Millones de argentinos se suman a la pobreza y el índice se sitúa como a la salida de la pandemia - Política y Medios
24-06-2024 - Edición Nº5988

LA OTRA DEUDA

Millones de argentinos se suman a la pobreza y el índice se sitúa como a la salida de la pandemia

Según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, en el primer semestre del año el indicador aumentó el 3,6% y alcanzó al 40,1% de la población de los principales conglomerados urbanos. Por lo menos 3 millones de hogares y 11,8 millones de personas están en esta situación, pero la inflación de agosto y la devaluación seguro que incrementaron estos datos, de ahí las medidas anunciadas en los últimos días. Un tema del que los candidatos a Presidente casi no hablan.

Por Patricio Ballesteros Ledesma

 

Según el Censo Nacional realizado el año pasado, la Argentina tiene una población algo mayor a los 46 millones de personas. Como la realidad es dinámica y todo cambia todo el tiempo, a medida que pasan los meses esa información pormenorizada se actualiza, para bien o mal, por decirlo de algún modo.

Por eso se recurre a otros indicadores, como la Encuesta Permanente de Hogares, que brinda un panorama coyuntural de diversas variables relevantes, como la calidad de vida de la población, y en particular la incidencia de la pobreza y la indigencia. El punto es que se focaliza en 31 aglomerados urbanos y, por lo tanto, dejá afuera de la muestra a miles de ciudades y pueblos rurales en donde hay población. 

Entonces, cuando ayer el INDEC publicó los resultados de este último relevamiento y mostró que el índice de pobreza del primer semestre del año llegó al 40,1% de la población y alcanzó a 11,8 millones de personas, hay que advertir que el universo de esta encuesta toma a sólo 29,4 millones de personas, no al total de la población. 

Por lo tanto, si sobre una población foco de 29,4 millones, 11,8 millones están en situación de pobreza, sobre el dato censal de 46 millones podría proyectarse un número de pobres muy superior. No es una regla de tres simple sino una realidad fáctica y compleja que el país arrastra desde hace décadas, y que lejos de reducirse aumenta.

Según el informe técnico del instituto oficial, hay 9,1 millones de pobres no indigentes (30,8%) y 2,7 millones de personas en situación de indigencia (9,3%), de aquí que se llega al citado 40,1% en situación de pobreza, pero sobre un universo que no abarca a todos los habitantes sino a los encuestados en 10 millones de hogares de 31 conglomerados urbanos.

En tal sentido, lejos de minimizar la importancia de la EPH, su inevitable parcialidad estadística en un territorio nacional tan extenso indica que el problema es mayor que el revelado y su alcance tan profundo y atomizado como para exceder lo que se releva en los centros urbanos más populosos. 

Basta con pensar que en muchas zonas agropecuarias, el efecto de la sequía provocó que muchos peones agrícolas y jornaleros de cosecha no tuvieran trabajo y que el efecto multiplicador del campo en sus áreas de influencia mermara hasta mínimos.

En un año electoral como el actual, los candidatos miran encuestas y sondeos de opinión tratando de ver cómo viene su performance y muchos ciudadanos también las siguen para ver coincidencias y discrepancias con las muestras. 

Sin embargo, pocos revisan los números de la EPH y otros relevamientos, como los del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, que deberían ser tema de debate en campaña y motivo de compromiso permanente, no sólo de los políticos con aspiraciones ejecutivas sino de los ciudadanos comprometidos con su comunidad.

Al fin y al cabo, si el 59,9% de la población relevada no es pobre, es decir que unos 17,6 millones de personas están por arriba de ese umbral, la incertidumbre política, la inestabilidad económica, la precariedad laboral y la inflación acelerada pueden llevarlos a caer eventualmente o en forma prolongada en la situación del otro 40,1% de compatriotas.

Teniendo en cuenta que la brecha de la pobreza es la distancia entre los ingresos y las canastas de los hogares pobres, según la encuesta en el período analizado se observó que la brecha de la pobreza de los hogares se ubicó en 37,8%. Es decir, que el ingreso total familiar promedio de los hogares pobres fue de $124.071, mientras que la canasta básica total promedio del mismo grupo de hogares alcanzó $199.593.

En cuanto a los grupos de edad según la condición de pobreza, se destaca que más de la mitad (56,2%) de las personas de hasta 14 años son pobres. Y con relación a las mayores incidencias de la pobreza en personas se observaron en las regiones NEA, 42,0% y GBA, 41,4% y las menores se registraron en las regiones Patagonia, 33,2% y Pampeana, 36,8%.

Claro que hay egoísmo y desinterés, pero no todos los que tienen una mejor posición a nivel socioeconómico, en cuanto a sus ingresos y calidad de vida, logran disfrutar plenamente su situación personal o familiar en un contexto con tanta desigualdad o inequidad. Cuando hay casi 3 millones de hogares en la pobreza y 686.000 que no llegan a cubrir con sus ingresos la canasta básica alimentaria, la felicidad propia no puede ser plena a la hora de la cena.

En la EPH presentada este miércoles se apunta que en el primer semestre de 2023 el índice de pobreza creció al 40,1%, lo que marcó un incremento de 3,6 puntos porcentuales frente al 36,5% del mismo período del año pasado. Sin embargo, hoy la realidad ha cambiado, ya que ese porcentaje no incluye los picos inflacionarios de agosto pasado ni la incidencia en los precios y salarios de la devaluación del 20% llevada a cabo por el Gobierno tras las PASO.

A la salida de la pandemia, este índice de precariedad en la calidad de vida se encontraba en el 40,6% de la población encuestada, apenas medio punto más que la actual, y si bien en el devenir hubo incidencias internas y externas, como la guerra y la sequía, también hubo traspiés de gestión del Gobierno y la inclaudicable presión del FMI para su principal deudor internacional. La amnesia de algunos opositores, las internas en el oficialismo y las jugadas del poder en las sombras también complicaron las cosas en un contexto poco favorable. 

Cancelar la deuda contraída en 2018 con el organismo de crédito es poco compatible con revertir el estado de la pobreza en el país, o mejor dicho, haberla tomado es asegurar la pobreza futura. Su interés en ese momento era apuntalar la campaña de un candidato, que al final no fue el elegido por el electorado, y poco le importó el destino de los fondos otorgados de acuerdo a su propio estatuto. 

Ahora busca cobrar el monumental préstamo y que se cumplan las metas diseñadas por sus tecnócratas, que velan por enmendar el error al otorgarlo, ya que no les salió la jugada, y recuperarlo según el cronograma de pagos acordado más allá de quién gobierne. 

El ministro de Economía y candidato a presidente por UP Sergio Massa cierra dos semanas con una serie de medidas implementadas para una parte importante de la población y las empresas para mitigar los efectos negativos de la suba del tipo de cambio oficial y la tasa de interés a mediados del mes pasado. 

La última anunciada ayer fue un refuerzo de ingresos complicado de aplicar para trabajadores informales y desocupados, los que peor la pasaron en los últimos años y que serían prioridad para el Presidente Alberto Fernández cuando asumió su mandato. 

Este domingo es el debate formal por televisión y en tres semanas son las elecciones generales. Hay tres candidatos con posibilidades de lograr su objetivo: ganar. Lo más probable es que haya que esperar al balotaje para saber quién será el próximo titular del Poder Ejecutivo. 

Algo es seguro, sea el que sea deberá seguir cumpliendo las metas que le marcan desde el exterior y destinando divisas para cancelar pagos de la absurda deuda externa contraída por el expresidente Macri. Pero además deberá encarar en serio la deuda interna que representa la pobreza y la indigencia, porque con tantos excluidos el país pierde.
 

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