El Gobierno se juega el futuro electoral entre los niveles de ingresos e inflación  - Política y Medios
28-02-2024 - Edición Nº5871

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El Gobierno se juega el futuro electoral entre los niveles de ingresos e inflación 

Hace casi dos años que crecen el número de empleos privados registrados y los monotributistas, sin embargo el nivel de salarios promedio del último año quedó dos puntos detrás de la inflación. Entre los independientes hay una gran dispersión, mientras que el desfasaje en los trabajadores informales llegó al 28%.

Por Patricio Ballesteros Ledesma

 

Si el Gobierno nacional quiere llevar una propuesta atractiva para aspirar a ganar las elecciones generales este año, el tema de los ingresos y salarios no sería uno de tantos sino quizás el más importante para las expectativas de los trabajadores activos y pasivos ante las urnas.

Este jueves se reunirán representantes del oficialismo en la sede porteña del Partido Justicialista para una mesa política nacional con el objetivo de diseñar la campaña y son varios los que llevarán propuestas en este sentido, no sólo desde el Frente de Todos, también desde las organizaciones sindicales y movimientos sociales.

Aunque la semana pasada Sergio Massa y Fernanda Raverta, al anunciar la primera actualización del año de las jubilaciones, ya dieron una muestra de cuán relevantes resultan los lemas expresados más de una vez por Alberto Fernández: “Los salarios de los trabajadores le tienen que ganar a la inflación” y “empezaremos por los últimos”.

Pero del dicho al hecho… El año pasado, salvo para los trabajadores públicos bajo convenio colectivo general, que tuvieron un aumento promedio del 97% en sus sueldos contra una inflación del 94,8%, esa premisa presidencial no se cumplió. 

Y tampoco el anterior, sólo en 2020, tal vez por el contexto restrictivo de la pandemia y con los aportes estatales para sostener el empleo privado y los IFE, el índice de precios al consumidor no logró mellar tanto los bolsillos.

Pero en ese año fue una tragedia la que acomodó los números. Lo esperable es que los ingresos de la población no sean devorados por la inflación en una coyuntura más normal, sin que sea una pandemia o la intervención del Gobierno los que propicien zanjar la puja distributiva.

 

La guerra contra la inflación se viene perdiendo

Los salarios de los trabajadores registrados de las empresas perdieron en promedio casi dos puntos con respecto a la inflación en 2022, mientras que en los informales, que conforman el 35% del universo laboral, el desfasaje llegó al 28%. En el sector de los monotributistas hay mucha dispersión por las categorías, pero las más bajas perdieron todas.

Está claro que durante esta administración, a diferencia de lo ocurrido en la anterior, se reabrieron y crearon empresas y surgieron más oportunidades de trabajo, pero el problema de la inflación sigue pendiente y es en ese punto donde se juegan gran parte de las cartas de cara a los comicios.

Es cierto que se acumulan 23 meses consecutivos de creación de empleo formal, con más de 456.000 nuevos puestos de trabajo y que la AFIP logró transformar en contribuyentes a miles de trabajadores informales independientes. Hay que decir que la mitad de esos “nuevos” puestos son monotributistas.

Pero lo uno y lo otro fueron más que logros del Gobierno, consecuencias directas de la reactivación de planes pospuestos por la pandemia y de que los profesionales y comerciantes casi no pueden cobrar ventas ni honorarios sin la confección de una factura.

La mayor bancarización y los nuevos medios de pago también tienen un efecto importante del blanqueo de las operaciones y el registro de las transacciones. Sin embargo, esta expansión del empleo registrado y la formalización fiscal no generan un impacto positivo tal para que un trabajador sobrepase la línea de la pobreza.

Los que gobiernan para las corporaciones y sobre todo hacen grandes esfuerzos para la reproducción del capital han demostrado que pasan del pueblo, de las pymes y de las penas, no dudan en dejar de pagar las deudas en pesos y toman irresponsables créditos en dólares.

 

Distribución equitativa y poder adquisitivo

Por el contrario, los que afirman pensar primero en la gente no se deben olvidar que están allí por un voto de confianza y que las promesas declamadas al inicio de una gestión se deben resolver satisfactoriamente durante el mandato, sin dejar lo crucial pendiente para una potencial reelección.

El segundo tiempo le puede servir al candidato a reelegir para acomodar lo hecho e ir por más, esto vale tanto para el FdT como para Cambiemos, no para encontrar soluciones que durante cuatro años no surgieron y que al dilatar su abordaje complicaron más sus efectos y consecuencias.

El tiempo es el valor más preciado porque no se recupera y hay millones de argentinos que perdieron mucho en los últimos años. La gente quiere empezar a ganar y a nivel laboral cada vez mejor, no sólo con un más equitativo reparto entre capital y trabajo, sino también con un control más estable entre ingresos y gastos.

Pero de nada sirve ganas más, vía paritarias o acuerdos personales, si ese aumento se tiene que destinar casi exclusivamente para pagar bienes y servicios primordiales, que juegan al límite con aumentos indecentes en sectores cuasi monopólicos.

La opción no debería ser, si no se puede bajar la inflación que suban los salarios, en esa escalada está demostrado que la espiral no tiene fin y que los que perciben menores ingresos siempre pierden. La situación en el sector de los alimentos da vergüenza ajena y causa mucho daño, más en los sectores populares.

Las subas constantes en carnes, verduras y frutas, más el descontrol en los comercios de cercanía barriales, que no están enmarcados en los acuerdos de Precios Justos, provocan que se abusen de la ley de la oferta y la demanda en productos de primera necesidad y que quienes más dependen de la compra diaria padezcan una inflación mayor.

 

Falta más precisión, coraje y objetivos ambiciosos

Este martes, el INDEC publicará el índice de precios al consumidor de enero, que para la encuesta del BCRA entre las consultoras más destacadas rondaría el 5,5%. Sin embargo, y aunque utiliza otro método y mide otros rubros, el Gobierno porteño ya informó la inflación para el ámbito de CABA y el valor mensual dio 7,4%.

La gente quiere empezar a ganar, o al menos dejar de perder. La suba de las jubilaciones hasta marzo del 17,04%, más un bono mensual de $15.000 para la mínima, se sustenta en la estimación de una inflación trimestral de entre el 17 y 18%. Ese plus, como ha ocurrido en convenios colectivos y paritarias, es justamente para no quedar retrasados con respecto a la variable precios.

La competencia para las elecciones generales 2023 se acerca y hay más candidatos entusiastas que entusiasmo por votarlos. Las opciones son más de lo mismo, malo conocido y, en una hipótesis poco realista, bueno por conocer.

Ojalá pronto aparezca algo de esto último. Lo más nuevo es el año y el discurso más disruptivo es un grito hueco. Los candidatos surgen más de la realidad que de los deseos. Los que la chocaron piensan en volver y los que ahora pilotean con otro rumbo no quieren dejar el mando.

El anterior Gobierno tuvo sólo un año de crecimiento de cuatro, mientras que este terminaría su mandato con uno de pandemia y tres sucesivos con aumento del PBI. Macri tomó un préstamo en dólares fraudulento con el FMI para ganar unas elecciones que perdió, y le dejó al país una deuda impagable y restrictiva que Fernández renegoció y empezó a pagar.

Pese a todo, llegó la recuperación y se consolida el crecimiento, aumentan las inversiones y se crea más trabajo, pero la pobreza no baja y la inflación lejos está de haberse calmado. Dejando a un lado la pandemia y la guerra, se están haciendo cosas y restan muchas por delante. Falta más precisión, coraje y objetivos ambiciosos.

El oficialismo tiene que recordar la derrota en el medio término, la oposición demuestra que perdió la memoria. En todos los espacios, la rosca política se está ajustando y las peleas internas movilizan las campañas. Unos no quieren perder lo ganado y los otros no quieren volver a perder la oportunidad.

El soberano, como suele decirse, juzgará lo hecho hasta aquí y cuan cerca o lejos está de haber alcanzado su esperanza preelectoral. Aún no asoman las y los jóvenes valientes y honestos, aunque hay que ver si la política tiene un lugar relevante para ellos.
 

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