El gran problema no es el alza del blue, sino la inflación y la desigualdad distributiva - Política y Medios
28-02-2024 - Edición Nº5871

SEMANA NON SANTA

El gran problema no es el alza del blue, sino la inflación y la desigualdad distributiva

Mientras el dólar se revaloriza a la par del IPC, el umbral para que una familia trabajadora salga de la pobreza se acerca a los $200.000 y su participación en la riqueza cae al 41%. Cómo reaccionaron el Gobierno y la CGT.

Por Patricio Ballesteros Ledesma

 

A esta altura no importa qué fue primero, si el huevo o la gallina, el problema es que la media docena de los ovalados cotiza a $400 como mínimo y el pollo empató en precio a varios cortes bovinos. 

El IPC de marzo difundido hace unos días por el INDEC, que marcó un índice general del 7,7% y del 9,3% en alimentos y bebidas, habla de qué pasó el mes pasado y condiciona lo que pasará en los próximos días del corriente. Desesperanza o desesperación.

Para no entrar en la franja de la pobreza, una familia integrada por dos adultos y dos menores necesitó contar con más de $191.226 pesos el mes pasado como lo marca la Canasta Básica Total, mientras que para no descender a la indigencia el mismo grupo tuvo que conseguir ingresos de $87.719 en ese mes, que es el valor promedio de la Canasta Básica Alimentaria, en ambos casos según el relevamiento del órgano oficial.

Con ese nivel de inercia inflacionaria acumulada, bastante alejada de las proyecciones de Economía, está claro que los actores económicos y los formadores de precios van a utilizar ese índice para ajustar hacia adelante a la suba y no en la senda de una desaceleración como vaticinaban en el Gobierno, e incluso desde las consultoras que releva el BCRA.

En la puja distributiva, cada punto de aumento de salarios de convenio o de ingresos de los trabajadores no les sirve como aumento del poder adquisitivo o incluso como ahorro, sino que de inmediato se traslada a los precios de los bienes y servicios de primera necesidad y así es capturado por los denominados formadores de precios.

La inflación sigue corriendo por delante de los salarios y estos ya no logran ni siquiera empatarla. Con este panorama, la CGT difundió ayer un comunicado titulado “Estamos a tiempo” y advirtió: “Toda la dirigencia en general debe tomar conciencia de que ya no hay más margen de deterioro económico sin riesgo de descomposición social”. 

Tras siete meses sin reunirse, El Consejo Directivo de la central obrera sesionó por más de 4 horas el jueves y al cierre propuso la convocatoria de un consenso político, económico y social para delinear políticas económicas a mediano y largo plazo, y convocó a un acto por el día del trabajador para el 2 de mayo en el estadio del club Defensores de Belgrano.

 

Hasta ahora derrama el trabajo, no el capital

Los economistas ortodoxos y los pseudo liberales siempre hablan de la teoría del derrame, que implica que cuando se genera riqueza se distribuye a toda la población. Sin embargo, quedó demostrado en los últimos años que en lugar de las empresas, los que están derramando riqueza son los trabajadores y muy en su contra sin quererlo. 

Hasta el 2015, en la distribución de la riqueza el trabajo se quedaba con el 51% de la torta, pero lenta y consecutivamente fue perdiendo participación frente al capital y ahora apenas araña el 41%. Además, ahora se enfrenta una inflación interanual superior al 120% y la pobreza superó al 40% de la población.

Claro que la torta se agrandó, por el crecimiento económico del 10,1% en 2021 y del 5% en 2022, y en forma nominal también por la inflación creciente, pero los trabajadores resignaron posiciones a la fuerza y una gran parte de ese aumentó del PBI fue para “cuatro vivos”, o tal vez unos pocos cientos de privilegiados con necesidades básicas y de las otras más que satisfechas.

Los dólares financieros y sobre todo el blue pegaron el salto esta semana y todos hablaron de incertidumbre y una corrida cambiaria. Sin embargo, el pequeño pero intenso mercado del verde ilegal trepó a los $440 por unidad ayer y lo que hizo es valorizarse casi a la par del porcentaje en que se incrementó la canasta de productos relevados por el INDEC.

El dólar es un producto más, muy relevante históricamente en la Argentina por idiosincrasia y por la depreciación constante del peso, por eso cuando aumentan en forma generalizada todos los rubros que integran el IPC, la divisa que se intercambia por afuera del acotado dólar oficial busca no quedar retrasada y se valoriza en el mercado paralelo. 

Esta operación claro que genera más inflación, porque todos miran ese indicador para ajustar los precios a futuro, pero también es cierto que en esa espiral ascendente, el dólar se revalúa cada vez que los demás precios de la economía también lo hacen. En este círculo vicioso, si la inflación fuese cercana a cero, el dólar en todas sus variantes se mantendría estable.

 

El dólar paralelo se ajusta por inflación y provoca la propia

El Gobierno no tendría que tocar prácticamente la cotización oficial, ni recurrir a las múltiples devaluaciones que implican los cada vez más diversos tipos de cambio sectoriales, eventuales o recurrentes, como el dólar soja, el turista o el tecno. 

Encima el miércoles se produjo la renuncia inmediata e indeclinable del jefe de asesores del Presidente, Antonio Aracre, ex CEO de Syngenta, y todos atribuyeron su salida a los off the record que lo posicionaban como posible ministro de Economía tras una reunión previa con Alberto Fernández.

Según comentaron varios medios de prensa, y un periodista de Página 12 en particular, el asesor le habría llevado un plan económico alternativo al primer mandatario, y este en lugar de marcarle la desubicación, le habría propuesto que lo vea con Massa y su equipo.

Previo a su designación hace 5 meses, Aracre se paseaba por algunos medios televisivos, afines y de los otros, y daba entrevistas proponiendo medidas diversas para bajar la inflación, reducir la brecha cambiaria y generar más puestos de trabajo, con el claro objetivo de lograr la escucha de Fernández y su mesa chica para sumarlo al Gobierno.

El establishment lo conocía muy bien, pero dentro del Frente de Todos era visto como un outsider de la coalición, integrante claro de las corporaciones multinacionales, ambicioso de protagonismo en la esfera pública y dudoso colaborador del actual equipo económico en funciones. 

La trepada del dólar blue tras su salida fue coincidente para algunos y provocada para otros, pero aunque la mayoría de la gente no tenía ni registro de su cara, los más informados no desconocían que trabajaba para una empresa proveedora del sector agro. 

En cualquier caso, ese día el campo no liquidó divisas por el dólar agro y ayer sólo entregó US$72 millones, pero con la brecha cambiaria ampliada, muchos exportadores comentaban por lo bajo que recibir $300 con un blue a $380 era una cosa, y ahora que el ilegal superó los $430 por unidad prefieren esperar la evolución para seguir liquidando.

 

El clima (político) no ayuda, el otro mejora

La restricción externa obliga a captar todos los dólares posibles de los sectores más diversos, más aún frente a la carga que implica la deuda con el FMI, la caída de divisas por la sequía en el campo y la imposibilidad de conseguir financiamiento externo. El nuevo dólar soja ya captó poco más de US$1.000 millones desde su implementación, es poco pero es lo que largan. 

Frente a un año electoral la situación se agrava, y más se complica todo cuando desde dentro del Gobierno hay internas y cruces que se hacen públicos o que generan trascendidos desestabilizadores como potenciales renuncias del ministro de Economía o el presidente del Banco Central. 

Poco aporta la vocera del Presidente explicando una vez más, a quien quiera oírla, desde las redes o la Casa Rosada, las múltiples causas de la inflación, frente a una audiencia harta de diagnósticos y necesitada de soluciones urgentes.

Mientras parte de la oposición pide dinamitar todo, o “casi dinamitar todo”, devaluar fuerte lo antes posible, bajar el déficit, el gasto y los impuestos al mismo tiempo, o agitan una dolarización en caso de ganar las presidenciales, como se escuchó en la reunión de candidatos opositores con el “círculo rojo” en el hotel Llao Llao esta semana.

Hay tantas mechas prendidas, por propios o ajenos, que sólo el milagro de que la pólvora esté húmeda podría evitar un colapso social que el Gobierno teme aunque poco hace para evitar y parte de la oposición, ciertos medios y algunos sectores corporativos reaccionarios encienden. 

Hasta ahora, la madurez y cordura de los sectores populares más necesitados, la contención de la militancia barrial, las redes de cobertura y comedores, y las organizaciones sociales evitan esta desgraciada posibilidad, que hace dos décadas se hizo realidad.

Ayer se conocieron los valores para marzo pasado de las canastas básica alimentaria y total que publica el INDEC, con incrementos promedio del 9% y 8%, en cada caso, que se relacionan en forma directa con el IPC de alimentos y general publicados a mediados de mes. 

Más allá de la preferencia paritaria de los sindicatos, con los montos que marcan las fronteras para que una familia sea pobre o indigente, el otorgamiento de un aumento inmediato de bolsillo se impone. Pese a eso, desde la CGT no lo piden, juegan al tiempismo, y en su comunicado plantean cuestiones más de mediano plazo.

 

Reuniones de urgencia en el Gobierno para dar señales

Mientras los sindicalistas y gremialistas negocian, los trabajadores en relación de dependencia y los no registrados necesitan una suma fija urgente para llegar a fin de mes. Cada mes, miles de ellos ven que no sólo son pobres aún con un trabajo fijo sino que tienen en el horizonte la posibilidad latente de pasar a la indigencia en un gobierno peronista y en un año electoral.

Tras los trascendidos en el mercado, las desmentidas oficiales y el acuse de recibo del mercado, ayer a la mañana se reunieron el Presidente y el titular del Palacio de Hacienda en Olivos, para discutir los daños colaterales de esta semana y difundir una foto juntos de rigor que busca cumplir con la ingenua creencia que así se calman las especulaciones. 

Más tarde, Massa se reunió con el presidente del BCRA Miguel Pesce, otro de los señalados como potenciales renunciantes, por enésima vez desde el inicio de la actual gestión, y ambos evaluaron cómo acomodarse para enfrentar esta mini corrida. 

Se decidió subir la tasa de interés en 300 puntos y llevarla al 81% nominal anual (lo que da una TEA del 119,1%), para tentar a los ahorristas a renovar sus plazos fijos y a los tenedores de Leliqs a permanecer con esos documentos en lugar de venderlos y pasarse a dólares. 

Sin embargo, esa constante suba de la tasa no hace otra cosa que encarecer aún más la financiación para las pymes y las personas, que desde hace tiempo es prohibitiva, salvo con las líneas especiales para empresas de bancos oficiales a tasa subsidiada.

De hecho, esa tasa es alta pero menor al 132% anualizado que ofreció la licitación de deuda pública ofrecida por el Tesoro este miércoles y en la segunda ronda ayer.

Cuando hay tantos desajustes en la macro y la micro, cualquier medida de política cambiaria, monetaria o incluso fiscal repercute a favor o en contra de las demás variables. Cuando se intenta corregir algo por un lado, casi siempre se logra el resultado opuesto por otro. 

No es nada fácil manejar las riendas económicas de un país, menos en un contexto internacional como el actual, pero en la Argentina encima el frente interno es por regla más complicado e intenso que el externo. El ancla de la deuda con el FMI y la puja electoral de este año esmerilan y limitan aún más la gestión.

 

Aparecen nuevos números negativos 

Ayer se dieron a conocer dos números que muestran un contexto y porvenir poco favorables. El déficit fiscal primario de marzo sumó casi $258.000 millones y en el primer trimestre se acumuló un rojo de casi $690.000. 

Esto no sólo es malo porque se está sigue gastando más de lo que ingresa a las arcas del Estado, sino porque aleja la posibilidad de cumplir con una de las metas por las que más presiona el fondo monetario, llegar al 1,9% del PBI de déficit fiscal primario en el año.

El otro dato es que en marzo cayeron bruscamente las exportaciones el 22,2% anual, y así se profundiza el déficit comercial del país que ya acumula un rojo de US$1.059 en el año. 

Al mismo tiempo, se informó que por la suba del dólar informal, se postergan los pagos de servicios y fletes de importaciones por US$2.000 millones y así se complica aún más la actividad industrial, productiva y comercial. Repasando todos los indicadores, no hay buenas noticias para dar.
 

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