Kicillof reunió a sus intendentes, se mostró dispuesto a competir en una interna y ordenó no confrontar con Máximo - Política y Medios
03-07-2026 - Edición Nº6727

PROVINCIA

Kicillof reunió a sus intendentes, se mostró dispuesto a competir en una interna y ordenó no confrontar con Máximo

12:20 |El gobernador bonaerense juntó a los jefes comunales de su riñón y a legisladores de Derecho al Futuro para ordenar la estrategia. Apuesta a polarizar con Milei mientras la Provincia sigue bajo emergencia económica.

Axel Kicillof movió sus fichas en el tablero bonaerense y lo hizo rodeándose de los suyos. El gobernador reunió a los intendentes peronistas de su espacio, junto a legisladores nacionales y provinciales alineados con el movimiento Derecho al Futuro, para discutir la estrategia interna y la construcción electoral de cara al año que viene. En ese cónclave, según reconstruyeron medios nacionales, Kicillof se mostró dispuesto a competir internamente contra el kirchnerismo. La señal fue clara: el gobernador no piensa resignar su lugar sin dar pelea, aunque prefiere que la disputa no escale a un enfrentamiento abierto.

La consigna que bajó a su tropa fue tan estratégica como defensiva: no confrontar con Máximo Kirchner y apostar a polarizar con Javier Milei. Kicillof ordenó no responder a los embates del camporismo para no alimentar una interna que, según su lectura, solo beneficia al Gobierno nacional. La apuesta del gobernador es correr el eje de la discusión hacia la pelea con la Casa Rosada, donde se siente más cómodo, y evitar el desgaste de una guerra de aparatos con el kirchnerismo. La orden de "no responder" es, al mismo tiempo, una táctica de supervivencia y un reconocimiento de que la interna lo perjudica.

El telón de fondo de la movida es la situación de la Provincia, que sigue navegando bajo emergencia económica prorrogada. El gobernador consiguió semanas atrás el aval legislativo para endeudarse por 3.685 millones de dólares, un instrumento que buscará usar para sostener las cuentas provinciales en un contexto de caída de la coparticipación y de reclamos por deudas que atribuye a la Nación. La gestión bonaerense enfrenta, además, un cuadro de conflictividad que incluye paros docentes recurrentes y demandas salariales en distintos gremios estatales.

Kicillof plantea que la Provincia es víctima de un ajuste nacional que recorta transferencias y castiga a Buenos Aires. Esa es la narrativa con la que intenta polarizar: presentarse como el dique de contención frente al modelo de Milei, y no como un dirigente enredado en la interna peronista. El gobernador necesita que la agenda pública hable de su pelea con la Nación y no de su distancia con Cristina y Máximo.

Pero la interna no le da tregua. El kirchnerismo, con Máximo Kirchner y La Cámpora a la cabeza, decidió romper políticamente con el gobernador y empuja a Cristina Fernández de Kirchner como candidata para vaciarle a Kicillof el armado nacional. La disputa se juega en cada acto, en cada foto y en cada gesto. El propio Máximo lanzó, en un acto en respaldo a la expresidenta, un mensaje que resonó en la interna: "No sea cosa que lleguemos otra vez al gobierno y terminemos con un presidente peor que el actual", según reprodujo la prensa política, en una advertencia que muchos leyeron dirigida al propio gobernador.

Kicillof, por ahora, elige no recoger el guante. Su estrategia de reunir a los intendentes propios apunta a mostrar musculatura territorial sin necesidad de confrontar públicamente con el camporismo. Los jefes comunales son el sostén real de cualquier candidatura en la Provincia, y el gobernador busca consolidar ese respaldo antes de que la interna entre en su fase decisiva. En la política bonaerense, el que controla los intendentes controla el territorio, y Kicillof lo sabe.

La discusión sobre el formato de la disputa sigue abierta. Tres caminos aparecen en el horizonte peronista: una negociación cara a cara entre Kicillof, Cristina y Sergio Massa; una interna partidaria con el gobernador de un lado y el kirchnerismo del otro; y, menos probable pero no descartada, cada sector con su propia lista compitiendo por separado. El gobernador dice estar dispuesto a la interna, pero en el kirchnerismo desconfían de sus intenciones y lo acusan de gobernar pensando en la campaña.

Desde el Gobierno provincial buscaron bajarle el tono a la pelea con una frase que sintetiza la posición oficial: "Este no es el año de candidaturas", respondieron desde la Provincia tras un acto del kirchnerismo, según reprodujo un medio bonaerense. La respuesta apunta a instalar la idea de que Kicillof está enfocado en gestionar y no en la rosca electoral, aunque la seguidilla de reuniones internas sugiere que la campaña ya empezó, más allá de los desmentidos.

Los analistas de la política bonaerense advierten que la interna peronista, sin propuestas serias de ninguno de los dos lados, corre el riesgo de destruir al peronismo como alternativa y dejarle servido el terreno a Milei. La guerra de aparatos entre Kicillof y el kirchnerismo se libra mientras la Provincia acumula problemas estructurales, desde el déficit hasta la inseguridad, que ninguno de los dos sectores parece dispuesto a poner en el centro del debate. La paradoja bonaerense es que la pelea por quién conduce el peronismo avanza más rápido que cualquier discusión sobre cómo gobernar la Provincia.

Con los intendentes ordenados y la consigna de no confrontar en marcha, Kicillof afronta un segundo semestre en el que deberá equilibrar dos frentes: sostener la gestión de una Provincia en emergencia y administrar una interna que amenaza con desbordarlo. Su apuesta es que la polarización con Milei lo blinde de la disputa con el kirchnerismo. El interrogante es si el electorado bonaerense premiará esa estrategia o si castigará a un peronismo que, otra vez, aparece más ocupado en sus internas que en las urgencias de la Provincia.

La relación de Kicillof con los intendentes es, a la vez, su principal fortaleza y su mayor desafío. Los jefes comunales controlan el territorio, movilizan la estructura y garantizan la fiscalización el día de la elección, pero también tienen agendas propias y no todos responden con la misma lealtad. El gobernador necesita mantener cohesionado ese arco en un momento en que el kirchnerismo intenta seducir a algunos de ellos para debilitar su armado. Cada intendente que se corre de un lado al otro modifica el equilibrio de la interna. En la Provincia, los intendentes no son furgón de cola: son el motor que decide quién manda en el peronismo.

El trasfondo de la disputa es la sucesión y la estrategia de cara a 2027. Kicillof, que no puede aspirar a un tercer mandato consecutivo como gobernador, mira el escenario nacional y busca proyectarse como referente de un peronismo renovado. El kirchnerismo, en cambio, quiere preservar el control del aparato bonaerense, que históricamente fue la base de su poder territorial. La pelea por la Provincia es, en el fondo, una pelea por quién conduce el peronismo en la etapa que viene. Buenos Aires no es un distrito más: es el territorio donde se define la conducción de todo el peronismo.

Mientras la interna avanza, la gestión provincial enfrenta desafíos que no esperan. Los reclamos salariales de los estatales, la situación de la seguridad y las cuentas ajustadas por la caída de la coparticipación exigen respuestas que la pelea política tiende a postergar. El riesgo para Kicillof es que el electorado perciba que la Provincia queda relegada frente a la rosca electoral. La apuesta a polarizar con Milei solo funciona si, al mismo tiempo, la gestión muestra resultados. Ningún relato de polarización compensa una Provincia que el vecino siente abandonada.

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