La decadencia de la mentira - Política y Medios
30-11-2023 - Edici√≥n N¬ļ5781

OPINI√ďN

La decadencia de la mentira

La intensidad pol√≠tica propuesta por el kirchnerismo y desafiada exitosamente por el macrismo, arroja un resultado desolador. Como un flashback del ‚Äúque se vayan todos‚ÄĚ aparece ahora el ‚Äúno me importa nada‚ÄĚ. Las elecciones 2023 tienen de particular el desinter√©s por toda muerte, vida u obra.

Por: Nicolás Mujico - Politologo UBA- Maestrando en Defensa Nacional UNDEF

 

 

A fines de siglo XIX, Oscar Wilde escribió un ensayo titulado “La decadencia de la mentira”. En él, proponía no perseguir la verdad. Mentir, en cierta manera, es crear. Por supuesto, hablaba de arte. ¿Qué pasa entonces, cuando en política todos mienten de manera decadente? Más aún: ¿qué pasa cuando todos los jugadores saben que los otros jugadores mienten? Peor todavía: ¿Qué pasa cuando la militancia, el periodismo y el ciudadano de a pie saben que todos mienten? Pasa que no pasa nada, porque nadie cree lo que se dice. Sin embargo, el momento de la definición se acerca. Operan una noticia, se sacan una foto, mandan un mensaje por twiter y todos están un día más cerca y perdieron un  día. Como en el tercer turno de un pica-pica, donde se han jugado ya las cartas importantes (que las tiene Juntos por el Cambio). Intentan mantener la seriedad de un partido en el que todos saben que no hay más que sotas y anchos falsos con suerte. Los anchos y los sietes bravos, están muertas de risa sobre la mesa.

La entente que llevó al gobierno al frente de intríngulis se formó sobre el recelo. No hay inocentes. La paz armada se desata en pequeñas batallas y simulacros, pero el desenlace puede ser catastrófico de verdad. Nadie se preocupó en forjar institucionalidad para resolver los conflictos. La falta de puentes para cruzar estos ríos de desconfianza, llevan al peronismo a una situación en la que deberán cruzar un océano por abajo del agua.

Las noticias se suceden sin solución de continuidad y son todas malas: cortes de luz, inseguridad, narcotráfico. A cada tema le siguen la foto, el posicionamiento ideológico y, por supuesto, la mentira, el escándalo y la pelea de cartón. Una generación política que discute sólo lo que le ponen por delante. Una generación sobre ideologizada, que no acepta correrse un centímetro de su trinchera que es también su cargo. Macri ganó las elecciones prometiendo no tocar derechos. La militancia intensa acusa traiciones ante el menor giro al centro del discurso. Solo se puede hablar de Lawfare. Sin embargo, los países, y aún los movimientos políticos, en especial los populares, suelen caminar con las dos piernas. La izquierda, y la otra, la innombrable, la paradójicamente considerada siniestra. Se sabe: no hay gorila más peludo que un progresista asustado.

Así llegamos a este momento de total confusión.

¿Y qué pasa, además de nada? Veamos:

En provincia de Buenos Aires, los intendentes le avisan al gobernador (por twitter) que si Cristina no se presenta o no se proclama, trabajarán a reglamento, en una elección donde el gobernador necesita que trabajen horas extras. De fondo, la pelea por la herencia política de la expresidenta que, a diferencia de Perón, quien sugirió que el pueblo continuaría su trabajo, propone que la sucesión se dirima entre su hijo político o el biológico. La idiotez hará el resto cuando probablemente arrastren a Axel a una insólita derrota, ya sea en el ámbito nacional o provincial. El operativo clamor fracasa porque a nadie de los que verdaderamente deberían estar interesados, les importa Un poco más ridícula aún es la candidatura de Daniel Scioli, que lleva tres semanas y todavía no fue recibido por ningún gobernador, ni realizó ningún acto. Esa mentira todavía no encontró quien la crea. Por su parte, Sergio Massa languidece. En estos días habrá que inventar un nuevo candidato de mentira y Agustín Rossi parece tener todos los números.

El albertismo, que no sabemos si existe, obligado a prometer reelección que desea si eso fuera posible y si eso no, implica dar ningún codazo en especial a la Vicepresidenta, desorienta hasta a los propios. Necesita aguantar 60 días más. Corre hacia adelante, luego se detiene, da unos pasos al costado, se sienta, se queda dormido, no escucha el despertador y siempre llega tarde. La visita presidencial se volvió, inesperadamente, un arma peligrosa que puede hundir electoralmente a cualquier candidato. Para ser justos, cualquier integrante del Frente del Amba es un peligro para los candidatos del interior y los intendentes. La consigna podría ser “marquen a los nuestros”.

¿Y si los reyes están desnudos y se preparan para un verdadero baño de humildad? Día a día nos seguimos acercando al 14 de mayo, donde se disputarán 4 provincias: San Juan, La Pampa, Salta y Tucumán, donde se verá si el acuerdo de JxC da resultados.  Esas elecciones serán como las mesas testigos de lo que pueda venir después. Lo que ese día suceda podría hacer colapsar o hacer increíble el cuento del clamor, la proscripción, la re-elección, el candidato sorpresa, la chancha, los veinte y los chanchitos. Dos meses en los que el radicalismo también inflará su globo hasta el borde de la explosión. Globo que podría convertirse en realidad competitiva si no ceden a sus pretensiones.

Siguiendo: la intensidad política propuesta por el kirchnerismo y desafiada exitosamente por el macrismo, agazapado esperando poder volver, arroja un resultado desolador. Como un flashback del “que se vayan todos” aparece ahora el “no me importa nada”. La vuelta del nihilismo político conlleva, incluso, un desinterés atronador por el intento de magnicidio del primero de septiembre del año pasado. Si las elecciones del 2011 estuvieron empujadas por la sensibilidad popular frente a la muerte del expresidente Néstor Kirchner y las 2015 estuvieron signadas por la escandalosa sospecha criminal frente a la muerte del fiscal Alberto Nisman, estas elecciones tienen de particular el desinterés por toda muerte, vida u obra.

Cristina, por su parte, continúa perdiendo capital político. Sin embargo aun tiene y mucho. Por supuesto el operativo clamor no parece más que una manera de estirar su liderazgo y cobrar centralidad política. No obstante, es un juego que, de alguna manera, se vuelve inentendible más que para unos pocos. No existe un océano separándola de su patria, ni se le impide ser candidata. Más aún, ejerce el cargo de Vicepresidenta de la Nación. La proscripción es tan difícil de entender como el rol opositor que cobró junto con la militancia y los funcionarios kirchneristas. Decía el poeta, “las rozas son rojas/ las violetas azules/ yo soy esquizofrénico/ y yo también”.

¿Cuánto capital le queda a Cristina? sin dudas, bastante. Le queda la audacia. Cualquier personaje de la política nacional es tildado de traidor por una foto. La expresidenta es considerada audaz cuando realiza acciones semejantes. Es así que puede perdonar a Alberto Fernández luego de 10 años de visitas a TN; a Massa luego de haber prestado sus votos para un nuevo ciclo de endeudamiento en abril del 2016 y de poner los votos que quitaron los fueron a Julio De Vido en 2017. Ningún problema en reunirse con Melconian o con la comandante Laura Jane Richardson. En ella todo es audacia. Ese enorme capital político le da la posibilidad de ampliar la base electoral a fuerza de sentarse con sus adversarios. No sería sorprendente que reedite conversaciones similares a las que tuvo con De La Sota allá por 2018. De cualquier modo, declina. Ya no puede ser candidata como en 2005/2007/2011 y 2017. Tampoco puede sugerir un candidato como en 2019. Si Cristina juega, pierde todo, aunque algunos de los suyos podrían quedar posicionados por eso el interés y el clamor. Buscan que se inmole por la de ellos. Si no tiene un rol importante, pierden todos. ¿entonces que le queda? ni más ni menos que hacer política y negociar.

En una ocasión le preguntaron a Aníbal Troilo qué era lo que mejor hacía cuando escribía música. Luego de breve reflexión, Pichuco contestó: “Borrar”. Quizás Cristina no tenga la lapicera esta vez a la hora de armar listas, pero conserva la goma.  

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