Milei decretó que 2026 es el "Año de la Grandeza" y celebra el rumbo, mientras el dólar le recalienta el tablero - Política y Medios
03-07-2026 - Edición Nº6727

GRANDEZA

Milei decretó que 2026 es el "Año de la Grandeza" y celebra el rumbo, mientras el dólar le recalienta el tablero

10:20 |El Gobierno oficializó por decreto el lema del año y el Presidente aseguró que la economía "empieza a expandirse". El salto del dólar en junio y el ruido financiero relativizan el festejo oficial.

El Gobierno de Javier Milei eligió el terreno simbólico para reforzar su relato de gestión. A través de un decreto, la administración declaró a 2026 como el "Año de la Grandeza Argentina", un lema que la Casa Rosada mandará incluir en la documentación oficial durante todo el ejercicio. La decisión, más allá de su valor administrativo, funciona como una declaración política: el oficialismo insiste en que el país atraviesa un punto de inflexión histórico.

El propio Presidente acompañó el gesto con un balance optimista. Milei destacó el programa de estabilización y aseguró que la economía "empieza a expandirse", según difundió la Casa de Gobierno, en una lectura que ubica al segundo semestre como el momento en que el ajuste empezaría a mostrar sus frutos. El mandatario viene sosteniendo que la baja de la inflación y la mejora del riesgo país son la prueba de que el modelo funciona. Para el oficialismo, el orden de las variables macroeconómicas es la gran conquista que ninguna crítica puede discutir.

La realidad financiera, sin embargo, ofreció una postal menos celebratoria. La primera rueda de julio mostró un cambio de clima en los mercados: las acciones y los bonos argentinos operaron con pérdidas, el riesgo país volvió a ubicarse por encima de los 425 puntos básicos y el dólar oficial continuó su escalada. El salto del billete estadounidense, que trepó cerca del 7% en junio y perforó la barrera de los 1.500 pesos para minoristas, encendió una alarma que el Gobierno intenta minimizar. El recalentamiento cambiario es la nota discordante en un relato que el oficialismo quiere blindar de sobresaltos.

Entre los economistas, el balance es más matizado. El exviceministro de Economía Emmanuel Álvarez Agis analizó la coyuntura en medio de la suba del dólar y sorprendió al coincidir parcialmente con una medida del Gobierno, en un artículo que El Cronista tituló con su frase "Tiene razón el Gobierno". El economista, referente heterodoxo, cuestionó al mismo tiempo la decisión de la administración de liberar el cepo para las personas humanas y puso el foco en el costo que tiene para la economía bajar la inflación a la velocidad que impuso el equipo de Caputo. La crítica no vino esta vez de la trinchera, sino de una voz que reconoció aciertos y marcó los límites del esquema al mismo tiempo.

El punto que más ruido genera es el del ingreso. En la era Milei, el salario mínimo acumula una pérdida del 39,7% de su poder de compra, según los relevamientos privados que miden la evolución de los haberes. Los salarios públicos cayeron 18,3% y los privados 3,5% en el mismo período. Esos números conviven con la caída del consumo urbano, que pone en duda la recuperación que exhibe el Gobierno y golpea la recaudación. La "grandeza" decretada, señalan los críticos, todavía no llegó al bolsillo de la mayoría.

En el plano de la deuda, el oficialismo apuesta a que la mejora del riesgo país abra la puerta de los mercados internacionales. Un asesor de Caputo, el director del BICE Felipe Núñez, graficó la expectativa del equipo económico con una frase que hizo ruido en la City: "No esperamos una ventana de oportunidad, esperamos un portón", planteó en referencia a la posibilidad de emitir deuda en el exterior, según reprodujo Infobae. La confianza oficial en volver a endeudarse contrasta con el nerviosismo que muestra el frente cambiario en el día a día.

La estrategia comunicacional del Gobierno combina el gesto simbólico del decreto con la insistencia en los indicadores que le resultan favorables. El riesgo país perforó mínimos que no se veían desde 2018, las reservas brutas superaron los 48.000 millones de dólares y la inflación se mantuvo en niveles que el oficialismo exhibe como su mayor logro. La foto macro, en ese recorte, respalda el relato de la grandeza. El problema aparece cuando esa foto se cruza con la película del consumo y los salarios.

Desde la oposición, la lectura es demoledora. Referentes del peronismo cuestionan que el Gobierno celebre una "grandeza" que no se refleja en la vida cotidiana de los trabajadores, y advierten que el atraso cambiario funciona como una bomba de tiempo que tarde o temprano habrá que desactivar. El senador Sergio Uñac, que recorre el país en modo precandidato, resumió esa mirada semanas atrás con una frase que sigue vigente: "No veo un plan económico, veo un ajuste", según reprodujo un medio nacional. La oposición peronista intenta correr el eje del festejo macro hacia la discusión sobre quién paga el costo del programa.

Los economistas heterodoxos coinciden en un diagnóstico de fondo: el problema estructural de la economía argentina sigue siendo la falta de dólares, y ningún esquema cambiario es sostenible en el tiempo si el Banco Central no acumula reservas de manera genuina. El atraso del tipo de cambio, en esa lectura, es una anestesia que ordena precios en el corto plazo pero acumula tensiones para más adelante. El salto del dólar de junio, para varios analistas, fue apenas una primera señal de esa tensión latente.

Con el lema del año ya oficializado, el Gobierno afronta el desafío de que la grandeza deje de ser una consigna administrativa y se convierta en un dato de la economía real. El oficialismo confía en que el segundo semestre traiga la expansión que Milei anticipa; sus críticos, en que la brecha entre el relato y el bolsillo termine pesando en las urnas de 2027. Entre esas dos apuestas se juega buena parte del capital político de un Gobierno que decidió ponerle nombre grandilocuente a un año que recién empieza a definirse.

El gesto de bautizar el año con un lema no es exclusivo de esta gestión: distintos gobiernos recurrieron a la práctica de nombrar los ejercicios con consignas cargadas de simbolismo político. La elección de la palabra "grandeza", sin embargo, marca una impronta particular, alineada con el relato refundacional que el oficialismo cultiva desde su llegada al poder. Para el mileísmo, el país atraviesa un cambio de época que justifica la épica del lema. Para sus críticos, la grandilocuencia contrasta con la realidad cotidiana de los hogares. El nombre del año condensa la disputa de fondo: si la Argentina vive una refundación o apenas un ajuste con relato.

En la City, el diagnóstico sobre el frente cambiario está dividido. Algunos operadores creen que el salto del dólar de junio fue una corrección puntual dentro de un sendero de estabilidad, mientras que otros lo interpretan como la primera manifestación de tensiones que se venían acumulando. La velocidad de la suba y su impacto en las expectativas son las variables que el equipo económico monitorea con más atención. El Gobierno necesita que el billete no se descontrole para sostener el ancla que ordena los precios. El dólar es, para el oficialismo, la variable que puede convertir el relato de la grandeza en un problema concreto.

El debate sobre el rumbo económico se cruza, además, con el calendario político. En un año que antecede a las elecciones de 2027, cada dato de inflación, de salario y de consumo se lee también en clave electoral. El oficialismo apuesta a que la mejora macro se traduzca en recuperación antes de que la política entre en modo campaña; la oposición, a que el desgaste del ingreso pese en el humor social. La "grandeza" decretada será evaluada, en última instancia, por un electorado que mide con el bolsillo. Ningún lema resiste el contraste con la góndola, y el Gobierno lo sabe.

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