El riesgo país tocó un mínimo desde 2018, pero el dólar saltó 7% en junio y le recalienta el frente a Caputo - Política y Medios
03-07-2026 - Edición Nº6727

MERCADOS

El riesgo país tocó un mínimo desde 2018, pero el dólar saltó 7% en junio y le recalienta el frente a Caputo

17:00 |El indicador que mide J.P. Morgan perforó los 415 puntos, su nivel más bajo en siete años. Al mismo tiempo, el billete trepó a 1.510 pesos para minoristas y la primera rueda de julio mostró pérdidas en acciones y bonos.

La economía argentina exhibe por estos días una postal de dos caras. Por un lado, el riesgo país perforó un nuevo mínimo: el índice que mide J.P. Morgan se ubicó en torno a los 415 puntos básicos, su nivel más bajo desde fines de abril de 2018, mientras los bonos en dólares extendían una racha alcista y los ADR rebotaban con fuerza. Por el otro, el frente cambiario mostró señales de recalentamiento, con un dólar que trepó cerca del 7% en junio y cotizó a 1.510 pesos para los minoristas. La foto financiera combina el mejor dato de riesgo país en siete años con la peor señal cambiaria en meses.

El comportamiento de los dólares financieros acompañó esa tensión. El MEP avanzó hasta rozar los 1.530 pesos, mientras que el contado con liquidación cerró por encima de los 1.577 pesos. La brecha con el oficial se mantuvo acotada, pero la velocidad de la suba encendió una alarma que el equipo económico intenta contener. La primera rueda de julio profundizó el cambio de clima: las acciones y los bonos argentinos operaron con pérdidas y el riesgo país volvió a ubicarse por encima de los 425 puntos, en una corrección que interrumpió la euforia previa. El mercado premió la deuda argentina, pero al mismo tiempo puso a prueba la resistencia del esquema cambiario.

En el Banco Central, el balance del año muestra luces y sombras. Las reservas internacionales brutas superaron los 48.000 millones de dólares, y las compras netas acumuladas en 2026 ascendieron a más de 11.000 millones, un dato que el Gobierno exhibe como prueba de la solidez del programa. Sin embargo, en algunas ruedas las reservas cayeron pese al ritmo de compras, y el propio esquema de flotación dejó episodios en los que la autoridad monetaria terminó vendiendo divisas para calmar al dólar. La acumulación de reservas, meta central del programa, avanza pero con sobresaltos.

El equipo de Luis Caputo apuesta a que la mejora del riesgo país abra la puerta de los mercados internacionales de deuda. Un asesor del ministro, el director del BICE Felipe Núñez, graficó esa expectativa con una frase que resonó en la City: "No esperamos una ventana de oportunidad, esperamos un portón", planteó en referencia a la posibilidad de emitir deuda en el exterior. La confianza oficial en volver a endeudarse contrasta con el nerviosismo que muestra el dólar en el día a día.

Entre los economistas, el análisis es más matizado. El exviceministro de Economía Emmanuel Álvarez Agis examinó la coyuntura en medio de la suba del dólar y sorprendió al coincidir parcialmente con una medida del Gobierno, en un análisis que El Cronista tituló con su frase "Tiene razón el Gobierno". El economista heterodoxo cuestionó, al mismo tiempo, la decisión de liberar el cepo para las personas humanas y puso el foco en el costo que tiene para la economía bajar la inflación a la velocidad que impuso el equipo económico. Su lectura combina reconocimiento de aciertos con advertencias sobre los límites del esquema.

El diagnóstico de fondo que comparten varios analistas heterodoxos es que el problema estructural de la economía argentina sigue siendo la falta de dólares. En esa lectura, ningún esquema cambiario es sostenible en el tiempo si el Banco Central no acumula reservas de manera genuina, y el atraso del tipo de cambio funciona como una anestesia que ordena precios en el corto plazo pero acumula tensiones para más adelante. El salto del dólar de junio, para esos economistas, fue apenas la primera señal de esa tensión latente. El atraso cambiario, advierten, es una bomba de tiempo que tarde o temprano habrá que desactivar.

Del lado del oficialismo y de las consultoras afines al Gobierno, la mirada es más optimista. Sostienen que la caída del riesgo país refleja la credibilidad del programa fiscal y que la acumulación de reservas, aunque con altibajos, avanza en la dirección correcta. Bancos de inversión internacionales vienen insistiendo en que el Banco Central debe seguir comprando reservas y apuestan a que Argentina regrese al mercado de deuda antes de fin de año. Para esa visión, el salto del dólar es un ruido pasajero dentro de un sendero de normalización.

La verificación de las metas que anunció el propio Milei, sin embargo, arroja resultados dispares. Chequeos independientes sobre los objetivos oficiales en materia de dólar, reservas y riesgo país muestran que algunas metas se cumplen y otras no, lo que relativiza tanto el triunfalismo oficial como el catastrofismo opositor. La economía argentina, otra vez, se mueve en un terreno de matices que no se dejan encasillar fácilmente en un solo relato.

Los especialistas coinciden en que las próximas semanas serán clave. Los vencimientos de deuda de julio, la evolución del dólar y la capacidad del Banco Central de seguir acumulando reservas definirán si el esquema logra sostenerse o si el recalentamiento cambiario obliga a correcciones. El Gobierno confía en que la mejora del riesgo país le permita atravesar ese tramo sin sobresaltos; sus críticos, en que las tensiones acumuladas terminen aflorando.

Con el riesgo país en mínimos y el dólar en alza, la economía argentina navega un momento de señales cruzadas. El desafío del equipo económico será capitalizar la mejora del indicador de deuda sin que el frente cambiario se le desmadre. En esa cuerda floja se juega buena parte de la credibilidad de un programa que exhibe sus logros macro mientras convive con la caída del ingreso y el ruido de un dólar que volvió a moverse.

La caída del riesgo país tiene un significado concreto para la economía real. Un indicador más bajo implica que la Argentina podría financiarse a tasas más accesibles, lo que abarataría el costo de la deuda y liberaría recursos para otros fines. También mejora las condiciones de crédito para empresas y provincias que buscan financiarse en el exterior. Por eso el Gobierno exhibe la mejora del índice como una de sus principales conquistas macroeconómicas. Un riesgo país más bajo no es solo un número: define cuánto le cuesta al país tomar deuda.

El frente cambiario, sin embargo, introduce una cuota de incertidumbre. El nuevo esquema de flotación dejó episodios en los que el Banco Central no logró comprar reservas e incluso tuvo que vender para contener la cotización, lo que muestra que el equilibrio es más frágil de lo que sugiere el dato de riesgo país. La tensión entre acumular reservas y sostener el tipo de cambio es uno de los dilemas centrales del programa. Cada rueda se sigue como un test de esa ecuación. El Banco Central camina sobre una cuerda floja: comprar reservas sin dejar que el dólar se dispare.

El balance final dependerá de cómo se resuelvan las tensiones en las próximas semanas. Si el equipo económico logra estabilizar el dólar y sostener la acumulación de reservas, el escenario de regreso al mercado de deuda se vuelve verosímil. Si, en cambio, el frente cambiario sigue recalentándose, la mejora del riesgo país podría quedar opacada por el nerviosismo. La economía argentina, otra vez, se juega su suerte en la delicada administración de las expectativas. Entre el mejor dato de deuda en años y el ruido del dólar, el Gobierno debe elegir cómo administrar la confianza.

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