Se le escapa el dólar a Caputo: el oficial se arrima a los $1.500 y acumula una suba del 5% en junio - Política y Medios
27-06-2026 - Edición Nº6721

DÓLAR

Se le escapa el dólar a Caputo: el oficial se arrima a los $1.500 y acumula una suba del 5% en junio

18:00 |La divisa encadenó una semana de aumentos en todas sus cotizaciones y le mete presión al objetivo inflacionario del Gobierno. Con la inflación de junio proyectada por debajo de la suba del tipo de cambio, los analistas advierten por un cambio de dinámica.

El dólar volvió a ser protagonista de la agenda económica y le complica los planes al ministro de Economía, Luis Caputo. La divisa encadenó una semana de aumentos en todas sus cotizaciones y acumula una suba cercana al 5% en lo que va de junio, una dinámica que le mete presión al objetivo inflacionario del Gobierno. El dólar oficial se arrima a los 1.500 pesos, mientras las cotizaciones financieras y paralelas también muestran tensión. La escalada del dólar reabre el frente que el Gobierno creía haber ordenado, y vuelve a poner en duda la estabilidad cambiaria.

Los números reflejan la presión. De acuerdo con los datos relevados, el dólar oficial se ubicó en torno a los 1.495 pesos, el blue en 1.520, el MEP en 1.507, el contado con liquidación en 1.552 y el dólar digital por encima de los 1.554 pesos. La suba fue generalizada y sostenida durante toda la semana. El alza no se concentró en una sola plaza: todas las cotizaciones se movieron al alza, una señal de presión amplia sobre la demanda de divisas.

El dato más preocupante para el Gobierno es la relación entre el dólar y la inflación. La inflación de junio se proyecta entre 1,9% y 2,1%, es decir, por debajo de la suba del tipo de cambio en el mismo período. Ese cruce representa un cambio en la dinámica de los últimos meses, en los que el dólar se había mantenido relativamente contenido. Que el dólar suba más que los precios es una alerta para un Gobierno que basó su programa en el ancla cambiaria.

La escalada amenaza con complicar el objetivo inflacionario. El Gobierno de Javier Milei ya dejó atrás hace meses la meta de inflación que había propuesto en el Presupuesto 2026, y la presión cambiaria agrega un factor de riesgo adicional. Si el dólar sigue trepando, la traslación a precios podría poner en jaque la desaceleración inflacionaria que el oficialismo exhibe como su principal logro. La corrida cambiaria es la mayor amenaza para el relato de éxito económico que el Gobierno lleva incluso a sus giras internacionales.

El contexto financiero no ayuda. La calificadora MSCI decidió mantener a la Argentina como mercado standalone, la categoría más baja de su clasificación, y no abrió ningún proceso formal para evaluar un ascenso. Según consultoras del mercado, la próxima ventana posible para una mejora recién aparecería hacia 2028. La falta de un horizonte de mejora en la calificación de mercado le quita al país una herramienta clave para atraer inversiones y dólares.

El calendario de deuda agrega presión. Entre lo que resta de 2026 y todo 2027, el país debe afrontar unos USD 30.700 millones de deuda en moneda extranjera con privados, el FMI y el Club de París. Ese compromiso exige una generación de divisas que, con el dólar bajo presión y las reservas en discusión, no está garantizada. La pared de vencimientos en dólares vuelve más urgente la necesidad de acumular reservas, justo cuando el tipo de cambio se tensiona.

Para los analistas, el cuadro plantea un dilema. El economista y los especialistas del mercado advierten que el esquema cambiario enfrenta tensiones crecientes y que la sostenibilidad del programa depende de la capacidad del Gobierno de acumular reservas y de generar confianza. El diagnóstico del mercado es prudente pero claro: el esquema funciona mientras haya dólares, y los dólares hoy escasean.

El Gobierno, por su parte, sostiene que la situación está bajo control y que el programa de estabilización dará sus frutos. El propio Milei, desde España, defendió su política económica y aseguró que el ajuste fiscal demostró ser el camino correcto. Sin embargo, esa lectura optimista convive con indicadores que muestran tensión. El discurso oficial del éxito convive con un dólar que sube, una inflación que se corrige al alza y una calificación de mercado que no mejora.

La discusión de fondo, como siempre en la economía argentina, es la de los dólares. El diagnóstico que comparten economistas de distintas extracciones es que el problema estructural del país es la escasez de divisas, y que ningún esquema cambiario es sostenible sin una generación genuina de dólares. Vaca Muerta y el agro aparecen como las grandes apuestas para resolver ese déficit. El dilema argentino sigue siendo el mismo de siempre: sin dólares genuinos, cualquier esquema cambiario es una bomba de tiempo.

El esquema cambiario vigente, basado en bandas, fue diseñado para dar previsibilidad y contener la volatilidad. Sin embargo, la presión de las últimas semanas puso a prueba ese andamiaje y volvió a instalar la discusión sobre su sostenibilidad. La tensión entre el objetivo de estabilidad y la realidad de la demanda de dólares es el corazón del problema. El esquema de bandas funciona mientras la demanda de dólares se mantiene contenida; cuando esa demanda se acelera, el andamiaje cruje.

La dinámica de precios relativos es otro factor de preocupación. Que el dólar suba por encima de la inflación implica una corrección del atraso cambiario que muchos analistas venían señalando, pero también introduce el riesgo de que esa suba se traslade a los precios y reavive la inflación. El equilibrio es delicado. La corrección del tipo de cambio puede ser necesaria, pero corre el riesgo de encender la inflación que el Gobierno dice haber domado.

El rol de las reservas es central en este escenario. Para contener al dólar sin agotar su poder de fuego, el Gobierno necesita acumular divisas, una tarea que la propia presión cambiaria complica. La generación de dólares genuinos, vía exportaciones, aparece como la única salida sostenible frente a un esquema que depende de las reservas. Sin reservas robustas, cada intervención para contener el dólar consume el poco margen que le queda al Gobierno.

El diagnóstico de fondo que comparten economistas de distintas extracciones es conocido. El problema estructural de la Argentina es la escasez crónica de divisas, y ningún esquema cambiario resulta sostenible sin una generación genuina de dólares. Vaca Muerta y el agro aparecen, una vez más, como las grandes apuestas para resolver ese déficit histórico. El dilema argentino se repite: sin dólares genuinos, cualquier programa cambiario termina, tarde o temprano, bajo presión.

El comportamiento del dólar es, en la economía argentina, mucho más que una variable financiera: es un termómetro de la confianza. Cada movimiento del tipo de cambio se lee como una señal sobre las expectativas de los agentes económicos, y una escalada sostenida suele interpretarse como una pérdida de confianza en el rumbo. Por eso el Gobierno sigue su evolución con tanta atención. En la Argentina, el dólar funciona como un barómetro de la confianza, y su escalada enciende alarmas que exceden lo estrictamente cambiario.

La relación entre el tipo de cambio y la inflación, además, es uno de los nudos del programa económico. El esquema oficial se apoyó en buena medida en el ancla cambiaria para desacelerar los precios, de modo que una suba del dólar por encima de la inflación pone en cuestión esa estrategia. La traslación a precios es el riesgo que el Gobierno busca evitar. El ancla cambiaria fue la herramienta central del Gobierno contra la inflación, y la escalada del dólar amenaza con soltarla.

El contexto internacional tampoco juega a favor. La decisión de las calificadoras de mantener al país en categorías bajas y la dificultad para acceder a financiamiento externo limitan las herramientas con las que el Gobierno cuenta para contener la presión. La generación de divisas genuinas aparece, una vez más, como la única salida sólida. Sin acceso fluido al financiamiento externo, el Gobierno depende de las exportaciones para conseguir los dólares que el esquema necesita.

El saldo deja al Gobierno con un frente cambiario reabierto en una semana ya complicada por la crisis de gabinete. La escalada del dólar, la corrección de la inflación al alza y la falta de mejora en la calificación de mercado configuran un cuadro de presión sobre el programa económico. Caputo enfrenta el desafío de contener al dólar sin quemar reservas, una ecuación difícil que definirá la suerte del plan económico en los próximos meses.

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