El peronismo del interior se cansa de la guerra Cristina–Kicillof: "No somos una alternativa" - Política y Medios
27-06-2026 - Edición Nº6721

INTERNA

El peronismo del interior se cansa de la guerra Cristina–Kicillof: "No somos una alternativa"

13:00 |La pelea entre los Kirchner y el gobernador bonaerense empezó a generar preocupación más allá de la Provincia. Dirigentes del peronismo federal advierten que la interna destruye la posibilidad de presentar una oposición creíble frente a Milei.

La interna entre el clan Kirchner y Axel Kicillof dejó de ser un problema bonaerense para convertirse en una preocupación nacional dentro del peronismo. Según consignó Infobae, en el peronismo del interior crece la inquietud por una pelea que, lejos de resolverse, escala semana a semana y deja al espacio sin un relato común frente al Gobierno de Javier Milei. La síntesis del malestar quedó condensada en una frase que circuló entre dirigentes provinciales: "No somos una alternativa". El diagnóstico del peronismo federal es demoledor: mientras la interna porteña y bonaerense consume todo el oxígeno, el espacio se queda sin proyecto.

La preocupación tiene fundamentos concretos. La disputa entre Cristina Fernández de Kirchner, Máximo Kirchner y Kicillof gira casi exclusivamente en torno al control del aparato bonaerense, la conformación de las listas y el reparto de poder de cara a 2027. En esa pelea, las provincias del interior se sienten espectadoras de un conflicto que no las representa y que, sin embargo, las arrastra. Los gobernadores e intendentes del interior peronista observan cómo Buenos Aires define la agenda de todo el espacio, y cómo esa agenda es la de una guerra de aparatos.

El reclamo de fondo es por una conducción y un proyecto. Distintos dirigentes del peronismo federal vienen planteando, en declaraciones a diversos medios, que el espacio necesita discutir una renovación que exceda a los protagonistas de la interna porteña. El peronismo del interior pide una mesa nacional que no esté monopolizada por la pelea entre Cristina y Kicillof, pero esa mesa, por ahora, no existe.

La figura que aparece como canalizadora de ese malestar es la de Sergio Uñac. El exgobernador de San Juan lanzó su candidatura presidencial para 2027 y planteó que el peronismo "tiene que discutir una nueva conducción", un mensaje que sintoniza con la inquietud del interior. Uñac se mostró dispuesto a construir un proyecto federal y aclaró que no responde a tutelas: "No tengo patrón", afirmó, según reprodujo la prensa. La irrupción de Uñac expresa el cansancio de un sector que ya no quiere subordinar su destino a la interna del conurbano.

El problema es que la pelea bonaerense tiene una capacidad de absorción enorme. Cada gesto de Máximo Kirchner, cada silencio de Kicillof y cada acto por Cristina ocupan la centralidad de la agenda peronista, desplazando cualquier intento de discusión nacional. La interna no solo divide: coloniza la conversación de todo el espacio, y deja sin lugar a las voces que vienen de afuera de Buenos Aires.

Para los analistas, el cuadro es paradójico. El peronismo enfrenta a un Gobierno que atraviesa una crisis de gabinete, con la renuncia de Manuel Adorni, y una economía bajo presión, con el dólar en alza y la inflación corrigiéndose hacia arriba. Es decir, un escenario propicio para una oposición que ofrezca alternativa. Sin embargo, la interna lo inhabilita para aprovechar ese momento. El peronismo tiene enfrente la oportunidad de mostrarse como recambio, pero la desperdicia peleándose por quién manda adentro.

El propio diagnóstico del interior —"no somos una alternativa"— funciona como una autocrítica brutal. Reconoce que el espacio no está en condiciones de disputarle el poder a Milei mientras se desangra en su pelea interna. La frase no es una crítica de los adversarios: es la admisión, desde adentro, de que el peronismo perdió la capacidad de ofrecerse como opción de gobierno.

La interna, además, tiene un costo electoral concreto. En las provincias donde el peronismo gobierna o aspira a hacerlo, la pelea nacional contamina los armados locales y dificulta la construcción de candidaturas competitivas. La guerra de Buenos Aires se filtra en cada distrito, y los dirigentes del interior pagan en sus territorios una factura que no les corresponde.

La salida que plantean los sectores preocupados pasa por dos vías: o la interna se ordena en una competencia institucional clara —las PASO que el propio kicillofismo mencionó— o el espacio se fractura entre quienes responden a la conducción kirchnerista y quienes buscan una conducción federal. Ninguna de las dos opciones está cerrada, y ambas dependen de decisiones que los protagonistas aún no tomaron. El peronismo del interior reclama definiciones, pero las definiciones siguen rehenes de la pelea que las paraliza.

La preocupación del interior tiene una base territorial concreta. En las provincias donde el peronismo gobierna, los mandatarios enfrentan la necesidad de construir competitividad electoral sin quedar atrapados en la lógica de la interna porteña. Esa tensión entre la agenda local y la pelea nacional atraviesa a buena parte de los dirigentes del interior. Los gobernadores e intendentes del interior necesitan un peronismo que los ayude a ganar en sus distritos, no uno que les exporte una pelea que no es la suya.

El reclamo por una conducción federal no es solo una cuestión de nombres, sino de mirada. Los dirigentes del interior plantean que el espacio necesita una agenda que ponga en el centro a las economías regionales, el federalismo y el desarrollo productivo, temas que sienten relegados por una conducción centrada en el conurbano. El interior no reclama solo otra cara: reclama otra agenda, una que lo deje de tratar como un apéndice de Buenos Aires.

La irrupción de figuras como Sergio Uñac responde justamente a ese vacío. El sanjuanino se presenta como una alternativa que canaliza el malestar del interior y que propone una construcción federal por fuera de la interna porteña. Su candidatura es, en buena medida, un síntoma de la insatisfacción que recorre al peronismo provincial. La candidatura de Uñac es la traducción electoral de un malestar que venía buscando quién lo representara.

El contexto, además, vuelve más urgente la discusión. El Gobierno de Milei atraviesa una crisis de gabinete y una economía bajo presión, un escenario que cualquier oposición ordenada sabría aprovechar. La parálisis del peronismo, en ese marco, se vuelve doblemente costosa. La oportunidad histórica de pararse como alternativa está sobre la mesa, y el peronismo la deja pasar enredado en su propia pelea.

El federalismo, históricamente, fue una bandera del peronismo, pero en los hechos la conducción del espacio se concentró en buena medida en el área metropolitana de Buenos Aires. Esa tensión entre el discurso federal y la práctica centralista atraviesa al movimiento desde hace décadas y vuelve a aparecer en la disputa actual. El reclamo del interior reedita una vieja contradicción del peronismo: predica el federalismo pero decide en el conurbano.

La fragmentación del espacio tiene, además, consecuencias institucionales. Sin una conducción reconocida, el peronismo enfrenta dificultades para fijar una posición unificada en el Congreso, para coordinar a sus gobernadores y para construir una narrativa común frente al Gobierno. Esa dispersión debilita su capacidad de incidencia. La falta de una conducción clara no es solo un problema electoral: erosiona la capacidad del peronismo de actuar como una fuerza coherente.

El escenario, sin embargo, no está clausurado. La posibilidad de ordenar la competencia a través de internas abiertas, mencionada incluso por sectores del propio peronismo, aparece como una vía para canalizar la disputa sin fracturar el espacio. La decisión, una vez más, depende de la voluntad de los protagonistas. Las internas abiertas podrían ser la salida institucional a una pelea que, librada a la pulseada de aparatos, amenaza con romper al espacio.

El saldo, por ahora, es de frustración. Un espacio que tiene enfrente a un Gobierno en crisis no logra capitalizarlo porque está demasiado ocupado en su propia disputa. La advertencia del interior —"no somos una alternativa"— es, al mismo tiempo, un diagnóstico y un pedido de auxilio. Mientras el peronismo no resuelva quién conduce y para qué, la oportunidad que le ofrece la crisis del oficialismo seguirá pasando de largo.

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