El gas no convencional marca récord en Vaca Muerta y ya explica dos de cada tres metros cúbicos que produce el país - Política y Medios
01-07-2026 - Edición Nº6725

ENERGÍA

El gas no convencional marca récord en Vaca Muerta y ya explica dos de cada tres metros cúbicos que produce el país

17:45 |La producción total de gas natural trepó a 142 millones de metros cúbicos diarios, con un alza interanual del 5,9%. El no convencional representa cerca del 65% del total y consolida el liderazgo de Neuquén.

Vaca Muerta no deja de romper marcas. La producción total de gas natural en la Argentina alcanzó los 142 millones de metros cúbicos diarios, con un aumento interanual del 5,9%, impulsada por el desarrollo sostenido del yacimiento neuquino. El gas no convencional ya representa cerca del 65% del total y continúa ganando terreno mes a mes. El gas de Vaca Muerta se consolida como el motor de la matriz energética argentina.

El dato se inscribe en una serie de récords históricos. La Argentina se encamina a registrar en 2026 la mayor producción de petróleo de su historia, con una proyección de 54,5 millones de metros cúbicos de crudo, un incremento del 16% respecto de 2025, según reconstruyó la prensa económica. El gas acompaña esa tendencia y refuerza el peso del sector energético en la economía nacional. El sector energético se transformó en uno de los principales generadores de divisas del país.

La provincia de Neuquén concentra el liderazgo. El distrito ya produce dos de cada tres barriles de petróleo del país y una porción creciente del gas, lo que lo convierte en el epicentro del desarrollo hidrocarburífero argentino. Vaca Muerta representa el 67% del petróleo y el 58% del gas nacional, una concentración que redefine el mapa energético y productivo. Neuquén se consolidó como la capital energética de la Argentina.

El crecimiento del no convencional tiene implicancias estratégicas. El aumento de la producción de gas permite reducir las importaciones en los meses de mayor demanda, mejorar la balanza energética y avanzar hacia el objetivo de convertir a la Argentina en exportador. Los proyectos de gas natural licuado (GNL) aparecen, en ese marco, como la gran apuesta para colocar los excedentes en los mercados internacionales. El GNL es la llave que puede transformar el gas en dólares de exportación.

El desarrollo del recurso es valorado de manera transversal. La riqueza de Vaca Muerta y su potencial para transformar la matriz productiva argentina generan consenso entre distintos sectores, que ven en el yacimiento una oportunidad histórica para el desarrollo del país. La discusión, más que sobre el recurso, se centra en cómo aprovecharlo y en quién capta sus beneficios. El potencial de Vaca Muerta no está en discusión: el debate es sobre su gestión.

En ese punto aparecen las miradas críticas. Distintos analistas del sector energético cuestionan la gestión de algunas de las grandes operadoras y reclaman que el desarrollo del recurso se traduzca en beneficios concretos para las provincias productoras y para el conjunto de la economía. La valoración positiva del yacimiento convive con el escepticismo sobre la administración de la renta que genera. El recurso es una bendición; su gestión, una cuenta pendiente.

La infraestructura es otro desafío central. El crecimiento de la producción exige inversiones en gasoductos, plantas de procesamiento y capacidad de evacuación para no encontrar cuellos de botella. Las obras destinadas a sacar más gas y a acelerar el desarrollo no convencional son determinantes para sostener el ritmo de crecimiento. Sin infraestructura acorde, el potencial de Vaca Muerta corre el riesgo de quedar embotellado.

El impacto sobre la balanza comercial es una de las claves del año. El aumento de la producción de gas y petróleo permite reducir la factura de importación de energía y generar saldos exportables, un cambio estructural respecto de los años en que la Argentina era importadora neta. El sector energético se perfila como uno de los principales aportantes al superávit externo. La energía dejó de ser un problema para la balanza y pasó a ser una solución.

El desarrollo de Vaca Muerta también reconfigura el empleo y la actividad regional. La expansión de la producción genera puestos de trabajo directos e indirectos, dinamiza las economías provinciales y atrae inversiones a la región. El desafío es que ese crecimiento se traduzca en desarrollo sostenible y en beneficios distribuidos para las comunidades locales. El desafío es que el boom energético derrame sobre el territorio que lo produce.

Analistas del sector coinciden en que 2026 será un año bisagra para la energía argentina. Los récords de producción, combinados con los proyectos de GNL y la mejora de la infraestructura, configuran un escenario de oportunidades históricas. La pregunta es si el país logrará aprovechar esa ventana y transformar el potencial en desarrollo concreto. La oportunidad está; falta convertirla en política de Estado sostenida.

El potencial exportador es la gran promesa del desarrollo gasífero. La producción creciente de gas no convencional abre la posibilidad de colocar excedentes en los mercados regionales e internacionales, ya sea a través de gasoductos hacia países vecinos o mediante los proyectos de gas natural licuado. Esa capacidad de exportación es la que puede transformar el recurso en una fuente estable de divisas para la economía argentina. La exportación de gas es la apuesta que puede reordenar la balanza externa del país.

El desarrollo del yacimiento requiere, sin embargo, inversiones sostenidas. La expansión de la producción depende de la llegada de capitales para perforación, infraestructura y logística, en un sector que exige compromisos de largo plazo. La estabilidad de las reglas de juego y la previsibilidad económica son condiciones necesarias para atraer esas inversiones y sostener el ritmo de crecimiento. Sin inversión sostenida, el potencial del yacimiento corre el riesgo de estancarse.

El impacto sobre las provincias productoras es otro eje del debate. El crecimiento de Vaca Muerta genera regalías, empleo y actividad económica en Neuquén y en otras provincias de la región, pero también plantea el desafío de distribuir esos beneficios y de administrar el impacto ambiental y social del desarrollo. La discusión sobre cómo se reparte la renta hidrocarburífera atraviesa la política energética. El desarrollo del recurso plantea el desafío de que sus beneficios lleguen al territorio.

La matriz energética argentina atraviesa, en conjunto, una transformación histórica. El auge de Vaca Muerta convive con el desarrollo de las energías renovables y con el debate sobre los biocombustibles, en un escenario en el que el país busca aprovechar sus recursos para reducir importaciones y generar exportaciones. La articulación de esas fuentes definirá el perfil energético de la Argentina de las próximas décadas. El futuro energético del país se construye con una matriz cada vez más diversa.

La estacionalidad del consumo de gas plantea un desafío particular. La demanda se dispara en los meses fríos, cuando el consumo residencial se multiplica, y cae en el verano, lo que obliga a administrar la producción y el almacenamiento con criterio. El aumento de la producción no convencional ayuda a cubrir los picos de invierno y a reducir las importaciones en la temporada de mayor demanda, un alivio concreto para las cuentas externas. El gas de Vaca Muerta permite enfrentar el invierno con menos dependencia de las importaciones.

El desarrollo del yacimiento también reconfigura el mapa federal. Neuquén y las provincias petroleras ganan peso económico y político a medida que crece la producción, lo que altera los equilibrios tradicionales y les da mayor poder de negociación frente a la Nación. Ese reordenamiento territorial es una de las consecuencias menos visibles pero más profundas del auge hidrocarburífero. El boom de Vaca Muerta redibuja, en silencio, el mapa de poder federal.

Con el gas no convencional marcando récords y el petróleo encaminado a su mayor nivel histórico, Vaca Muerta se consolida como el gran activo de la economía argentina. El yacimiento neuquino promete divisas, empleo y desarrollo, siempre que la infraestructura y la gestión acompañen el ritmo del recurso. El futuro energético del país se juega, cada vez más, en las profundidades de la formación neuquina.

NEWSLETTER

Suscribite a nuestro boletín de noticias