Julio Alak amplió el gabinete municipal de La Plata con la creación de la Secretaría de Trabajo, Empleo e Integración Laboral, en una jugada que combina necesidad de gestión con la lógica de siempre de la política vernácula: más cargos, más funcionarios, más estructura para sostener un armado que mira, cada vez más abiertamente, hacia una carrera política que excede los límites del Palacio Municipal.
Alak no es un improvisado en estas lides. Antes de ser intendente de La Plata desde 2015, fue ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, un cargo que lo dejó con vínculos propios dentro de la estructura peronista nacional y con un manejo político mucho más consolidado que el de buena parte de los intendentes bonaerenses de su generación. Es, en ese sentido, un dirigente con trayectoria y raíces genuinamente peronistas, algo que lo distingue de otras figuras del armado actual de Kicillof: el principal operador del gobernador a nivel provincial, Carlos Bianco, no proviene de las filas históricas del peronismo y es visto con bastante recelo por buena parte de la dirigencia tradicional del PJ bonaerense, mientras que Alak sí cuenta con ese capital político propio construido dentro del movimiento.
El intendente mantiene con Axel Kicillof un acuerdo que se traduce en obra pública conjunta y en gestos políticos cada vez más frecuentes, resumidos en la consigna que circula en los pasillos platenses: "Kicillof presidente, Alak gobernador". Una sociedad de conveniencia mutua que a Alak le garantiza recursos provinciales para la ciudad y a Kicillof le asegura un bastión territorial leal en la capital bonaerense, justo cuando el gobernador necesita mostrar respaldo de intendentes de cara a una posible candidatura nacional.
Ese respaldo territorial no es un gesto menor en el contexto actual del peronismo bonaerense. Con el sector de Cristina Kirchner y Máximo Kirchner confirmando que disputará una PASO contra Kicillof rumbo a 2027, cada intendente que se suma de manera explícita al armado del gobernador —como hace Alak con su slogan de gabinete— pasa a ser una pieza de peso en una interna que, lejos de fortalecer al espacio frente a Milei, lo sigue debilitando como alternativa de poder. Ni el sector de Kicillof ni el de Cristina ofrecieron, hasta ahora, una autocrítica seria sobre el ciclo previo de gobiernos kirchneristas ni una propuesta que vaya más allá de la pelea por el control del aparato bonaerense, mientras la provincia atraviesa una crisis económica que tiene a la gestión provincial prácticamente paralizada en varios frentes.
El propio Kicillof, mientras tanto, gobierna una provincia que viene de pagar el medio aguinaldo sin aumento adicional y de litigar contra ANSES por una deuda de 2,3 billones de pesos, en un cuadro de parálisis de gestión que sus aliados territoriales —Alak entre ellos— prefieren no mencionar mientras circulan el slogan de la próxima candidatura. El contraste entre la épica de "Kicillof presidente" y los números concretos de la administración bonaerense actual es, como mínimo, una distancia que ningún armado de intendentes leales logra disimular del todo.
El pedido de los ediles libertarios para que Alak informe sobre permisos de publicidad, empresas adjudicatarias y montos de canon es, en rigor, una herramienta de control político habitual en cualquier concejo deliberante: un pedido de informes que el Ejecutivo municipal está obligado a responder dentro de los plazos que fija cada ordenanza local, aunque en la práctica buena parte de esos pedidos terminan demorados, respondidos de manera parcial o directamente ignorados hasta que la presión política o mediática los reactiva. Que el reclamo haya llegado desde el bloque libertario, hoy en franca minoría en el Concejo Deliberante platense, no le resta legitimidad institucional al pedido: la transparencia en el manejo de la pauta oficial es un estándar que debería exigirse sin importar quién lo reclama.
Hay, sin embargo, un capítulo de la gestión municipal de Alak que merece un párrafo propio: el manejo discrecional de la pauta publicitaria oficial. Ediles libertarios ya le reclamaron al intendente que informe qué permisos de publicidad están vigentes, qué empresas son adjudicatarias y qué canon pagan, en un municipio donde la distribución de la pauta funciona, hace años, como termómetro de cercanía o distancia con el poder de turno. Distintos medios platenses con línea editorial crítica hacia la gestión municipal y provincial reportaron, en los últimos tiempos, la suspensión de la pauta oficial que antes recibían de la Comuna, una dinámica que en el ambiente periodístico local se interpreta, sin demasiado margen para otra lectura, como un mecanismo de presión informal sobre la cobertura.
El uso de la pauta oficial como premio o castigo según el grado de afinidad editorial no es una particularidad exclusiva de La Plata: es una práctica extendida en buena parte de los municipios argentinos, de cualquier signo político, que convirtió a la publicidad estatal en una herramienta de disciplinamiento de la prensa local mucho más eficaz —y mucho menos visible para el votante de a pie— que cualquier censura directa. La diferencia, en todo caso, es de escala y de discurso: cuanto más un intendente construye una imagen de gestión "seria" y "dialoguista", más llama la atención que ese mismo intendente recurra, en los hechos, a las herramientas más rústicas del manual clásico de la política vernácula para lidiar con la prensa que lo incomoda.
El contraste entre Alak y Bianco también se proyecta hacia 2027. Mientras el operador provincial concentra el rechazo de buena parte del propio peronismo bonaerense por no provenir de sus filas históricas, Alak construye su candidatura desde el lugar opuesto: la gestión territorial concreta, los actos compartidos con el gobernador y un capital político peronista propio que ningún armado de gabinete improvisado puede comprarle de un día para el otro. Esa diferencia explica, en parte, por qué Kicillof necesita tanto del respaldo de intendentes como Alak: sin ellos, la épica de "Kicillof presidente" corre el riesgo de quedar reducida a un proyecto sostenido casi exclusivamente por funcionarios técnicos sin arraigo propio en los municipios bonaerenses.
La nueva Secretaría de Trabajo, Empleo e Integración Laboral, mientras tanto, se suma a una estructura municipal que ya viene creciendo en cargos y reparticiones en los últimos años. Este tipo de áreas suele ocuparse de la intermediación laboral, los registros de empleo municipal y los programas de capacitación que los municipios bonaerenses ejecutan, muchas veces, en cogestión con fondos provinciales o nacionales. Que la creación de la secretaría llegue en el mismo paquete de anuncios que el aceitado slogan "Kicillof presidente, Alak gobernador" no es casual: la ampliación de la estructura de gobierno municipal también funciona como vidriera de gestión de cara a una proyección política que el propio intendente no se esfuerza demasiado en disimular.
La paradoja de fondo es elocuente: un intendente con trayectoria peronista genuina, que administra recursos públicos con la billetera de la pauta como premio o castigo según el grado de obsecuencia editorial, mientras construye, ladrillo a ladrillo, un proyecto político de escala provincial al calor de una interna kirchnerista que no termina de ofrecerle al electorado bonaerense ninguna alternativa real frente al ajuste de Milei. Entre la épica del "Kicillof presidente" y el manejo discrecional de la pauta municipal, la gestión de Alak deja una sola certeza: la pelea por el sillón de la gobernación bonaerense sigue importando mucho más, para buena parte de la dirigencia peronista, que la calidad institucional del municipio que cada uno administra hoy.