expone a la crítica de quienes lo ven como un dirigente del doble discurso, atento a preservar su posición antes que a definir un rumbo. En la interna provincial, Alak cultiva un perfil que evita comprometerse en la pelea entre Cristina Kirchner y el gobernador.
La gestión platense viene de meses agitados. A fines de junio, la Municipalidad presentó una denuncia penal por daño agravado, lesiones y atentado a la autoridad tras los incidentes que dejaron destrozos en el Salón Dorado y en el Concejo Deliberante, con detenidos y heridos. El episodio expuso la conflictividad social que atraviesa a la ciudad y sumó un capítulo tenso a la relación entre el municipio y algunas organizaciones sociales. La seguridad y el orden público, ejes del discurso de Alak, quedaron bajo la lupa.
El Presupuesto 2026 también incluye definiciones sobre el ordenamiento urbano y la modernización de la gestión. El intendente anunció un plan de transformación que abarca desde obras de infraestructura hasta la incorporación de tecnología para el control municipal. Los especialistas en administración pública señalan que la ambición del plan choca con la restricción presupuestaria y con la necesidad de financiarlo, en parte, con el aumento de la recaudación local. La ecuación entre las metas de gestión y los recursos disponibles será el verdadero test del año.
El contexto económico general condiciona todo el debate. Con un consumo deprimido, un salario real que no termina de recomponerse y una actividad comercial golpeada, cualquier aumento de la presión tributaria municipal genera resistencia. La discusión platense reproduce, a escala local, la tensión que atraviesa a todos los niveles del Estado: cómo sostener la inversión pública sin ahogar a los contribuyentes en el peor momento del ciclo económico. El Concejo Deliberante será el escenario donde esa tensión se dirima en los próximos días.
La capital bonaerense arrastra, además, problemas estructurales que el debate presupuestario pone en primer plano. El estado de las calles, el sistema de desagües pluviales —una herida abierta desde la trágica inundación de 2013—, la recolección de residuos y el transporte público figuran entre las demandas recurrentes de los vecinos. Cada una de esas asignaturas requiere inversión, y la inversión requiere recursos que el municipio busca, en parte, en el aumento de tasas. El dilema platense es el de casi todas las gestiones municipales del país: prometer obras que los vecinos reclaman sin ahogar a esos mismos vecinos con la carga tributaria necesaria para financiarlas. El equilibrio, en un año recesivo, es especialmente frágil.
La relación de Alak con la Provincia y con la Nación agrega otra variable a la ecuación. Como intendente de la capital provincial, el jefe comunal depende de las transferencias bonaerenses y, a la vez, del reparto de fondos nacionales que el Gobierno de Milei administra con criterio restrictivo. En ese esquema, La Plata queda expuesta a las tensiones entre los distintos niveles del Estado, con un municipio que debe hacer malabares para sostener sus cuentas. La ciudad paga, como tantas otras, el costo de una arquitectura fiscal donde los recursos se concentran arriba y las demandas se acumulan abajo. La autonomía municipal, en los papeles, choca con la dependencia financiera en los hechos.
En el plano político, el manejo del Presupuesto será leído en clave de proyección. Alak necesita mostrar gestión para consolidar su figura en un peronismo bonaerense atravesado por la interna, y las obras financiadas con el nuevo esquema tributario son parte de esa vidriera. Sus detractores, en cambio, apuntan que el intendente prioriza el anuncio por sobre la resolución de los problemas cotidianos. La discusión sobre las tasas se convierte, así, en un capítulo más de la construcción política de un dirigente que juega su propio partido en el tablero provincial. El Presupuesto, para Alak, es tanto una herramienta de gestión como una apuesta de posicionamiento.
El desenlace del debate presupuestario marcará el pulso político de la ciudad para el resto del año. Si Alak logra aprobar su plan con el aumento de tasas, tendrá los recursos para financiar su agenda de obras; si la resistencia crece, deberá negociar y recalibrar sus números. Mientras tanto, los platenses observan una discusión que define cuánto pagarán y qué recibirán a cambio, en una ciudad que todavía carga con las heridas de un año social y económicamente convulsionado. El Presupuesto, como siempre, es mucho más que una planilla de números.