Mientras el peronismo bonaerense se desgasta en su interna, el senador y exgobernador de San Juan Sergio Uñac avanza con un proyecto que busca ofrecer una salida distinta: una construcción presidencial de cara a 2027 con eje en el federalismo, las economías regionales y una conducción renovada. El dirigente sanjuanino, que ya confirmó su precandidatura, viene recorriendo el país y reuniendo a referentes del peronismo provincial para darle forma a un armado que excede a la pelea del conurbano. Uñac apuesta a capitalizar el cansancio del interior con una propuesta que se presenta como alternativa a la guerra de aparatos de Buenos Aires.
El lanzamiento de su candidatura tuvo un tono de definición personal. Uñac contó que tomó "la decisión de ser candidato a presidente" y la describió como "una decisión unilateral y personal", según reprodujo Letra P. Con esa fórmula, el sanjuanino buscó dejar en claro que su proyecto no nace de un acuerdo de cúpula ni de una bendición externa, sino de una resolución propia. El exgobernador se plantó como un dirigente que decide por sí mismo, en abierto contraste con la lógica de tutelas que domina al peronismo.
El mensaje central de su construcción es la necesidad de renovar la conducción del espacio. Uñac sostuvo que el peronismo "tiene que discutir una nueva conducción", una definición que sintoniza con el reclamo de los gobernadores e intendentes del interior que se sienten marginados de las decisiones. El planteo de Uñac es directo: el peronismo no puede seguir conducido por los mismos nombres que lo llevaron a la derrota y a la fragmentación.
La relación con el kirchnerismo es un punto central de su estrategia. Si bien cuenta con apoyo de sectores vinculados a Cristina Fernández de Kirchner, Uñac se ocupó de marcar su autonomía. "No tengo patrón", afirmó, en una frase que resume su voluntad de competir sin subordinarse a ninguna tutela. El sanjuanino busca el respaldo del cristinismo sin quedar atrapado en su órbita, una ecuación delicada que define buena parte de su viabilidad.
Uñac tampoco esquivó la disputa interna. El exgobernador identificó a Axel Kicillof como un "rival directo" dentro del espacio, dejando en claro que su proyecto compite por el mismo electorado que el del gobernador bonaerense. Al señalar a Kicillof como adversario, Uñac asumió que la pelea por la conducción peronista será también una pelea entre el modelo bonaerense y una alternativa federal.
El dirigente sanjuanino además hizo política con el escenario opositor. Uñac ratificó su precandidatura y predijo que Mauricio Macri competirá en 2027, y se preguntó: "¿Cuál sería el final del PRO?", según consignó Infobae. El exgobernador se anima a leer el tablero completo, anticipando reacomodamientos no solo en el peronismo sino también en la oposición de derecha.
La apuesta de Uñac tiene un sustento territorial. El sanjuanino reunió a referentes del peronismo de su provincia e inició una etapa de construcción política orientada a 2027, centrada en el federalismo y en la defensa de las economías regionales, los temas que mejor expresan la mirada del interior productivo. El federalismo no es para Uñac un eslogan: es el eje sobre el que pretende diferenciarse de un peronismo percibido como demasiado centrado en Buenos Aires.
Para los analistas, la irrupción de Uñac responde a una demanda concreta. El peronismo del interior viene reclamando una conducción que no esté monopolizada por la interna porteña, y el sanjuanino aparece como uno de los pocos dirigentes dispuestos a ocupar ese lugar. Uñac llena, al menos discursivamente, el vacío que dejan Cristina y Kicillof enredados en su propia pelea.
Los desafíos, sin embargo, son enormes. Construir una candidatura presidencial desde una provincia chica, sin el aparato del conurbano y sin el respaldo pleno de la conducción nacional, es una tarea cuesta arriba. Uñac deberá demostrar que su proyecto federal puede traducirse en estructura y en votos más allá del discurso. El sanjuanino tiene el relato de la renovación; le falta probar que ese relato puede convertirse en una maquinaria electoral competitiva.
El escenario, de todos modos, le juega a favor en un punto: el desgaste de los protagonistas de la interna bonaerense. Cuanto más se pelean Cristina, Máximo y Kicillof, más espacio se abre para una alternativa que se presente como superadora. Uñac apuesta a que el hartazgo con la guerra de aparatos termine empujando a buena parte del peronismo hacia una propuesta federal como la suya.
La construcción de Uñac se apoya en su experiencia de gestión provincial. Como exgobernador de San Juan, el dirigente puede exhibir una trayectoria ejecutiva que lo diferencia de quienes hacen carrera exclusivamente en la rosca partidaria. Esa credencial de gestión es uno de los activos con los que busca legitimar su aspiración nacional. El sanjuanino se presenta como un dirigente de gestión, una carta que intenta jugar frente a una dirigencia percibida como atrapada en la pelea interna.
El énfasis en las economías regionales es otro de los pilares de su propuesta. Uñac plantea que el peronismo debe recuperar una mirada que ponga en el centro al interior productivo, a las economías regionales y al federalismo, en contraposición a un esquema que, según los críticos, mira casi exclusivamente al conurbano. La apuesta de Uñac por las economías regionales busca conectar con un electorado que se siente ignorado por la conducción centrada en Buenos Aires.
La relación con el cristinismo, sin embargo, es un equilibrio delicado. Uñac cuenta con apoyo de sectores vinculados a Cristina Fernández de Kirchner, pero al mismo tiempo se ocupa de marcar autonomía para no quedar encasillado como un candidato de la conducción tradicional. Ese doble juego define buena parte de su viabilidad política. El desafío de Uñac es conseguir el respaldo del cristinismo sin convertirse en su rehén, una ecuación que pocos dirigentes lograron resolver.
La competencia con Kicillof, a quien señaló como rival directo, ordena el escenario de la interna. Ambos disputan el mismo espacio y la misma aspiración, aunque con bases territoriales y estilos distintos. El gobernador bonaerense aporta el peso del distrito más grande; el sanjuanino, la bandera del federalismo. La pelea entre Uñac y Kicillof anticipa una interna peronista que enfrentará dos modelos: el del aparato bonaerense y el de la construcción federal.
La apuesta de un dirigente del interior por la presidencia tiene precedentes en la historia política argentina, donde gobernadores provinciales lograron proyectarse a la escena nacional. Esa tradición le da a la candidatura de Uñac un marco de referencia, aunque el contexto actual del peronismo plantea condiciones particulares. La historia muestra que el interior puede dar presidentes, pero también que el camino desde una provincia chica hasta la Casa Rosada es largo y exigente.
El sanjuanino deberá, además, construir alianzas más allá de su provincia. Un proyecto presidencial requiere de una red de apoyos territoriales que excede a cualquier distrito individual, y Uñac apuesta a tejer esa red con referentes del peronismo provincial de distintas regiones. La velocidad con que logre esa construcción será decisiva. El desafío de Uñac es transformar una candidatura personal en un armado nacional, una tarea que requiere sumar voluntades en todo el país.
El contexto del peronismo, paradójicamente, le abre una ventana. El desgaste de la interna bonaerense y el reclamo del interior por una conducción renovada crean un espacio que una figura como la suya puede ocupar. Su éxito dependerá de su capacidad de capitalizar ese hartazgo y de ofrecer una alternativa creíble. El cansancio con la guerra de aparatos es la mejor oportunidad de Uñac, siempre que logre convertir el descontento en respaldo concreto.
El saldo, por ahora, es el de una candidatura en construcción que ya logró instalarse en la conversación nacional. Uñac dejó de ser un nombre del interior para convertirse en una referencia de la discusión sobre el futuro del peronismo. Si logra capitalizar el cansancio del interior y sostener su autonomía, el sanjuanino puede transformarse en el gran articulador de una alternativa federal de cara a 2027.