Jorge Macri respalda a Milei pero alerta por la caída del consumo y le reclama a Caputo los fondos de la Ciudad - Política y Medios
01-07-2026 - Edición Nº6725

CIUDAD

Jorge Macri respalda a Milei pero alerta por la caída del consumo y le reclama a Caputo los fondos de la Ciudad

14:50 |El jefe de Gobierno porteño sostiene su sintonía con la Casa Rosada, aunque marca distancia por el impacto en la economía cotidiana. El Banco Ciudad prepara medidas para aliviar el endeudamiento de los hogares.

El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, camina por una cornisa. Respalda la política económica de Javier Milei y destaca su buena sintonía con la Casa Rosada, pero al mismo tiempo alerta por la caída del consumo en la Ciudad de Buenos Aires y reclama por los fondos que considera propios. El equilibrio entre acompañar al Gobierno nacional y defender los intereses porteños define su gestión.

Macri sostiene que la relación con el gobierno de Milei es buena y menciona la coordinación con las áreas de Infraestructura, Seguridad y Desarrollo Humano, según consignó Infobae. Sin embargo, el propio PRO publicó recientemente un documento que marca la distancia entre la mejora de los números macroeconómicos y la vida cotidiana de la gente, una señal de que el partido amarillo empezó a diferenciarse. El respaldo al Gobierno nacional ya no es incondicional ni silencioso.

La preocupación por el consumo ocupa un lugar central en el diagnóstico porteño. El jefe de Gobierno planteó el problema de la retracción del consumo más con el ministro de Economía, Luis Caputo, que con el propio Presidente, y anunció que el Banco Ciudad lanzaría iniciativas para reducir la carga de deuda de los hogares. La caída del consumo es el punto donde la macroeconomía ordenada choca con la economía real.

El reclamo por los recursos también forma parte de la agenda. Macri le llevó a Caputo el pedido por los fondos de la coparticipación de la Ciudad, un tema que la administración porteña arrastra desde hace años y que atraviesa la relación con la Nación. La disputa por esos recursos es un frente que ningún jefe de Gobierno porteño puede eludir. La pelea por la coparticipación es una herencia que se traslada de gestión en gestión.

En el plano de las inversiones, el jefe de Gobierno desplegó una agenda de obras. En la apertura de un congreso de ejecutivos de finanzas, Macri respaldó la política económica nacional y llamó a la colaboración entre el Estado y el sector privado, al tiempo que destacó que la Ciudad representa el 21% del producto bruto nacional. Entre las obras estratégicas mencionó la ampliación del Puente Labruna, la Autopista Parque Dellepiane y la futura línea F de subterráneos. La Ciudad busca mostrar gestión y previsibilidad para atraer inversiones.

El contexto político le agrega tensión a la escena. La reciente escalada de Javier Milei contra Mauricio Macri reavivó las diferencias entre La Libertad Avanza y el PRO, y colocó al jefe de Gobierno porteño en una posición delicada: sostener la sintonía con la Casa Rosada mientras el Presidente ataca al principal referente de su espacio. Jorge Macri queda en el medio de una pelea que no eligió.

La relación entre ambos dirigentes recorrió un péndulo. De la indiferencia inicial al gesto de acercamiento en el Tedeum de mayo, el vínculo entre Milei y el jefe de Gobierno fue cambiando de temperatura, siempre condicionado por la interna más amplia entre el oficialismo nacional y el PRO. Esa dinámica se proyecta hacia 2027, cuando ambos espacios deberán definir si compiten o convergen. El futuro del PRO porteño se juega en la relación con un Gobierno que lo tensiona.

El desafío para Macri es doble. Por un lado, debe administrar una Ciudad que resiente la caída del consumo y que reclama recursos; por el otro, debe posicionar al PRO como un socio con identidad propia, capaz de acompañar sin subordinarse. La publicación del documento partidario que separa la macroeconomía de la vida cotidiana fue un primer paso en esa dirección. El PRO quiere que se note la diferencia entre cooperar y desaparecer.

Los analistas señalan que la estrategia porteña busca capitalizar el desgaste de la gestión nacional sin romper con ella, en un juego de diferenciación controlada. La apuesta es mostrar gestión concreta —obras, seguridad, medidas de alivio— mientras se marca distancia en los temas que golpean el bolsillo de los vecinos. La diferenciación se ejerce en la economía cotidiana, no en la macro.

El Banco Ciudad aparece, en ese esquema, como una herramienta de gestión propia. Las iniciativas para reducir la carga de deuda de los hogares le permiten a Macri mostrar respuestas concretas frente a la retracción del consumo, sin depender de las decisiones de la Nación. La entidad financiera porteña se convierte en un instrumento de política económica local.

La agenda de infraestructura ocupa un lugar central en su estrategia de gestión. Las obras que mencionó —la ampliación del Puente Labruna, la Autopista Parque Dellepiane y la futura línea F de subterráneos— buscan mostrar una Ciudad que planifica a largo plazo y que apuesta a la inversión pública como motor de desarrollo. Ese despliegue le permite a Macri diferenciarse mostrando gestión concreta, más allá del ruido político. La obra pública es la vidriera que el jefe de Gobierno elige para mostrar resultados.

El desafío del consumo, sin embargo, condiciona todo el panorama. La retracción de la demanda golpea al comercio porteño, un sector clave para la economía de la Ciudad y para el empleo, y expone los límites de un modelo económico que ordena la macro pero todavía no reactiva el bolsillo. Las medidas del Banco Ciudad para aliviar el endeudamiento de los hogares apuntan justamente a ese frente. La reactivación del consumo es la asignatura pendiente que preocupa al comercio de la Ciudad.

La relación con la Nación se mueve en un delicado equilibrio. Macri necesita sostener la coordinación con las áreas nacionales de Infraestructura, Seguridad y Desarrollo Humano, pero al mismo tiempo debe defender los intereses porteños en la disputa por la coparticipación y marcar diferencias en los temas que golpean a los vecinos. Ese doble juego define su margen de acción. El jefe de Gobierno debe cooperar y confrontar con la Nación al mismo tiempo.

El horizonte electoral de 2027 sobrevuela cada decisión. El PRO porteño busca consolidar su identidad y su capacidad de gestión de cara a una competencia en la que deberá definir su relación con La Libertad Avanza. La escalada entre Milei y Mauricio Macri complica ese cálculo y obliga al jefe de Gobierno a moverse con cautela para no quedar atrapado en una pelea ajena. El futuro del PRO se juega en cómo administre su vínculo con un Gobierno que lo tensiona.

El peso económico de la Ciudad le da a Macri un margen de maniobra particular. Con un producto que representa el 21% del total nacional y una base de recursos propios más sólida que la de otras jurisdicciones, la administración porteña puede desplegar políticas de alivio y de inversión sin depender exclusivamente de la Nación. Esa autonomía relativa es la que le permite al jefe de Gobierno marcar diferencias en los temas que golpean a los vecinos sin romper con la Casa Rosada. La solidez fiscal de la Ciudad es el activo que sostiene la autonomía política de su gestión.

La relación con el sector privado completa la estrategia. Macri apuesta a la colaboración entre el Estado y las empresas para atraer inversiones y dinamizar la economía porteña, en un contexto en el que el consumo debilitado exige medidas concretas. La convocatoria a los ejecutivos de finanzas y el respaldo a la política económica nacional se inscriben en esa búsqueda de generar confianza y previsibilidad para los capitales. La articulación con el sector privado es la apuesta porteña para reactivar la economía local.

Con la macroeconomía nacional ordenada pero el consumo en baja, y con la interna entre Milei y Macri como telón de fondo, el jefe de Gobierno porteño transita un momento de definiciones. La Ciudad, que aporta uno de cada cinco pesos del producto nacional, busca su lugar en un escenario donde la sintonía con la Casa Rosada convive con la necesidad de defender lo propio. El resultado de ese equilibrio marcará el rumbo del PRO porteño de cara a los próximos años.

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