Sin lugar para los grises - Política y Medios
13-04-2024 - Edición Nº5916

SUSPENSO HASTA EL FINAL

Sin lugar para los grises

El tratamiento de la Ley Ómnibus entra en su etapa de definiciones y no está claro que se vaya a aprobar. Javier Milei cree que los bloques dialoguistas no se animarán a rechazarla y por eso no habilita los cambios que le piden. Final abierto.

Javier Milei sacó 14 millones y medio de votos y "está dispuesto a usarlos”. Esa fue la frase que esgrimió un operador del gobierno mientras conversaba con un diputado destacado entre las tribus de opositores dialoguistas.

Sin dudas, las escenas de tire y afloje vistas esta semana en torno al tratamiento de la Ley Ómnibus reflejan la férrea voluntad del ejecutivo de avanzar con la menor cantidad de cambios posibles y de jugar al fleje, sabiendo que en el Bloque del PRO está la decisión tomada de acompañar y en el de Hacemos Coalición Federal prima la idea de darle al Presidente los instrumentos que pretende para gobernar.

Sin embargo, pese a que estos bloques tratan por todos los medios de encaminar una negociación, la impostura del ejecutivo dificulta los acuerdos. En el bloque del PRO se quejaron toda la semana de la falta de expertise de parte de los negociadores del ejecutivo y de las dificultades que agregan los diputados de LLA cada vez que abren la boca frente a los micrófonos.

Abundan los relatos sobre las inconsistencias técnicas con las que los negociadores de las fuerzas del cielo llegan a las reuniones, déficit que muchas veces intentan maquillar con promesas sobre cambios que ocurrirán luego, en el proceso de reglamentación de cada uno de los artículos.

Este manejo poco profesional molesta sobremanera a los diputados dialoguistas que sienten que del otro lado no tratan con profesionalismo la negociación y se niegan a que las promesas de corregir los errores o faltantes con la reglamentación de la ley sea un mecanismo aceptable.

Con la memoria fresca sobre lo frustrantes que fueron las negociaciones entre Macri y Milei y la negativa de este último a que Cristian Ritondo ocupe la Presidencia de la Cámara de Diputados, en el bloque del PRO tiran con munición fuerte frente a los ocasionales interlocutores que consultan por el avance de “Bases y Puntos”: “Si la ley sale como la mandó Milei, lo voltea la gente en la calle; y si no sale los responsables de la crisis institucional seremos nosotros. Por ende hay que darle algo intermedio para ayudarlo”.

Por fuera del tire y afloje entre LLA y el PRO, situación que para muchos es solo la interna dentro del macri-mileismo, la principal atención está puesta en el Bloque de Hacemos Coalición Federal que conduce Miguel Pichetto. Este bloque, que tiene 23 miembros, tiene la llave que abre o cierra la existencia de la Ley y en estas horas comienza a sufrir las consecuencias de semejante presión.

En las primeras horas de la semana que está terminando, ese lugar de privilegio le valía una centralidad absoluta en las negociaciones y parecía encumbrar a Pichetto una vez más como el-hombre-estado, capaz de ayudar al Presidente a gobernar mientras ayudaba a todos los sectores afectados a morigerar los desvaríos de la Ley.

Tal era la confianza en que Milei accedería a podar los aspectos más conflictivos de la Ley que los miembros del bloque no dudaron en asegurar a los sectores afectados que no votarían la Ley si no se retiraban esos artículos. Incluso algunos diputados lo dejaron por escrito en mails y whatsapp que intercambiaron con los actores interesados.

Ahora que Milei parece no estar dispuesto a negociar, esa llave que parecía abrir una Ley más moderada puede ser la que cierre toda posibilidad y el heterogéneo bloque corre el riesgo de salir de la confortable zona de grises. Si el experimentado Pichetto no logra convencer al ejecutivo de la necesidad de una Ley morigerada, el Bloque tendrá que elegir entre hacer mileismo o votar con el kirchnerismo.

En ese juego lo más probable es que la unidad no pueda mantenerse y que los votos se dividan. Ahí entran a pesar mucho más los diputados de Innovación Federal, esos 9 que representan a Misiones, Rio Negro y Salta, una especie de Peronismo Federal con matices propios.

A diferencia de Hacemos Federal, esos diputados representan a Gobernadores que necesitan defender sus provincias y contar con elementos para gobernar. Ese dato, que a priori puede aparecer como una debilidad frente a Casa Rosada, no necesariamente es así. Mientras que los diputados “sin techo” de Hacemos Coalición Federal “viven su momento” de centralidad y necesitan tener la llave para hacerse valer, los de Innovación Federal pueden pegar un portazo y volverse a sus provincias sin quedar frente a sus votantes como verdugos de las economías regionales. 

Sin dudas Misiones, Rio Negro y Salta, por las características de sus economías, se verán severamente golpeadas por la combinación de medidas que lleva adelante Milei. Sin Aerolíneas Argentinas, sin PRE VIAJE, sin clase media, sin incentivo a las economías regionales, con recortes en las universidades y sin programas de transferencia directa la vida se pondrá muy dura para la gente de a pie.

Miguel Rovira, el histórico dirigente misionero lo sabe y basa el despliegue de poder en la defensa de los intereses de su provincia por sobre cualquier cuestión nacional. Hombre de perfil bajo pero cordial, no ha dudado en ayudar a Cristina, a Macri y a Alberto cada vez que se lo pidieron, pero con la sola condición de no perjudicar a Misiones. Alberto Weretilneck parece mirarse en ese espejo y actuar de la misma manera.

 Santiago Caputo, líder del poderoso “grupo marlboro” y negociador estrella, junto con Guillermo Francos, de la escudería “aire y sol” terminaron el viernes, muy tarde, más preocupados de cómo lo habían arrancado.

Para cuando en Buenos Aires ya no quedaba nadie y las negociaciones se seguían por teléfono desde Pilar, Tigre y Cariló, el gobierno no tenía ninguna certeza y la ampliación de la fecha de las extraordinarias agregó confusión: si bien se aclaró que era por una cuestión técnica vinculada al dictamen, todo el mundo interpretó que al gobierno no le daban los tiempos.

Mientras tanto en el radicalismo las aguas se pusieron turbulentas. La vocación negociadora de Rodrigo de Loredo y del “ala mileista” no salía de su asombro al ver como el propio Milei dinamitaba todos los puentes y los elegía como enemigos. Al Presidente le bastó solo con compartir un twitt que calificaba al presidente de la UCR, Martín Lousteau, como “cabeceador de fetos” para dejar en claro que no quería saber absolutamente nada con negociar con “las fuerzas de Alem”. Restará ver, el día que llegue la Ley al recinto, si toda la UCR actúa en bloque o si el ala “mileista” finge demencia y vota con LLA.

El kirchnerismo, con sus 102 diputados, está solo y espera. Fueron los primeros en fijar una posición clara respecto de la ley y el DNU y esto ayudó al bloque a transitar el primer mes con algo de paz interna, lo que parecía imposible tras la derrota de Sergio Massa en el balotaje de noviembre.

En La Cámpora esperan que las consecuencias del ajuste que encaró el gobierno comiencen a hacer mella en la figura de Javier Milei y que, por añadidura, aparezca en el horizonte la posibilidad de volver a ser competitivos electoralmente. Adelantan que ese escenario, similar al del 2016, les permitirá aislar a las voces críticas que por lo bajo impugnan el liderazgo de CFK y de Máximo Kirchner.

Si finalmente los bloques dialoguistas no consiguen podar la Ley y se ven obligados a rechazarla, el Kirchnerismo se habrá anotado un triunfo clave en su estrategia y la grieta tomará una nueva dimensión, fundamental para el sostenimiento de la Argentina bipolar en la que, a izquierda y derecha, la casta se reparte el poder sobre el estancamiento de un país que está al borde del estallido.

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