Las declaraciones de Pichetto cayeron como un bálsamo en el entorno de la exmandataria, donde se evalúa con urgencia su postulación legislativa. La estrategia del peronismo no solo apunta a la vía judicial de la Corte Suprema, sino a articular mayorías en el Congreso para redefinir tipos penales abstractos. Desde el bloque opositor consideran que el delito de administración fraudulenta posee escalas que pueden ser revisadas bajo la óptica del derecho penal internacional y la jurisprudencia moderna.
Para el núcleo duro del justicialismo, consolidar la postulación de la dos veces presidenta resulta indispensable para frenar el avance de la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos. Los operadores del espacio argumentan que proscribir a la principal figura opositora de la provincia de Buenos Aires dinamitaría la paz social y la alternancia democrática. La viabilidad del plan de Pichetto requiere, sin embargo, de acuerdos transversales con sectores del radicalismo y bloques provinciales que miren con recelo el proceso.
En paralelo, los equipos de defensa técnica ultiman los detalles del recurso extraordinario que presentarán ante el máximo tribunal del país para denunciar vicios en el debido proceso. Las espadas jurídicas del kirchnerismo sostienen que el tribunal de casación aplicó criterios políticos arbitrarios que no se sostienen con las pruebas recolectadas en las auditorías de obra pública. El principal objetivo de corto plazo es estirar los tiempos procesales para que la sentencia no quede firme antes del cierre de listas electorales.
La discusión legislativa en torno a las reformas del Código Penal promete convertirse en el principal foco de conflicto parlamentario durante las próximas semanas. Los sectores más alineados con el Gobierno nacional ya salieron a cruzar con dureza la propuesta de Pichetto, tildándola de "traje a medida de la impunidad". No obstante, el peronismo confía en que el temor a un precedente judicial que persiga a futuros gobernantes actúe como un elemento de cohesión interna en las cámaras.
El desenlace de esta batalla determinará el mapa de poder político con vistas a los próximos comicios legislativos y presidenciales. El justicialismo unificado se juega su supervivencia electoral detrás de la suerte de su jefa natural, buscando transformar un revés tribunalicio en una bandera de campaña. Mientras tanto, las conversaciones subterráneas en los pasillos del Palacio del Congreso continúan activas, en un intento contrarreloj por cambiar las reglas del juego penal antes de que sea tarde.