La histórica Plaza de Mayo se transformó en el escenario de una movilización masiva para despedir a Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, conocida popularmente como Taty Almeida. Miles de ciudadanos se acercaron con flores y carteles para rendir tributo a una de las mujeres más emblemáticas de la resistencia civil argentina. La emoción se sentía en el aire mientras los asistentes entonaban consignas que reivindicaban su militancia.
El epicentro del homenaje estuvo marcado por la presencia de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, quienes acompañaron el féretro rodeadas de una multitud conmovida. Referentes de organizaciones sociales, de derechos humanos y dirigentes políticos de diversos sectores destacaron su coherencia y su capacidad para dialogar con las nuevas generaciones. Su figura unificó el reclamo colectivo de un país que se resiste al olvido.
Durante el acto principal, varios oradores recordaron su transformación de una madre de familia tradicional a una militante incansable tras la desaparición de su hijo Alejandro en 1975. Sus compañeras de lucha enfatizaron que Taty nunca se movió desde el rencor, sino desde el amor y la búsqueda inquebrantable de justicia legal. Las lágrimas se mezclaron con los aplausos en un aplauso cerrado que duró varios minutos.
Los jóvenes tuvieron un rol protagónico en la jornada, demostrando que el recambio generacional de la memoria está asegurado. Portando réplicas de los icónicos pañuelos blancos, los estudiantes recordaron las constantes visitas de Almeida a escuelas y universidades para narrar la historia reciente. Este respaldo juvenil demostró que su mensaje caló hondo en la identidad política de la juventud argentina.
Hacia el cierre de la jornada, las cenizas de la dirigenta recibieron un último saludo antes de su destino final, rodeadas por una bandera argentina gigante. Los cantos de "Taty presente, ahora y siempre" resonaron con fuerza, sellando un compromiso colectivo de continuar su legado. La Plaza quedó vacía al caer la tarde, pero el eco de su histórica lucha permanece intacto en el corazón del pueblo.