El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la inflación de mayo de 2026 fue del 2,1% mensual, el registro más bajo de los últimos ocho meses. El dato confirmó una tendencia de desaceleración que ya se había insinuado en abril, cuando el índice había marcado 2,6%: mayo se transformó así en el segundo mes consecutivo con una suba de precios menor a la del mes anterior.
Pese a la mejora relativa, los números acumulados siguen mostrando el peso de la inflación sobre la economía cotidiana. En los primeros cinco meses de 2026, los precios acumularon una suba del 14,7%, mientras que la variación interanual llegó al 33,2%. Es decir, más allá de que el ritmo mensual baja, la base de comparación sigue siendo extremadamente alta: un tercio de aumento de precios en los últimos doce meses es la métrica que mejor explica por qué la desaceleración no necesariamente se traduce, todavía, en alivio para el bolsillo.
Por rubros, el informe del INDEC detalló que Comunicación fue la categoría que más subió en mayo, con un alza del 3,4%, seguida por Educación, con un 2,9%. En el otro extremo, los aumentos más moderados se registraron en Bebidas alcohólicas y tabaco, con 0,8%, y en Prendas de vestir y calzado, con apenas 0,3%.
De cara a los próximos meses, el mercado proyecta una inflación interanual del 30,5% para diciembre de 2026, con una trayectoria de baja que continuaría en los años siguientes: 19,9% para 2027 y 13,9% para 2028. Son proyecciones que, de cumplirse, alejarían a la Argentina de los registros de inflación de tres dígitos que caracterizaron buena parte de los últimos años, aunque todavía la ubicarían lejos de los promedios de la región.
El mismo 24 de junio en que se conocía el dato de mayo, el ministro de Economía, Luis Caputo, participó del BATEV 2026, la Exposición Internacional de la Construcción y la Vivienda que se desarrolla en La Rural, y aprovechó el escenario para hacer un balance optimista de la situación cambiaria. "Hoy hay dólares para todos", afirmó el ministro, en una de las definiciones centrales de su exposición.
Caputo fue más allá y planteó una caracterización de fondo sobre el funcionamiento de la economía argentina: "Este es un modelo liderado por las exportaciones; esto no ha pasado nunca y rompe un poco el mito de que en Argentina faltan dólares, de la famosa restricción externa." La frase apunta a uno de los diagnósticos más repetidos de la economía argentina de las últimas décadas, que el ministro buscó dar por superado a partir del desempeño exportador reciente.
En esa misma línea, Caputo destacó que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) ya cumplió, en apenas cinco meses, la meta anual de compra de reservas comprometida con el Fondo Monetario Internacional, con más de USD 10.000 millones acumulados durante 2026. El ministro remarcó que ese resultado se logró pese a la apertura de las importaciones, una variable que en otros contextos suele jugar en sentido contrario a la acumulación de reservas.
El escenario que pintó Caputo en La Rural se apoya en datos concretos del frente externo: el cumplimiento anticipado de la meta de reservas con el FMI es un hecho verificable, así como el crecimiento sostenido de las exportaciones de hidrocarburos y minerales. La discusión, en todo caso, no pasa por la veracidad de esos números, sino por el contraste con la otra cara de la moneda: una economía donde la abundancia de dólares en las reservas del Banco Central no se tradujo, todavía, en una mejora equivalente del poder de compra de los salarios, que siguen corriendo detrás de una inflación que, pese a desacelerar, continúa erosionando los ingresos mes a mes.
Las fuentes consultadas, entre ellas Chequeado, LA NACION, iProUp, El Cronista, El Economista, Infobae y Ámbito, coincidieron en señalar que la desaceleración de mayo es un dato auspicioso para el Gobierno, pero también remarcaron que se da desde un nivel de base todavía muy elevado, con una inflación interanual de 33,2% que dista de ser una cifra para festejar bajo ningún parámetro internacional.
Que haya dólares para todos en las pizarras de los bancos y las cuevas es, sin duda, una buena noticia para quien tenga pesos de sobra para comprarlos. El problema es que buena parte de los argentinos sigue mirando esa abundancia de dólares desde afuera, ocupados en resolver el problema mucho más terrenal de que les faltan pesos para llegar a fin de mes, en una economía donde el salario corre la carrera de atrás contra una inflación que, aunque desacelera, todavía se devora un tercio del poder de compra cada doce meses. El "mito de la restricción externa" puede haberse roto en los libros de Caputo; el de la restricción del bolsillo, en cambio, sigue tan vigente como siempre.