Parte de la campaña de Massa consiste en despegarse de Alberto Fernández - Política y Medios
14-07-2024 - Edición Nº6008

ENTRETELONES DE CASA ROSADA

Parte de la campaña de Massa consiste en despegarse de Alberto Fernández

El candidato, sus asesores y hasta CFK piensan que la figura presidencial (junto a la economía) forman parte de una mochila muy pesada que podría derribar las intenciones presidenciales del ministro.

Juan Pablo Peralta, desde Casa Rosada.

Luego de pasar el fin de semana en Cuba, bajo el subterfugio de asistir al G77+China -y aprovechar para llevar adelante una intensa agenda social junto al trovador Silvio Rodríguez y la viuda del “Che” Guevara, Aleida March- Alberto Fernández y su comitiva volaron en el ARG-01 hasta Nueva York a fin de asistir a algunas reuniones y a la Asamblea General de la ONU.

Las postales que la portavoz Gabriela Cerruti compartió en sus redes -y en las del propio presidente- generaron rechazo en las huestes propias y ajenas. Especialmente en el Palacio de Hacienda, donde en medio de la campaña, el ministro/candidato, Sergio Massa, intenta despegarse cada vez más del “albertismo” y demostrar que es diferente, en particular a la hora de mostrar trabajo permanente y una forzada austeridad.

Peor cayó el tour al sucederse otra histórica derrota del peronismo -esta vez en la provincia del Chaco- donde el desconocido radical de Juntos por el Cambio, Leandro Zdero, dejó fuera de juego a Jorge Milton Capitanich en la primera vuelta, que dejó en claro que las encuestadoras ni siquiera se arriman a lo que vota la ciudadanía.

Sin inmiscuirse en el tema electoral, más allá de emitir un tuit felicitando al ganador desde tierras estadounidenses, Fernández reiteró en el norte -casi calcados- los pedidos que hizo en su anterior visita.

Pidió cambiar el sistema financiero mundial; habló del cambio climático; reclamó al FMI que elimine las sobretasas; solicitó a Irán que colabore con la investigación del caso AMIA; exigió el fin del bloqueo a Cuba y Venezuela, e hizo el pertinente reclamo de soberanía de la Argentina sobre las Islas Malvinas. Nada de lo que hizo y dijo tuvo eco y repercusiones en la prensa local e internacional.

También hubo más momentos de distensión presidencial. De las actividades que se hicieron públicas por terceros, hubo una en la que se vio al titular del Ejecutivo en la noche neoyorquina disfrutando de un encuentro con la economista Mariana Mazzucato, muy cercana al ex ministro Martín Guzmán, quien, en las últimas horas, pese a las diatribas que le dedica Massa, se sumó al equipo económico de Luiz Inácio Lula da Silva.

El miércoles, la delegación descendió en Buenos Aires y todos sus integrantes, al igual que el resto de los funcionarios -salvo los que caminan por la cartera de Hacienda- optaron por no tener agendas laborales. La Casa de Gobierno siguió con esa sensación de fin de semana largo o de Déjà vu de la pandemia. Sólo los trabajadores de la sede del PEN estuvieron en sus despachos como todos los días en un clima laboral netamente administrativo y rutinario.

Por su parte, el jefe de Hacienda, cada vez más presionado por los números que le llegan a su búnker de la calle Mitre al 300, continúa con sus maratónicas baterías de anuncios y presencias en diversos lugares. Con el rostro fatigoso, el tigrense acepta entrevistas mano a mano y no duda en poner en juego el déficit que le demanda el Fondo Monetario con tal de entrar al balotaje.

En esa línea, Ganancias va camino a aprobarse en el Senado. La devolución del IVA se impuso, aunque fomenta confusiones en los consumidores por la fecha de reintegros y productos que tienen el beneficio. Por otro lado, los bonos son mirados de reojo en los diferentes ámbitos donde se han otorgado, pero quién podría rechazarlos en medio de la devaluación, que ahora Massa adjudica al Fondo, y que va acompañada de una inflación que no da respiro y potencia la pobreza por arriba del 40,1 por ciento.

Las palabras “Alivio Fiscal”, son las que más resuenan desde Yrigoyen 250, donde además de permanentes manifestaciones de organizaciones sociales que reclaman ayuda, se emite un polémico IPC semanal, desde el que el Secretario de Política Económica, Gabriel Rubinstein, asegura que los precios de “desaceleran” y “atenúan”. La primera semana de este mes dio –con un método objetado desde el INDEC- un 2,1% y en la segunda 2%.

En sus recorridas, el candidato de Unión por la Patria promete ser el garante de la educación, la salud y la obra pública, manteniendo el modelo del que forma parte desde que los Fernández asumieron el 10 de diciembre de 2019. De todos modos, Massa necesita advertir a los desencantados: “Lo que viene es mejor que lo termina”.

A los jóvenes que siguen al libertario Javier Milei -ahora apoyado por gremialistas y empresarios de la línea Luis Barrionuevo- el presidenciable del peronismo les dijo que “están frustrados porque reciben la frustración de ver que los padres pelearon y no llegaron a ese lugar al que querían llegar, y esto los puede llevar a tomar decisiones equivocadas”.

En otra presentación en la ribera de Quilmes -endureciendo aún más su discurso- manifestó “que quiere que los pibes vayan con sus notebooks en las mochilas y no con un arma”.

El incremento que publicó el INDEC en referencia a los precios mayoristas, de un 18,7%, vuelve a encender las luces rojas en Hacienda, y en particular la posibilidad de que la inflación de septiembre ronde el 12,8 por ciento –promedio-, como están midiendo varias consultoras privadas y el propio organismo oficial.

En Casa Rosada hace mucho que no hay reuniones de Gabinete, porque no hay un jefe de los ministros que las convoque. Agustín Rossi, el responsable de hacerlo está metido de lleno en los temas electorales. Fue precisamente en esta semana cuando le tocó participar de un debate televisivo de candidatos a vice, donde deslució esa capacidad oratoria que le dejó haber sido muchos años jefe del bloque kirchnerista y presidente de la Cámara baja.

Quienes lo rodean dijeron que “estuvo bien, al menos salvó las papas frente a Victoria Villarruel", explicaron, a pesar de que reconocieron que se lo notó un poco errático. La compañera de fórmula de Milei lo eligió como contrincante, y viceversa, pero según analistas políticos de diversas vertientes, el resultado fue a favor de la libertaria.

En medio de la reapertura de las causas Hotesur y los Sauces, al igual que el tema del Memorándum de Entendimiento con Irán contra Cristina Kirchner, el presidente Fernández fue invitado el miércoles a participar de un evento en los tribunales de Talcahuano, en el Salón de los Derechos Humanos donde se juzgó a las juntas militares. Un acontecimiento organizado por la Editorial Perfil que relanzó el “Diario del Juicio”, con el que se cubrió el hecho histórico en 1985.

Algunas versiones afirman que el entorno del propio primer mandatario fue el que le recomendó no ir en medio del retorno del clima beligerante con el Poder Judicial -y del que seguramente se encargará de hablar la Vicepresidenta el fin de semana en la reedición de un libro relacionado a Néstor Kirchner-. Otros, aseguraron que desde el Instituto Patria lo compelieron a pegar el faltazo porque el horno no estaba para bollos.

En este contexto, el presidente retomó sus apariciones públicas inaugurando el tramo de una ruta que une Pilar con Pergamino. Allí expresó: “Nosotros seguramente cometimos errores, pero les doy mi palabra de que los cometimos honestamente, nunca quisimos hacer daño- no den un paso atrás”.

Al respecto, advirtió que “atrás están los mentirosos y también los aventureros que dicen cosas que suenan bien a la gente pero que no dicen la verdad”,  agregó que “la Argentina padece una casta, la casta de los poderosos que tienen dinero, que concentran el ingreso en muy poca gente”, y cerró pidiendo: “Por favor, voten a Sergio Massa para que no volvamos atrás”.

Pese a esos gestos públicos de AF, y aunque haya sido partícipe necesario de la intrincada gestión del ex FdT, a Sergio Massa le resulta imperiosamente necesario alejarse totalmente de Alberto Fernández. Para él y sus asesores de campaña, incluyendo a CFK, la figura presidencial (junto a la economía) forman parte de una mochila muy pesada que podría derribar -a poco menos de un mes de los comicios- la endeble probabilidad de que los peronistas sigan al frente de la Casa Rosada los próximos cuatro años

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