La pelea de Larreta por la coparticipación complica su gobierno del 70% - Política y Medios
20-04-2024 - Edición Nº5923

LA INTERNA DESDE ADENTRO

La pelea de Larreta por la coparticipación complica su gobierno del 70%

El fallo de la Corte Suprema a favor de la Ciudad de Buenos Aires en su reclamo por la coparticipación federal arruinó la relación del jefe de Gobierno con los gobernadores peronistas. Su plan de lograr respaldo del 70% del espectro político para tomar medidas si llega a la Casa Rosada, ahora parece imposible.

El fallo de la Corte Suprema a favor de la Ciudad de Buenos Aires en su reclamo por la coparticipación federal arruinó la relación de Horacio Rodríguez Larreta con los gobernadores peronistas. Su plan de lograr respaldo del 70% del espectro político para tomar medidas si llega a la Casa Rosada pareciera imposible.

Esa era su idea: una mesa de unidad nacional en la que sólo no estuviera invitado el kirchnerismo, que en esta pelea por la coparticipación fue menos confrontativo que los gobernadores peronistas, que se sumaron una foto de repudio junto al presidente, con pedidos de desacato.

Sólo faltaron Omar Perotti (Santa Fe) y Juan Schiaretti (Córdoba), presionado por el círculo rojo para sellar un acuerdo electoral con el jefe de Gobierno.

Pero ninguno puede competir por otro mandato, mientras que sus colegas que fueron al frente contra Larreta pueden reelegir o dejar a un heredero.

Cualquier opositor que resulte sucesor de Alberto no tendrá nada sencilla la construcción de poder. Necesita varios batacazos para lograr mayoría en el Senado, pero en ningún caso alcanzará dos tercios sin colaboración de los gobernadores peronistas.

Sin ellos será imposible cubrir la vacante de la Corte Suprema que dejó Elena Highton de Nolasco o la que surja cuando cumpla 75 años Juan Carlos Maqueda.

De esta manera, la Corte quedaría acéfala y las causas más resonantes se definirían en las Cámaras federales, terreno de disputa de poder entre el lobby judicial y el kirchnerismo.

Pero un país sin Corte no tiene la seguridad jurídica que el PRO promete. Y no hay como resolverlo sin un diálogo entre el presidente y los gobernadores, dueños de una porción de votos del Senado.

En esa Cámara, además, promovieron y lograron aprobar una ley para que la Corte tenga 15 jueces, que nunca se trató en Diputados. Se la pedirán a quien ocupe el sillón de Rivadavia en 2019.

Larreta parece no haber tomado dimensión de la escalada del conflicto que abrió cuando se sumó a los halcones con amenazas de juicios y denuncias permanentes, una ostentación de cobijo de la corporación judicial de élite.

Su apoyo político en caso de ganar las elecciones puede ser incluso menor al de Mauricio Macri, quien debió ceder cuantiosos recursos a las provincias, pero consiguió el voto del peronismo durante su primer año de Gobierno.

Aunque no lo reconozca, esa alianza que trabajaron Emilio Monzó y Rogelio Frigerio le permitió aprobar las leyes que creía necesarias para comenzar su gestión.

Los gobernadores peronistas pagaron un costo político por su sociedad con Macri: en 2019 fueron detrás de Cristina Kirchner para no quedar pegados a su fracaso económico y electoral. La mayoría imaginaba un ciclo de 8 años y la dilución de la ahora vicepresidenta. Nada de eso ocurrió.

No querrán repetir la experiencia y mucho menos si el punto de partida es perder fondos de la coparticipación para la Ciudad.

Sergio Massa, amigo de la juventud de Larreta, entendió el escenario y gestionó el pago del Gobierno con bonos para terminar con el conflicto y no trasladarlo a la campaña electoral.

Pero el jefe de Gobierno cree que negociar significa perder terreno ante Patricia Bullrich y va al choque, sin otra brújula que la interna de agosto.

No evalúa el alcance de discursos proselitistas sobre los beneficios a los porteños, con olas de resistencias locales que nazcan para quedarse, gane quien gane en las urnas

Si bien los gobernadores y los intendentes bonaerenses no demostraron capacidad de armar ofertas electorales, sí pueden complicar la cotidianidad de presidente o gobernador de turno.

Además, el hastío de la población con la política, sin distinción de partidos, quedó reflejado en el ausentismo récord en la votación de 2021. Y augura una debilidad para el próximo presidente, que estará más necesitado de una unidad nacional que sus antecesores. Larreta parecía entenderlo. Parecía. 

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