Seis de cada diez personas con bajos ingresos son mujeres y la brecha de género ronda el 30% - Política y Medios
14-07-2024 - Edición Nº6008

DESIGUALDAD LABORAL

Seis de cada diez personas con bajos ingresos son mujeres y la brecha de género ronda el 30%

Avances y retrocesos a nivel global y local para reducir las inequidades en el trabajo, las remuneraciones y los derechos. Una realidad marcada por las barreras del mercado y las dificultades para lograr la independencia económica, aún con políticas públicas activas.

Por Patricio Ballesteros Ledesma

 

El tema es tan vasto y secular que es difícil circunscribir su análisis, más aún en un día como hoy en el que se conmemora un día internacional de lucha trágico (ya no se menciona la palabra trabajadora, pero el origen fue una huelga en 1908), y a su vez la reivindicación constante y creciente de los derechos plenos de las mujeres.

El último informe global del Foro Económico Mundial (WEF), de mediados del 2022, señalaba que, al ritmo actual, la brecha de género se cerrará dentro de 132 años. De los 146 países analizados, sólo uno de cada cinco han logrado reducirla en al menos un 1% durante el último año.

El reporte sobre la Brecha Global de Género concluye que la brecha se ha cerrado en un 68,1%, aunque advierte que a medida que la economía mundial entra en su tercer año de disrupción desde la pandemia, la posibilidad de alcanzar la paridad de género se aleja.

Hubo una ligera mejora respecto a los 136 años de 2021, pero sigue siendo significativamente mayor que los 100 años registrados antes de 2020. La carga de los cuidados y el peso creciente de la crisis del costo de la vida recaen de forma desproporcionada en las mujeres.

El estrés económico que sufren las mujeres también contribuye a aumentar los niveles de estrés mental y físico, creando un círculo vicioso con mayores desafíos personales y profesionales.

Dentro del universo evaluado, el podio del top ten donde la igualdad está más cercana lo encabezan Islandia, Finlandia y Noruega, y sólo hay un país latinoamericano: Nicaragua.

En la Argentina a nivel público y privado se están llevando acciones tendientes a la equidad desde hace unos años: hay cada vez más políticas públicas nacionales con orientación de género, se creó un Ministerio, se promulgaron leyes específicas en el Parlamento, muchas instituciones incorporaron los cupos en sus planteles y las empresas llevan adelante acciones en este sentido.

Sin embargo, a nivel laboral y salarial las cosas no avanzan al mismo ritmo que en el ámbito social y cultural. Está claro que las estadísticas representan una foto de una realidad dinámica, pero la única forma de encontrar soluciones es medir los problemas.

 

La diferencia de ingresos sigue muy alta

Las mujeres ganan, en promedio, un 28,1 % menos que los varones. Si trabajan en un empleo formal ese porcentaje baja al 23,9%, pero si se trata de una trabajadora no registrada la brecha aumenta al 34,6%.

Según la EPH del tercer trimestre del año pasado (última disponible), esa diferencia se acortó y las mujeres ganaron en promedio un 26,3% menos que los hombres. Sin embargo, cuanto peores son las condiciones laborales esa brecha aumenta hasta el 33,6% en la informalidad.

Los sectores de menores ingresos están compuestos casi en un 64 % por mujeres. La tasa de desocupación es del 7,8 % para las mujeres y del 6,1 % para los varones. Las mujeres están más expuestas a trabajos informales que vulneran sus derechos laborales.

Estos pocos datos dan un panorama aproximado de cuál es la realidad del país en este tema. Pertenecen al informe sobre la participación de las mujeres en el trabajo, el ingreso y la producción, realizado por el Observatorio de las Violencias y Desigualdades por Razones de Género del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, en base a los datos del segundo trimestre del 2022 de la EPH del INDEC.

La desigualdad de género es un factor principal de la feminización de la pobreza en Argentina y si se considera la distribución de ingresos, las mujeres están sobrerrepresentadas en los deciles de menores ingresos. 

En ese sentido, se observa que 6 de cada 10 mujeres se ubican en los estratos bajos (deciles del 1 al 4), cuando en el caso de los varones dicha proporción resulta en 4 de cada 10. 

Además, al tomar el decil de menores ingresos se observa que está compuesto casi en un 64% por mujeres, mientras que en cambio ellas son minoría en el decil de mayores ingresos (36%).

 

Mayores dificultades para conseguir trabajo

Para hablar de la participación en el mundo laboral es preciso analizar la tasa de actividad, que para la población de 14 años y más presenta un comportamiento diferencial por género: 51,7% para las mujeres y del 70,1% para los varones. 

Esto significa que las mujeres participan menos en el mundo laboral, con una brecha de 18,4 puntos porcentuales, si bien se redujo en 2,3 puntos porcentuales con respecto al mismo trimestre del año anterior. 

La tasa de desocupación es del 7,8% para las mujeres, mientras que para los varones es del 6,1%, con una brecha de 1,7 puntos porcentuales. Esto significa un aumento en la brecha de 0,3 puntos porcentuales con respecto al mismo período de 2021. 

Así, es mayor la proporción de mujeres que no tienen trabajo y lo están buscando activamente con respecto a sus pares varones, lo que muestra que ellas enfrentan mayores dificultades para conseguir un empleo remunerado.

Por otro lado, la tasa de subocupación horaria es de 13,3% para las mujeres, 3,9 puntos superior a la de los varones, que se ubica en el 9,4%. Esta brecha se incrementó un 0,6% con respecto al segundo trimestre de 2021. 

De este modo, las mujeres no solo enfrentan mayores dificultades para conseguir trabajo, sino también para mantenerse ocupadas una jornada completa.

La tasa de informalidad es del 39,3% en las mujeres y del 36,6% en los varones, con una brecha de 2,7 puntos porcentuales: 0,9% menor a la registrada en el segundo trimestre de 2021. 

Eso indica que la incidencia de formas de trabajo no registrado en las relaciones asalariadas es mayor en las mujeres que en los varones. Es decir, las mujeres están más expuestas a trabajos precarios sin acceso a la seguridad social (aportes jubilatorios, obra social) y al resto de sus derechos laborales.

 

Segregación laboral vertical y horizontal

Las mujeres enfrentan mayores obstáculos para acceder a puestos de dirección y de toma de decisiones en el mundo del trabajo, el empleo y la producción, fenómeno conocido como segregación vertical o “techo de cristal”. 

Solo el 5,1% de las mujeres ocupadas acceden a cargos de dirección o jefatura, mientras que el 8,4% de los varones ocupan ese tipo de cargos.

Al analizar la composición de la ocupación según rama de actividad, se observa que existe una marcada segregación horizontal, también conocida como “paredes de cristal”. 

Las mujeres son mayoría en los sectores de servicio doméstico (97,2%), salud (72,3%) y educación (71,5%), actividades que se encuentran socialmente asociadas a trabajos de cuidado. 

De hecho, casi 4 de cada 10 mujeres ocupadas se insertan en alguno de estos tres sectores. Por el contrario, los varones son mayoría en los sectores de la industria (64,5%), transporte (85,8%) y construcción (96,8%).

La tasa de actividad para personas de entre 25 y 60 años que son jefes/as de hogar y cónyuges se reduce notoriamente en las mujeres a medida que aumenta la cantidad de personas menores de 10 años en el hogar, mientras que se incrementa en el caso de los varones, reflejando el fenómeno de la desigual distribución del trabajo de cuidados no remunerado.

 

Políticas públicas para reducir inequidades

En ese informe se aclara que analizar y sistematizar información estadística sobre las desigualdades de género es fundamental para evaluar y mejorar las políticas públicas que se desarrollan en todo el país. Como dijo alguien alguna vez, no se puede modificar lo que no se conoce.

De hecho, este ministerio lleva adelante mucha iniciativas que antes de su creación no estaban en la agenda ni en los planes de gobierno, como el Programa Nacional para la Igualdad de Géneros en el Trabajo, el Empleo y la Producción, los programas Registradas, Acompañar, Producir, Generar y Sembrar Igualdad.

El proyecto de ley Cuidar en Igualdad, que sigue sin tratamiento en el Congreso desde mayo del año pasado, y la reglamentación del artículo 179 de la Ley 20744 de Contrato de Trabajo, que establece la obligación para los establecimientos de trabajo de contar con espacios de cuidado para niños y niñas a cargo de las personas que emplean, con el objetivo de promover la corresponsabilidad de los cuidados.

Ese demorado proyecto, elaborado en conjunto entre los ministerios de las Mujeres y Trabajo, busca además la creación del Sistema Integral de Cuidados de Argentina con perspectiva de género, que modifica el actual régimen de licencias. 

Amplía la cobertura para personas gestantes y no gestantes con la extensión de la licencia por maternidad de 90 a 126 días y por paternidad de 2 a 90. Además, crea una licencia por adopción y una asignación por maternidad a monotributistas. 

Para el caso de los padres, propone aumentar de manera progresiva de los 2 días corridos a partir del nacimiento que rigen actualmente a 15 días, en el primer año de vigencia de la ley.

 

Falta de independencia económica

Desde la cartera de las Mujeres señalan que las desigualdades de género condicionan el efectivo y pleno ejercicio de derechos de mujeres y LGBTI+ y, dentro del mundo laboral, se expresan como un conjunto de brechas en el acceso y permanencia en los puestos de trabajo, en los tipos de actividades, en los ingresos, en las jerarquías ocupacionales, en las diferentes posibilidades de acceder a un empleo remunerado, entre otras dimensiones relacionadas con los estereotipos de género.

Y por otro lado, alertan que la feminización de la pobreza y la falta de independencia económica de mujeres y LGBTI+ son factores claves para la reproducción de las violencias por motivos de género. 

Además, las situaciones de violencia y acoso por motivos de género producidas dentro y fuera del ámbito del trabajo, el empleo y la producción son esenciales para comprender estas barreras que enfrentan mujeres y LGBTI+ en sus trayectorias laborales y de vida.

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