El kirchnerismo empuja a Cristina como candidata para vaciarle a Kicillof el armado nacional y prepara acto en San Vicente - Política y Medios
01-07-2026 - Edición Nº6725

INTERNA

El kirchnerismo empuja a Cristina como candidata para vaciarle a Kicillof el armado nacional y prepara acto en San Vicente

13:05 |La Cámpora acepta disputar una primaria contra el gobernador y busca colocar a la expresidenta en el centro de la escena. La estrategia apunta a forzar una definición judicial y a subordinar al kicillofismo.

En el kirchnerismo tienen un plan y no lo ocultan: quieren a Cristina Fernández de Kirchner en el centro de la escena. La estrategia que afina La Cámpora apunta a que la expresidenta encabece la fórmula presidencial y, por esa vía, ordene la discusión electoral del peronismo bajo su conducción. El objetivo político es tan claro como controvertido: recuperar la centralidad frente al ascenso de Axel Kicillof.

La jugada tiene una lectura que trasciende lo simbólico. Colocar a Cristina como candidata le permitiría al kirchnerismo "vaciarle" al gobernador el armado nacional que viene construyendo, según interpretó La Política Online. Con la expresidenta como figura excluyente, Kicillof quedaría subordinado a la conducción histórica del espacio, un escenario que su sector resiste con fuerza. La candidatura de Cristina funcionaría como techo político para las aspiraciones del gobernador.

El kirchnerismo, además, aceptó disputar una primaria contra Kicillof, un dato que reordena el tablero. El PJ prepara un acto en San Vicente para mostrar músculo y reafirmar la conducción, en una demostración de que el sector no está dispuesto a ceder terreno sin pelea, según consignó Ámbito. El acto busca poner en escena que la lapicera sigue en manos del kirchnerismo.

Detrás de la candidatura de la expresidenta hay, también, una apuesta de riesgo. En un acto en Parque Lezama, Máximo Kirchner reclamó que Cristina encabece la fórmula con una frase contundente: "Queremos tener a Cristina como candidata y no candidatos por default". La insistencia responde a una estrategia que busca forzar a la justicia electoral a explicitar una eventual inhabilitación de la exmandataria. La apuesta es convertir una restricción judicial en una bandera política.

El mecanismo es sofisticado. Si la justicia declara que Cristina no puede competir, el candidato presidencial pasaría a ser quien la acompañe como vice en la boleta, una figura elegida por el propio kirchnerismo. De ese modo, el sector conservaría la última palabra sobre la oferta electoral del peronismo, incluso sin la expresidenta en la cancha. La estrategia convierte la proscripción en un instrumento de conducción interna.

Del otro lado, el kicillofismo respondió con distancia. El ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, planteó que "este no es el año de las candidaturas" y que "es el año de las construcciones políticas", en declaraciones que reprodujo la prensa provincial. La frase marcó la separación del gobernador respecto de la línea de Máximo Kirchner y dejó en claro que Kicillof no acompaña la maniobra. El kicillofismo se corre del guion que le escribe el camporismo.

El resultado es un peronismo partido en dos, sin estrategia común y con una pelea de aparatos que consume su energía política. Mientras el kirchnerismo apuesta a Cristina y el kicillofismo reclama "construcción", el espacio no logra ofrecer una alternativa articulada frente al Gobierno nacional. La disputa interna le dejó servido el terreno a La Libertad Avanza.

El costo de la pelea se siente en el interior del país. El senador Sergio Uñac, que recorre las provincias con su proyección federal, planteó la necesidad de un peronismo "de soluciones" y reclamó que el espacio "vuelva a escuchar, vuelva a caminar y ofrecer respuestas concretas", en declaraciones que recogió la prensa. Desde las provincias crece la impaciencia con una interna que consideran ajena y autodestructiva.

La estrategia kirchnerista de forzar una definición judicial introduce, además, un factor de imprevisibilidad. El resultado depende de decisiones que exceden a la propia interna partidaria, lo que mantiene en vilo al peronismo y le impide ordenar su oferta electoral mientras la situación de su principal figura no se resuelva. La suerte del peronismo bonaerense quedó atada a un fallo que nadie controla.

Analistas políticos advierten que la apuesta tiene un doble filo. Si bien colocar a Cristina en el centro moviliza al núcleo duro del kirchnerismo, también profundiza la fractura con el kicillofismo y con el peronismo federal, que reclaman una renovación de liderazgos. La misma jugada que ordena a un sector desordena al conjunto.

La estrategia kirchnerista se apoya en una lectura del electorado propio. En La Cámpora sostienen que el núcleo duro del peronismo se moviliza detrás de la figura de Cristina y que ninguna candidatura alternativa genera el mismo entusiasmo. Bajo esa premisa, colocar a la expresidenta al frente de la fórmula sería la única forma de garantizar la movilización del voto peronista más fiel. El cálculo del camporismo se basa en que sin Cristina no hay épica que movilice a la militancia.

El kicillofismo, en cambio, apuesta a un electorado más amplio. El gobernador construye su perfil sobre la base de la gestión y busca interpelar a sectores que no responden automáticamente al kirchnerismo, con la idea de que el peronismo necesita ampliar su base para volver a ser competitivo. Esa diferencia de estrategias electorales está en el corazón de la disputa. Los dos sectores no solo pelean por candidaturas, sino por dos formas distintas de entender el electorado.

El acto en San Vicente adquiere, en ese marco, un valor de demostración de fuerzas. El kirchnerismo busca mostrar capacidad de movilización y reafirmar que conserva la conducción del espacio, en una señal dirigida tanto al kicillofismo como al conjunto del peronismo. La respuesta del gobernador y de su tropa será clave para medir el estado real de la interna. Cada acto se transforma en una medición de músculo dentro del propio peronismo.

El peronismo del interior observa la escena con distancia. Dirigentes de las provincias reclaman que el espacio deje atrás la pelea de aparatos y ofrezca una alternativa de gestión frente al Gobierno nacional, en lugar de consumir su energía en la interna bonaerense. Esa demanda expone la brecha entre el conurbano y el resto del país. Desde las provincias insisten en que la interna bonaerense le hace perder tiempo a todo el movimiento.

La apuesta por la candidatura de la expresidenta también tiene riesgos para el propio kirchnerismo. Atar la estrategia electoral a una definición judicial coloca al espacio en una posición de dependencia respecto de decisiones que no controla, y puede dejarlo sin margen de maniobra si el escenario no se resuelve como espera. La jugada, sofisticada en el papel, expone al peronismo a una incertidumbre prolongada que dificulta la construcción de una alternativa. La estrategia de la proscripción como bandera puede volverse un búmeran para el propio kirchnerismo.

El trasfondo de la disputa es la conducción del peronismo del futuro. Detrás de la pelea por las candidaturas se juega quién ordenará el espacio en la era pos-Cristina, un interrogante que enfrenta a la conducción histórica con los liderazgos emergentes. Kicillof representa una de esas alternativas, pero no la única, y el desenlace de la interna definirá el mapa de poder del principal movimiento opositor. La verdadera disputa no es por 2027, sino por quién hereda la conducción del peronismo.

Con La Cámpora empujando la candidatura de la expresidenta, el PJ preparando su acto y Kicillof aceptando la posibilidad de una interna, el peronismo bonaerense transita su momento más tenso en años. La definición sigue en suspenso, atada a la pelea de aparatos y a los tiempos de la justicia. Lo único claro, por ahora, es que la unidad quedó, otra vez, para más adelante.

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