Karina Milei blinda a Adorni, Bullrich se hace la desentendida y la interna libertaria ya no cabe debajo de la alfombra - Política y Medios
26-06-2026 - Edición Nº6720

LA LIBERTAD AVANZA, PERO PARA ADENTRO | GRIET

Karina Milei blinda a Adorni, Bullrich se hace la desentendida y la interna libertaria ya no cabe debajo de la alfombra

El jefe de Gabinete se reunió tres veces con senadores de LLA en Casa Rosada para salvar su lugar. Patricia Bullrich, que podría haber bajado la persiana, eligió no aparecer en la foto. En el medio, Santilli y "Lule" Menem ganan terreno y la hermana presidencial pierde paciencia.

Lo que en La Libertad Avanza llaman "diferencias de gestión" es, en criollo, una interna a cielo abierto entre el sector que responde a Karina Milei y el espacio de Patricia Bullrich por el control de la estrategia política en el Senado. El affaire Adorni —ese funcionario que admitió haber ocultado medio millón de dólares en su declaración jurada— fue la excusa perfecta para que la pelea saliera del cuarto oscuro y se exhibiera, esta semana, sin demasiado pudor.

El round más reciente tuvo horarios precisos: Adorni mantuvo tres reuniones separadas con senadores de La Libertad Avanza en Casa Rosada, a las 11:30, a las 13:00 y a las 16:00, decididas durante el fin de semana por el círculo más cercano a Karina Milei. El objetivo declarado era explicarle a los senadores propios la situación del jefe de Gabinete antes de que la oposición pudiera avanzar con el pedido de interpelación. La gran ausente, otra vez, fue Patricia Bullrich: la titular del bloque oficialista en el Senado adujo que debía encabezar la reunión de Labor Parlamentaria para negociar con la oposición y evitar que la interpelación prosperara, una explicación que en el entorno de Karina Milei se leyó como un nuevo desplante, sobre todo porque horas antes la senadora ya se había salteado otra serie de encuentros organizados por la hermana presidencial.

La tensión no quedó en gestos: subió de tono en público. Bullrich había anunciado que el informe de gestión que Adorni debía presentar ante el Senado el 2 de julio quedaba suspendido. "Lo suspendí porque no tenía sentido que viniera a que lo castigaran públicamente durante ocho horas", justificó la senadora, en una frase que de paso confirmaba lo que el oficialismo intenta negar en cada conferencia de prensa: que la comparecencia de su jefe de Gabinete en el Congreso es, hoy, un escenario de castigo político y no un trámite institucional de rutina. Adorni no se quedó callado: horas después, publicó en su cuenta de X que estaba "disponible para presentarse el 2 de julio al Senado de la Nación a dar el informe de gestión como marca la Constitución", contradiciendo en público a la titular de su propio bloque y dejando a la vista, sin necesidad de ningún off the record, que ni siquiera se ponen de acuerdo en si conviene esconderlo o exhibirlo.

Detrás de la escena, el ministro del Interior Diego Santilli —"el Colo" para el riñón libertario— y el armador Eduardo "Lule" Menem vienen sumando protagonismo en las conversaciones con los bloques aliados. En el círculo de Karina Milei lo dicen sin demasiados rodeos: "El Colo y Lule están teniendo más manejo", una definición que en la city política se tradujo como la confirmación de que la Casa Rosada busca terminar con el monopolio que Bullrich construyó sobre la negociación en la Cámara alta desde el primer día de Gobierno. Para los sectores cercanos a la ministra de Seguridad devenida senadora, la lectura es incómoda: el territorio que tanto les costó ganar en el Senado se les empieza a escurrir entre los dedos, justo cuando más lo necesitan para sostener su propio proyecto político de cara a 2027.

Esta no es, además, la primera escaramuza entre ambas mujeres en lo que va del año. A principios de junio, Bullrich ya había ejercido lo que ella misma calificó como una "objeción de conciencia" para frenar el pliego judicial de la jueza María Verónica Michelli que impulsaba el Poder Ejecutivo, y llegó a poner su renuncia a la jefatura del bloque a disposición de Milei, que se la rechazó. Antes todavía, en pleno estallido del escándalo de Adorni, había sido la propia Bullrich quien presionó en público para que el jefe de Gabinete adelantara la presentación de su declaración jurada corregida, una postura que en su momento generó fuerte enojo en Javier y Karina Milei, que la interpretaron como una exposición innecesaria del funcionario. Es decir: la senadora ya había mostrado que sabe jugar con el escándalo de Adorni como ficha propia, mucho antes de que la interna de esta semana se hiciera pública.

La figura de la "objeción de conciencia" que invocó Bullrich para frenar el pliego de Michelli no es, en rigor, un instrumento previsto explícitamente en el reglamento del Senado, sino una construcción discursiva que la propia senadora utilizó para justificar, en los hechos, una negativa política a acompañar una decisión del Poder Ejecutivo sin techo institucional. Es un recurso elástico, que cualquier legislador puede invocar cuando quiere despegarse de una votación incómoda: ni obliga a dar explicaciones detalladas, ni exige una justificación jurídica más allá de la convicción personal que el propio legislador decida airear en público. Que Bullrich lo haya usado dos veces en pocos meses —con Michelli y, a su manera, con la suspensión del informe de gestión de Adorni— sugiere que encontró en esa fórmula una herramienta cómoda para marcar distancia sin romper del todo con el Gobierno que integra.

El otro tablero donde se libra esta pulseada es la presidencia provisional del Senado, hoy en manos del puntano Bartolomé Abdala, que quiere continuar en el cargo. Karina Milei impulsa en cambio a la neuquina Nadia Márquez, mientras que Bullrich promueve como alternativa al fueguino Agustín Coto. Ninguna de las tres opciones es neutral: quien controle ese sillón maneja buena parte de la agenda y los tiempos legislativos del bloque oficialista en la Cámara alta, justo cuando esa agenda incluye, entre otras cosas, decidir qué pasa con la comparecencia de Adorni.

La maniobra de Santilli y "Lule" Menem para evitar que la sesión avanzara no cayó bien en todos los bloques aliados. Legisladores de uno de los espacios que el Gobierno necesita para sostener cualquier votación lo dijeron sin intermediarios: "No vamos a hacer más favores. Hasta ahora nadie se sienta a decirnos qué queremos. Tampoco llamaron a negociar". La frase resume el costado menos visible de toda la operación de rescate a Adorni: cada vez que la Casa Rosada pide un favor de último momento sin sentarse a negociar en serio, acumula una factura que, en algún momento, los bloques aliados van a presentar.

No es la primera vez que Bullrich marca distancia de un capricho de los Milei, y tampoco será la última: su espacio necesita diferenciarse para sobrevivir políticamente más allá del paraguas presidencial, pero al mismo tiempo no puede romper del todo sin perder peso en el bloque que conduce. El resultado, por ahora, es un empate técnico con tensión creciente: Karina sostiene a Adorni porque soltarlo sería admitir una derrota propia en la pulseada por el control del Gobierno; Bullrich no lo entierra del todo porque tampoco necesita cargar con el desgaste de haber sido la responsable de voltearlo, pero tampoco se priva de marcarle la cancha cada vez que puede.

La crisis de Adorni, además, no es un fenómeno aislado en el calendario de esta semana: el mismo Gobierno que necesita tres reuniones de urgencia para contener a sus propios senadores también tuvo que presentar, apenas un día después, un nuevo vocero presidencial para reemplazar al propio Adorni en la vocería, y todavía no logró que la vicepresidenta Victoria Villarruel acompañe un acto oficial sin marcar distancia pública. Tres frentes abiertos en la misma semana, los tres con el mismo denominador común: un Gobierno que gestiona la comunicación de las crisis con la misma urgencia con la que evita resolverlas de fondo.

Mientras los libertarios dirimen en privado y en X quién manda en la mesa política, la pregunta que nadie en el oficialismo quiere responder en público sigue exactamente donde estaba hace dos semanas: ¿de dónde salieron esos 500.000 dólares que Adorni no declaró? La interna entre Karina y Bullrich es entretenida, sí, pero funciona también como una cortina de humo perfecta: cada día que el Gobierno discute quién controla el Senado es un día menos que alguien le pide al jefe de Gabinete que muestre los papeles.

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