Caputo celebra el festival de dólares del Banco Central mientras el bolsillo de los argentinos no ve la fiesta - Política y Medios
25-06-2026 - Edición Nº6719

ECONOMÍA | EL RELATO DE LA ABUNDANCIA

Caputo celebra el festival de dólares del Banco Central mientras el bolsillo de los argentinos no ve la fiesta

El ministro de Economía asegura que la meta de reservas con el FMI ya está cumplida a mitad de año y proyecta compras todavía más ambiciosas para lo que queda de 2026. El detalle que no figura en los anuncios: buena parte de esa "estabilidad" cambiaria depende de una intervención diaria y sostenida que no se condice con el relato de mercado libre.

Luis "Toto" Caputo volvió a salir a celebrar la política cambiaria del Gobierno. En una exposición ante empresarios en el Cambras Business Day, organizado por la Cámara Argentino-Brasileña de Comercio, Industria y Servicios, el ministro de Economía planteó que la meta de acumulación de reservas acordada con el FMI —fijada en 10.000 millones de dólares para todo 2026— ya está cumplida, y proyectó que el Banco Central podría comprar mucho más de lo previsto: "en un escenario muy optimista" habló de hasta 17.000 millones de dólares, y agregó que "si se mantiene el ritmo actual" la cifra podría llegar a los 24.000 millones. Son números que, viniendo de un equipo económico que hace apenas un par de años explicaba por qué no había dólares ni para lo esencial, funcionan como la postal que el Gobierno más necesita mostrar de cara a la segunda mitad del año.

Los datos duros, hasta cierto punto, acompañan el relato. El BCRA confirmó el cumplimiento de la meta anual a comienzos de junio, tras sumar más de 10.000 millones de dólares en el año, y acumuló 104 jornadas consecutivas con saldo positivo en el mercado cambiario, hasta superar los 10.300 millones de dólares comprados en 2026. En mayo, el incremento mensual de reservas fue de 3.708 millones de dólares, con una liquidación del agro que pasó de un promedio diario de 125 millones de dólares en abril a 141 millones en mayo. Son las reservas más altas en casi siete años, por encima incluso del máximo alcanzado en febrero de esta misma gestión.

El maquillaje, sin embargo, tiene letra chica. Para sostener ese ritmo de compras, el Banco Central emitió pesos sin esterilizar, mientras el Tesoro absorbió el excedente mediante colocaciones de deuda en moneda local, con el objetivo explícito de contener al dólar y a la inflación. Es decir: la "estabilidad" cambiaria no es un fenómeno de mercado espontáneo agradecido al modelo libertario, sino el resultado de una intervención sostenida y coordinada entre el Central y el Tesoro que el propio Gobierno prefiere no describir en esos términos, porque no encaja del todo con el relato de la City liberada de regulaciones.

Hay, sin embargo, una distinción técnica que el discurso oficial tiende a licuar: la meta de 10.000 millones de dólares que Caputo asegura cumplida es una meta de compras brutas en el mercado cambiario, no necesariamente equivalente al objetivo de reservas internacionales netas que el propio FMI exige como condición del programa vigente. Según un análisis del IERAL, el Banco Central lleva meses comprando dólares de manera sostenida sin que esas compras se traduzcan, en la misma proporción, en un crecimiento equivalente de las reservas netas, la métrica que de verdad mide la capacidad del Central de hacer frente a una corrida sin depender de nuevo financiamiento externo. Recién a comienzos de junio de 2026 el Gobierno se encaminó, por primera vez en toda la gestión de Milei, a cumplir también la meta de reservas netas del FMI, un objetivo que había sido motivo de sucesivos pedidos de dispensa (waiver) en revisiones anteriores del propio Fondo.

El propio FMI, en su última revisión del programa vigente con la Argentina, había fijado como condición no solo la meta de compras brutas sino también un sendero de acumulación de reservas netas que el país viene incumpliendo desde el inicio del acuerdo, lo que obligó al staff técnico del organismo a otorgar sucesivas dispensas en revisiones anteriores. Que el Gobierno se encamine, recién a mitad de 2026, a cumplir ese objetivo de manera genuina —y no por una dispensa adicional— es, en sí mismo, una buena noticia para el programa financiero vigente. El problema es que esa buena noticia llega después de dos años y medio de waivers, en los que el propio relato oficial insistió, cada vez, en que la meta estaba "prácticamente cumplida" o "a un paso de cumplirse", la misma construcción retórica que Caputo repite ahora, solo que esta vez con números que, por fin, parecen sostener el discurso.

La euforia por las reservas, además, convive con una brecha cambiaria que no termina de cerrarse del todo: la distancia entre el techo de la banda de flotación cambiaria y la cotización de mercado volvió a ampliarse hasta superar el 24% hacia mediados de junio, en niveles similares a los de fines de mayo. Es un dato que matiza el relato de "estabilidad" que el ministro promociona en cada presentación ante empresarios: si la brecha se mantiene elevada, una porción del mercado sigue sin convalidar, al precio oficial, el verdadero valor de un dólar que el propio esquema cambiario dice tener bajo control.

El propio arranque de 2026 del Banco Central, según datos difundidos por Ámbito Financiero, fue el segundo mejor inicio de año en compras de divisas en más de dos décadas, un antecedente que el equipo económico exhibe como prueba de que el esquema de bandas cambiarias acordado con el FMI viene funcionando mejor de lo previsto. Es, otra vez, una foto real: las compras existen y están documentadas. Lo que esa foto no muestra es si ese ritmo se sostiene una vez que la mejor época estacional de liquidación del agro —que coincide, no por casualidad, con buena parte del primer semestre— empieza a quedar atrás.

El propio ritmo de compras, además, ya muestra señales de desaceleración. Tras cumplir la meta anual a principios de junio, el Banco Central compró apenas alrededor de 270 millones de dólares en lo que va del mes, muy por debajo del promedio diario de mayo, lo que llevó a varios analistas a poner en duda que los escenarios de 17.000 o 24.000 millones que proyectó Caputo sean realmente alcanzables sin un esfuerzo adicional de intervención hacia fin de año.

En el frente de los precios, el dato de mayo del INDEC marcó una inflación mensual del 2,1%, con un acumulado del 14,7% en lo que va de 2026, una desaceleración real respecto de los picos de comienzos de año, pero todavía lejos de los números de un dígito mensual que el propio Gobierno prometió para esta etapa del programa. El último Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) del Banco Central, publicado a comienzos de junio, proyecta un dólar mayorista en torno a los $1.658 para fin de 2026, una cifra que viene bajando relevamiento tras relevamiento —de los $1.750 que se esperaban en enero a los $1.658 actuales— y que de todos modos implica una depreciación gradual del peso bastante más consistente con la inflación acumulada que con cualquier relato de estabilidad eterna.

Para el bolsillo cotidiano, la pregunta de fondo no es cuántos dólares acumula el Banco Central sino cuántos de esos dólares efectivamente circulan hacia la economía real. Mientras el equipo económico exhibe niveles de reservas que no se veían en casi siete años, la inflación acumulada del 14,7% en cinco meses sigue erosionando el poder de compra de los salarios, que en términos reales todavía no recuperan, para buena parte de los trabajadores, el nivel que tenían antes del ajuste devaluatorio de diciembre de 2023. El festival de dólares, en ese sentido, es un dato real del balance del Banco Central, pero no necesariamente un indicador de bienestar para el ciudadano que hace las compras del supermercado con el sueldo de siempre.

El festival de dólares de Caputo, en definitiva, es real en las reservas del Central, pero bastante más administrado —y bastante más dependiente de la soja, el endeudamiento en pesos y la calma cambiaria de estos meses puntuales— de lo que el discurso oficial quiere transmitir. Cuando el ministro habla de escenarios de 17.000 o 24.000 millones de dólares, valdría la pena preguntarle a cuántos argentinos comunes les alcanza el sueldo, contra una inflación acumulada del 14,7% en cinco meses, para comprar aunque sea unos pocos de esos dólares que el Gobierno asegura que sobran.

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