La demora en la finalización de las obras de infraestructura energética le pasará una factura millonaria a las arcas del Estado. Para el invierno de 2026, el Gobierno nacional estima un gasto de USD 1.200 millones en la importación de Gas Natural Licuado (GNL), una cifra que representa el doble de lo desembolsado el año pasado.
El punto crítico de esta sangría de divisas es la reversión del Gasoducto Norte. Aunque en noviembre de 2024 se anunció su inauguración formal, fuentes del sector advierten que la obra sigue incompleta en más de un cuarto de su trazado total. Esta infraestructura es vital para sustituir el declinante gas de Bolivia con la producción récord de Vaca Muerta y abastecer a las provincias del noroeste argentino.
Los números del retraso
La situación se ve agravada por el contexto internacional. Debido a la inestabilidad en Medio Oriente, el precio del GNL saltó a los 27 dólares por millón de BTU, encareciendo drásticamente el costo para la industria y presionando sobre las tarifas locales.
Mientras tanto, Argentina ya ha tenido que retomar la compra de emergencia de gas a Bolivia para evitar cortes en la generación térmica del norte, ante la imposibilidad física de transportar el gas neuquino hacia esa región por la falta de plantas compresoras y tramos de ductos.
Presión sobre las reservas y el cumplimiento de metas
Este desembolso imprevisto de USD 1.200 millones representa un golpe directo a las reservas netas del Banco Central, en un momento donde la acumulación de divisas es la prioridad número uno del equipo económico. Al tener que priorizar el pago de cargamentos de GNL para evitar el desabastecimiento energético en pleno invierno, el Gobierno pierde un margen de maniobra equivalente a casi el 15% de la liquidación proyectada por la cosecha gruesa de este año. Lo que inicialmente se presentó como un ahorro fiscal por el recorte de subsidios, termina licuándose por la ineficiencia de no haber terminado a tiempo una obra civil que se paga sola en menos de una temporada.
El riesgo de desabastecimiento en el NOA
Más allá del costo financiero, la demora en la Reversión del Gasoducto Norte pone en jaque la seguridad energética de siete provincias argentinas. El declive irreversible de las cuencas de Bolivia —que históricamente inyectaban el fluido en la región— dejó al Noroeste Argentino (NOA) en una situación de vulnerabilidad extrema. Sin la capacidad de bombeo necesaria para llevar el gas de Vaca Muerta hacia el norte, las industrias locales y las centrales térmicas de generación eléctrica dependen hoy de contratos de emergencia y de una logística de importación mucho más costosa y compleja, que eleva el riesgo de cortes programados si las temperaturas perforan los promedios históricos.