El Mercosur se tensa entre los aranceles de Estados Unidos y un nuevo acuerdo con Japón que reordena el tablero - Política y Medios
30-06-2026 - Edición Nº6724

MUNDO

El Mercosur se tensa entre los aranceles de Estados Unidos y un nuevo acuerdo con Japón que reordena el tablero

16:30 |La cumbre de Asunción quedó marcada por la preocupación de Brasil con la apertura argentina hacia Estados Unidos y por el anuncio de negociaciones con Japón. El pedido argentino de ingresar al pacto transpacífico abrió un interrogante inédito.

La cumbre del Mercosur en Asunción dejó al descubierto las tensiones que atraviesan al bloque regional y que amenazan con paralizar su agenda. El encuentro estuvo dominado por la preocupación de Brasil ante la apertura comercial de la Argentina hacia Estados Unidos y por una serie de movimientos que reordenan el tablero del comercio sudamericano. El bloque enfrenta su momento de mayor tensión interna en años, con socios que tiran para lados distintos.

El eje del debate fue la inquietud de la diplomacia brasileña por las posibles distorsiones comerciales derivadas de la eliminación argentina de aranceles sobre más de 1.600 productos estadounidenses, una medida adoptada en febrero. Brasilia sostiene que cualquier alianza estratégica de un socio con Estados Unidos debe compatibilizarse con la política arancelaria común del Mercosur. Para Brasil, la apertura unilateral de la Argentina hacia Washington rompe las reglas del juego que el bloque se dio a sí mismo.

A esa fricción se sumó un movimiento de fondo: la formalización del pedido argentino de ingreso al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), un esquema de comercio que agrupa a economías de la cuenca del Pacífico. La solicitud abrió, según los analistas, una pregunta geopolítica inédita sobre la compatibilidad de ese paso con las reglas del Mercosur. La Argentina mira hacia el Pacífico, mientras el bloque la mira con recelo por ese giro.

En paralelo, Brasil anunció el inicio de negociaciones para un acuerdo Mercosur–Japón, una jugada que en la diplomacia argentina interpretan como una maniobra para reducir el atractivo de un ingreso individual de la Argentina y Uruguay al pacto transpacífico. El bloque respondió a la tentación pacífica de algunos de sus socios con su propia ofensiva hacia Asia.

El telón de fondo de toda la discusión es el comercio global y el reacomodamiento de las potencias. La política arancelaria de Estados Unidos, que reordenó las relaciones comerciales de buena parte del mundo, condiciona las estrategias de los países de la región y obliga al Mercosur a definir su posición frente a Washington. El bloque quedó atrapado entre la presión de alinearse con Estados Unidos y la necesidad de sostener su autonomía comercial.

Para la Argentina, el Mercosur sigue siendo un socio comercial central pese a la retórica aperturista del Gobierno de Javier Milei. El monitoreo del acuerdo con la Unión Europea, la negociación con Japón y la discusión sobre el arancel externo común son temas que impactan de lleno en la producción y las exportaciones nacionales. Mientras el Gobierno busca diversificar socios, buena parte de las ventas industriales argentinas sigue dependiendo del bloque regional.

La ausencia de Milei en la cumbre agregó un componente simbólico a las tensiones. El Presidente no viajó a Asunción y delegó la representación en la Cancillería, en una decisión que el Gobierno justificó por la transición en la Jefatura de Gabinete pero que la diplomacia regional leyó como un desplante. El faltazo presidencial profundizó la sensación de que la Argentina mira al Mercosur con distancia.

El Mercosur, fundado en 1991, atravesó distintas etapas de integración y de crisis, pero rara vez enfrentó una tensión interna tan marcada por las diferencias ideológicas entre sus principales socios. La relación entre la Argentina y Brasil, históricamente el eje del bloque, condiciona toda la dinámica regional: cuando Buenos Aires y Brasilia coordinan, el Mercosur avanza; cuando chocan, la agenda se paraliza. La actual fricción entre Milei y Lula se inscribe en esa lógica de fondo. La salud del bloque depende, como siempre, de la sintonía entre sus dos socios mayores.

Distintos especialistas en comercio internacional advierten sobre los riesgos de tensar la cuerda con los socios regionales. La sobreexposición del conflicto con Brasil, sostienen, puede debilitar la posición negociadora argentina en foros donde se definen aranceles, cuotas y reglas de origen que afectan a la industria local. El riesgo, señalan, es que la pelea ideológica termine costándole mercados a la producción nacional.

El Gobierno, en cambio, defiende la estrategia de diversificación como la mejor opción para una economía que quiere abrirse al mundo. La mirada hacia Estados Unidos y hacia el Pacífico es presentada como una forma de ampliar los horizontes comerciales más allá de un bloque que el oficialismo considera anquilosado. Para la Casa Rosada, el futuro del comercio argentino está más en el Pacífico que en el Mercosur.

La discusión de fondo, que excede a esta cumbre, es si la Argentina puede sostener simultáneamente su pertenencia al Mercosur y su acercamiento a esquemas de comercio que el propio bloque mira con desconfianza. El país enfrenta una disyuntiva estratégica que definirá su inserción internacional en los próximos años.

El saldo de Asunción es, por ahora, de tensión sin resolución. El bloque cumplió con el traspaso de la presidencia pro témpore, pero lo hizo en medio de fricciones que amenazan con bloquear su agenda. El Mercosur quedó en una encrucijada entre la integración que pregona y las estrategias divergentes de sus socios.

Lo que viene será una prueba para la diplomacia regional. La forma en que la Argentina, Brasil y el resto de los socios administren las tensiones comerciales definirá si el bloque logra reordenarse o si profundiza su parálisis. El futuro del Mercosur se juega en la capacidad de sus miembros de encontrar un rumbo común en un mundo que se reacomoda.

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