La interna del peronismo bonaerense tuvo el sábado 20 de junio de 2026 un capítulo con epicentro en La Plata. Ese mismo día, mientras en Parque Lezama miles de militantes se congregaban en el banderazo "Cristina Libre", el municipio que conduce Julio Alak eligió la misma franja horaria para inaugurar la cuarta etapa de la avenida 60.
La superposición no pasó inadvertida. Militantes y referentes de La Cámpora en La Plata cruzaron al intendente por la coincidencia de fechas y horarios. La lectura que circuló en ese sector fue que la inauguración de la obra vial había sido programada deliberadamente para correr el foco mediático y político de la convocatoria por la expresidenta.
Desde el entorno de Alak, sin embargo, negaron que hubiera existido cualquier tipo de intencionalidad política en la fecha elegida. Remarcaron que la inauguración de obra pública respondía a la planificación habitual de la gestión municipal e insistieron en que el intendente mantiene un vínculo de diálogo fluido tanto con Cristina Kirchner como con el gobernador Kicillof.
El trasfondo de este episodio no puede leerse sin atender al recorrido reciente de Alak. El 9 de febrero de 2026, el intendente había vuelto a la conducción del Partido Justicialista de La Plata a través de una lista de unidad. Esa reasunción lo convirtió en uno de los administradores directos de los equilibrios internos, obligándolo a moverse con cautela entre el kirchnerismo y el kicillofismo.
La Cámpora tiene en La Plata una estructura territorial con peso propio. La lectura de que el intendente buscó correr el eje de la convocatoria reactivó viejas suspicacias sobre la cercanía real de Alak con el board kirchnerista, en momentos en que la relación entre la expresidenta y el gobernador bonaerense atraviesa nuevos episodios de tensión.
La propia historia política de Alak explica buena parte de esa sensibilidad. El intendente construyó su perfil político sobre la base de un pragmatismo que le permitió sobrevivir a sucesivos recambios. Esa misma habilidad es la que ahora vuelve a ponerse en duda cada vez que un acto de gestión coincide con un hito político de relevancia para algún sector interno.
Por lo demás, la administración municipal no emitió declaraciones públicas que profundizaran el cruce ni buscó polemizar abiertamente con los sectores camporistas. La estrategia parece ser la de no echar leña al fuego y dejar que el episodio se diluya con el correr de las semanas.
A mediano plazo, el episodio probablemente no altere por sí solo la relación de fuerzas, pero sí se suma a una serie de señales que los distintos sectores vienen intercambiando desde febrero. Acumulados en el tiempo, estos gestos terminan construyendo el relato con el que cada sector mide la lealtad relativa de un intendente que prefiere no tener que elegir.
Resulta casi una postal del peronismo bonaerense actual: mientras en Parque Lezama se gritaba por la libertad de Cristina Kirchner, en La Plata se cortaba una cinta para celebrar dos cuadras de asfalto nuevo. Alak logró el objetivo de no quedar pegado a ningún bando, aunque eso no le impidió ganarse las sospechas de los propios. El intendente parece haber encontrado la fórmula ideal para sobrevivir: no decir nada, no definir nada, e inaugurar obra pública en el momento justo.