El entramado de las compras oficiales volvió a colocar al vocero presidencial en el centro del escenario político por un presunto desvío ético de recursos del Estado. La investigación administrativa reveló que los fondos se destinaron a la adquisición de juegos de sábanas premium de una firma textil exclusiva. Los comprobantes de pago llamaron la atención de los auditores debido al elevado monto unitario de los productos de dormitorio.
La maniobra contable adquirió mayor gravedad institucional al comprobarse que la facturación original no se realizó de manera directa a la jefatura de prensa. El nombre de su secretaria privada de confianza figuraba como la compradora directa de los bienes suntuarios destinados a la residencia oficial de Olivos. Esta particular triangulación en los documentos públicos despertó las alarmas sobre los verdaderos mecanismos de contratación del sector comunicacional.
Los bloques opositores en la Cámara de Diputados reaccionaron con dureza y unificaron criterios para avanzar con un pedido formal de interpelación legislativa. Los legisladores sostienen que resulta inadmisible convalidar este nivel de gastos superfluos mientras se instrumentan severas políticas de ajuste sobre los jubilados y trabajadores. La demanda busca que el funcionario rinda cuentas de forma presencial sobre el destino final de cada partida presupuestaria asignada.
En el plano interno del oficialismo, la filtración de los tickets de compra desató una fuerte ola de malestar entre los armadores de la estrategia digital gubernamental. Varios dirigentes consideran que salir a defender este tipo de consumos de lujo resulta totalmente insostenible frente a una base electoral que realiza sacrificios económicos diarios. El silencio generalizado de las cuentas oficiales de la militancia evidenció la soledad política que empieza a rodear al vocero.
La defensa del funcionario intenta restarle trascendencia al hecho argumentando que se trató de un gasto de mantenimiento ordinario para las instalaciones del predio presidencial. Sin embargo, los técnicos en transparencia institucional advierten que el formato de la compra vulneró las normativas vigentes sobre licitaciones y contrataciones. La opinión pública ya asimiló el dato de manera negativa, debilitando todavía más su rol como el principal defensor del equilibrio fiscal argentino.