Llevan al menos dos meses sin cobrar. Las facturas están presentadas, las prestaciones fueron realizadas y en muchos casos las órdenes de pago ya existen. Pero el dinero no llega. Los profesionales que trabajan en el marco del Programa TEA de IOMA en La Plata, Berisso y Ensenada denuncian una crisis de pagos generalizada que afecta a todo el sector y que el organismo provincial atiende con silencio.
"No es un problema de uno. No es una demora puntual. Es generalizado, afecta a todo el sector, y lleva al menos dos meses sin que nadie del organismo dé una respuesta concreta", advierten los prestadores en un comunicado difundido esta semana. El reclamo reúne a psicopedagogos, psicólogos, fonoaudiólogos, terapistas ocupacionales y trabajadores de centros especializados en autismo de toda la región del Gran La Plata.
La situación tiene antecedentes concretos en la ciudad. En marzo pasado, la organización civil APADEA —que brinda atención a jóvenes y adultos con autismo en 514 entre 19 y 20— ya había denunciado públicamente que IOMA no realizaba pagos desde octubre del año anterior. María Elena Romero, integrante de su comisión directiva, había graficado entonces la desesperación del sector con una pregunta que sintetizaba el drama: "¿Cómo le digo al terapeuta que no le puedo pagar?". Desde ese momento, según los propios prestadores, la situación no hizo más que agravarse.
Lo que distingue el reclamo actual es su alcance. No se trata de una institución particular ni de una disciplina específica: el impago atraviesa a todos los profesionales y dispositivos que integran el esquema de atención del Programa TEA, una modalidad de cobertura que el propio IOMA define como "personalizada, intensiva e interdisciplinaria" y que reúne en una única solicitud todas las prestaciones necesarias para el tratamiento de personas con Trastorno del Espectro Autista. Cuando la cadena de pagos se corta, el impacto no es individual sino sobre todo el andamiaje terapéutico.
Los profesionales describieron un escenario kafkiano al intentar obtener respuestas. "Cuando vamos a la sede de calle 46 encontramos filas interminables y ninguna autoridad que se haga cargo. Cuando llamamos, no hay respuestas. Cuando preguntamos cuándo vamos a cobrar, nadie sabe decir nada", señalaron. La falta de un cronograma claro y de un canal de comunicación institucional que funcione es, según el sector, tan grave como el impago en sí: la incertidumbre impide planificar y profundiza el deterioro económico de quienes sostienen los tratamientos.
La mayoría de los afectados son monotributistas que afrontan gastos fijos independientemente de si cobran o no. "Pagamos alquiler, materiales, impuestos. No tenemos espaldas para financiar durante meses un servicio que el Estado debería estar garantizando", plantearon. A eso se suma que los honorarios que fija IOMA ya son considerados bajos de base —en algunas disciplinas ni siquiera existe un convenio actualizado— lo que vuelve aún más frágil la ecuación.
Sin embargo, los profesionales sostienen que hasta ahora siguieron trabajando. "Lo hacemos porque no podemos darles la espalda, porque sabemos lo que significa para una persona con autismo y para su familia que un tratamiento se corte de un día para el otro", explicaron. Pero en el mismo comunicado advirtieron que ese compromiso tiene límites que el propio organismo está empujando: "Eso no le da derecho a IOMA a aprovecharse de ese compromiso. No somos un servicio que se puede usar sin pagar".
El reclamo cierra con una advertencia directa. Si IOMA no paga lo adeudado, no presenta un cronograma de regularización y no habilita un canal concreto de diálogo, los prestadores evalúan suspender las prestaciones. "Si los tratamientos se interrumpen, la responsabilidad va a ser de quienes eligieron el silencio y la inacción", señalaron.