El último relevamiento de la Unión Industrial Argentina refleja una caída drástica en los niveles de actividad que afecta a casi todos los rubros. Las empresas reportan que la demanda no encuentra un piso, lo que genera una acumulación de stock difícil de financiar con las tasas actuales. Ante esta realidad, muchas firmas han comenzado a recortar turnos de producción y a suspender horas extras para evitar el cierre definitivo de líneas de montaje.
La mayor preocupación de los directivos radica en la imposibilidad de sostener las plantillas actuales frente a un mercado que no da señales de recuperación. Según el informe, un alto porcentaje de las industrias medianas y pequeñas planea reducir su personal en los próximos noventa días si no hay un cambio de tendencia. El fantasma de los despidos masivos se vuelve cada vez más tangible en los cordones industriales del Gran Buenos Aires y el interior del país.
A la baja en las ventas se le suma un incremento exponencial en las tarifas de energía eléctrica y gas, insumos vitales para la transformación de materia prima. Estos costos, sumados a la presión impositiva, han dejado a las fábricas locales con márgenes de rentabilidad nulos o negativos. Muchos industriales aseguran que hoy es más barato importar productos terminados que fabricar en territorio argentino, lo que agrava la desindustrialización.
En cuanto a las expectativas de inversión, el clima es de total cautela y parálisis ante la incertidumbre sobre el rumbo macroeconómico de corto plazo. Los proyectos de modernización tecnológica han sido postergados indefinidamente, priorizando únicamente el mantenimiento básico de la infraestructura existente. La prioridad de los gerentes financieros ha pasado de la expansión a la supervivencia financiera del negocio para llegar a fin de año.
Finalmente, los representantes del sector solicitan medidas urgentes que incluyan alivio fiscal y financiamiento blando para capital de trabajo. Sin un plan que incentive el consumo y proteja el valor agregado nacional, el trimestre entrante podría marcar un récord negativo en términos de actividad fabril. Los industriales coinciden en que el tiempo se agota y que la paz social en las fábricas depende de políticas activas inmediatas.