El sábado 20 de junio, al cumplirse un año de la prisión domiciliaria de Cristina Fernández de Kirchner, La Cámpora y distintos sectores del kirchnerismo organizaron un banderazo bajo la consigna "Cristina Libre" en Parque Lezama. Máximo Kirchner fue el único orador del acto y, una vez más, utilizó el atril para apuntar contra los sectores del propio peronismo que evitan mostrar cercanía con la expresidenta. Axel Kicillof, gobernador bonaerense y presidente del PJ provincial, estuvo notoriamente ausente.
En su discurso, Kirchner fue contundente: "Hablan de unidad del peronismo y ni siquiera van a verla a Cristina", lanzó, en una frase que circuló rápidamente entre distintos medios, y que completó señalando que esos mismos dirigentes "no son capaces de ir a verla a San José 1111 a ver cómo está". El diputado y presidente del PJ nacional también denunció una maniobra de fondo dentro de su propio espacio político: "Algunos integrantes de nuestro propio partido buscan negar la figura de Cristina", advirtió, según consignó La Noticia 1. Hacia el final de su intervención dejó una advertencia explícita de cara a una eventual vuelta del peronismo al poder: "No sea cosa que lleguemos otra vez al gobierno y terminemos con un presidente peor que el actual", una declaración recogida por Perfil que muchos interpretaron como un dardo directo al kicillofismo.
La respuesta no llegó desde el entorno de Kicillof de inmediato, sino tres días más tarde. El martes 23 de junio, el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco —uno de los funcionarios de mayor confianza del gobernador y su operador político de cabecera— salió a contestarle públicamente a Máximo Kirchner. Según las declaraciones de Bianco recogidas por La Nueva y Canal de las Noticias, el ministro negó la acusación sobre la falta de visitas a Cristina Kirchner: "No es cierto que no la haya ido a visitar. La fue a visitar el año pasado el gobernador a Cristina y nosotros, a través de distintos contactos, estamos permanentemente en comunicación indirecta, con todos los sectores", afirmó.
Bianco no se quedó en la respuesta defensiva y redirigió la discusión: "Acá el verdadero problema es Milei. No es ni Cristina ni Axel, por eso las discusiones no se tienen que centrar en el compañero sino en Milei, y últimamente somos muy pocos los que criticamos a Milei", sostuvo. En la misma línea, remarcó que mientras otros dirigentes del espacio se dedican a "hacer política", Kicillof "gestiona la provincia más grande de Argentina", una caracterización que el ministro utiliza habitualmente para presentar al gobernador como el único dirigente peronista abocado a tareas de gestión concreta.
La frase de Bianco sobre "criticar a Milei" admite una lectura irónica: la dirigió en medio de una semana donde la principal noticia del peronismo bonaerense no fue ninguna medida del Gobierno nacional, sino precisamente la pelea interna entre el propio Bianco y Máximo Kirchner. El llamado a concentrar las críticas en la Casa Rosada conviviendo, en el mismo párrafo, con una respuesta dirigida exclusivamente al kirchnerismo, resume bastante bien la contradicción que atraviesa a buena parte de la dirigencia peronista en este tramo: todos coinciden en que el problema es Milei, pero ninguno deja pasar la oportunidad de usar esa misma consigna para pegarle al sector interno rival.
El cruce se suma a un capítulo previo: días antes, Bianco ya había sostenido que las PASO son "el mejor sistema para definir una candidatura del peronismo", una postura que choca de lleno con la voluntad del kirchnerismo de evitar una interna abierta. El reclamo del PJ hacia Kicillof es doble: que defina si habrá primarias para la sucesión bonaerense —ya que el propio gobernador no puede ser reelecto en 2027— y que aclare su posicionamiento de cara a una candidatura presidencial propia, algo que viene evitando confirmar en público pese a que su entorno trabaja activamente en esa dirección.
El propio Kicillof evita sistemáticamente entrar en el barro de la disputa verbal directa con Máximo Kirchner o con La Cámpora, y delega esa tarea en Bianco o en otros funcionarios de su gabinete, mientras él se concentra en la épica de la gestión provincial. Esa estrategia de desdoblamiento le permite a Kicillof aparecer, de cara a la opinión pública, como el dirigente que "no entra en internas" mientras su entorno más cercano libra, todas las semanas, la misma batalla discursiva que él dice evitar.
En medio de ese clima de tensión creciente, el propio Kicillof convocó a un acto de unidad peronista en San Vicente para el 1° de julio, fecha en que se conmemora el aniversario de la muerte de Juan Domingo Perón, en un intento por bajar la temperatura de una interna que no deja de escalar semana tras semana. El interrogante es si ese gesto alcanza para algo más que una foto de unidad de cara a las cámaras, en un peronismo donde cada banderazo, cada respuesta y cada ausencia se siguen leyendo, inevitablemente, en clave de la disputa por la candidatura presidencial de 2027.
Lo llamativo del cruce Kirchner-Bianco es que ambos bandos compiten, en el fondo, por el mismo trofeo simbólico: quién está más cerca de Cristina y quién critica más fuerte a Milei. Ninguno de los dos sectores, en cambio, puso sobre la mesa una propuesta económica que difiera sustancialmente del esquema que llevó a la inflación descontrolada y la crisis cambiaria del último gobierno kirchnerista. Mientras los dos bandos se pelean por la foto con Cristina y por el ránking de críticas a la Casa Rosada, la pregunta de qué harían distinto si volvieran a gobernar sigue, como hace meses, sin respuesta.