La caída de las primarias obligaría a la provincia de Buenos Aires a adelantar sus propios comicios para resguardar su hegemonía territorial. Al no tener la obligación de pegar la boleta provincial a la nacional, Kicillof ganaría autonomía para definir las reglas de juego en su propio territorio. Los armadores de la gobernación entienden que es la única forma de blindar el principal bastión justicialista frente a la marea libertaria.
La jugada del desdoblamiento busca neutralizar el impacto que tendría la reforma electoral de la Casa Rosada en el armado de las listas del peronismo. Sin la herramienta ordenadora de las PASO, el oficialismo bonaerense se enfrentaría al complejo desafío de resolver sus internas a dedo o mediante internas cerradas. El adelantamiento le daría al gobernador el tiempo necesario para contener las demandas de los intendentes y las distintas tribus partidarias.
El dilema de fondo en la provincia más poblada del país radica en cómo reaccionará el frente ante la falta de un ordenador nacional. La gran incógnita que desvela a los intendentes del conurbano es si el movimiento marchará hacia un gran acuerdo de unidad o si se encamina a competir con peronismos separados. Kicillof busca erigirse como el gran conductor de ese proceso, intentando que la fractura con sectores como La Cámpora no atomice el voto.
Mientras los operadores platenses sacan cuentas y diseñan los borradores de los decretos de convocatoria, las negociaciones subterráneas se aceleran contrarreloj. El mandatario sabe que necesita el respaldo cerrado de los jefes comunales de la tercera y primera sección electoral para validar esta maniobra. El destino político del peronismo de cara al recambio del poder se juega en la capacidad de anticiparse a los movimientos del Gobierno nacional.
Por el lado de la oposición, la posibilidad de un calendario desdoblado enciende las alarmas y obliga a recalcular los planes de campaña. Tanto los libertarios puros como el PRO residual entienden que ir a las urnas sin el arrastre de la boleta de Milei en el cuarto oscuro les restaría una ventaja competitiva enorme. Saben que enfrentar al aparato territorial del peronismo bonaerense en una fecha aislada es un desafío cuesta arriba para el que no todos están preparados.
El desenlace de esta pulseada definirá también el margen de maniobra de Kicillof para su propio proyecto de proyección nacional. Convertirse en el garante de la resistencia justicialista en la provincia le daría el combustible político definitivo para liderar la reconstrucción opositora. Sin embargo, un paso en falso que fracture el voto peronista en el principal distrito del país podría sepultar de antemano cualquier sueño presidencial.