El contraste entre la ambición diplomática y la realidad presupuestaria argentina es cada vez más evidente. El presidente Javier Milei ha respaldado oficialmente la candidatura de Rafael Grossi para suceder a António Guterres en la Secretaría General de la ONU en 2027. Sin embargo, la gestión libertaria enfrenta duras críticas por aplicar un "ajuste brutal" en el sector nuclear local, lo que especialistas califican como una "sangría" que podría dejar al país sin el prestigio técnico necesario para sustentar dicha postulación.
La situación en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) es crítica debido a la subejecución de fondos y la caída del poder adquisitivo, que ha provocado una preocupante fuga de cerebros. Proyectos emblemáticos como el reactor modular CAREM y el reactor multipropósito RA-10 se encuentran prácticamente paralizados a pesar de tener un avance superior al 90%. Esta parálisis contradice las promesas oficiales de convertir al país en un "hub" tecnológico mundial.
Esta crisis interna impacta directamente en la imagen de Grossi, quien utiliza el respaldo de Milei como su principal aval institucional. Los competidores regionales podrían capitalizar el desmantelamiento del sistema científico argentino para cuestionar la coherencia de una gestión que aspira al liderazgo global mientras desfinancia sus propios desarrollos estratégicos. La solvencia técnica del país ha sido, históricamente, la base de su influencia diplomática.
Además, el rumbo privatizador sobre Nucleoeléctrica Argentina (NASA) añade un factor de incertidumbre. La intención de vender parte de la empresa que opera Atucha I, II y Embalse es vista como una entrega de soberanía energética. En este escenario, la capacidad de influencia de Argentina en foros internacionales se ve mermada, ya que pierde peso un actor que antes era referencia obligada en la materia.
El camino hacia la ONU se presenta lleno de obstáculos. Más allá de los alineamientos geopolíticos, el éxito de Grossi dependerá de que Argentina sostenga un sector nuclear funcional. Sin una rectificación en los recortes, el país corre el riesgo de perder tanto sus proyectos de vanguardia como la oportunidad histórica de liderar el máximo organismo multilateral del planeta.