Bullrich quedó aislada y necesita reconstruir a los halcones - Política y Medios
04/10/2022 - Edición Nº5359

LA INTERNA, DESDE ADENTRO

Bullrich quedó aislada y necesita reconstruir a los halcones

El intento de magnicidio dejó a Bullrich desdibujada. Fue la única dirigente que no se solidarizó con CFK y las acusaciones a militantes de ultraderecha la dejaron en una posición incómoda.

Por: J.Nye

 

En la primera sesión de Diputados de diciembre de 2019 con Alberto Fernández de presidente el Frente de Todos necesitaba que juraran varios de sus miembros en reemplazo de flamantes ministros y secretarios de Estado. Sólo así podía conseguir una mayoría propia.

En la reunión de Juntos por el Cambio hubo un grupo que se resistía a dar quórum. “Si quieren que juren sus diputados, definamos el temario conjunto”, repetían.

Eran liderados por las arengas de dos diputados: Waldo Wolff y Fernando Iglesias. Se auto denominaron “los halcones” y se identificaron con Patricia Bullrich, por entonces flamante presidenta del PRO.

Cristian Ritondo logró sentarlos en sus bancas, pero nunca volvió a controlarlos. Mucho menos a Bullrich, quien hasta se animaba a firmar comunicados por las bancadas legislativas sin avisar. Hasta incluía a los radicales.

La exministra de Seguridad y sus halcones se fueron posicionando como un el grupo más ruidoso de la oposición, con horas de televisión gratis y trolls agitando en las redes sociales.

Coparon las calles en pandemia, irrumpieron en los debates internos de Juntos por el Cambio y lograron empatizar con el votante que había apostado por Macri en 2019 y se desilusionó con su derrota.

Empoderada, Bullrich se animó a confrontar con Larreta en público y a desafiarlo con una candidatura presidencial.

Pero encontró sus límites. No pudo atraer a toda la dirigencia PRO, tentada por las ayudas económicas del jefe de Gobierno. Tampoco a un círculo rojo que no la ve tan dócil como le gustan los presidentes. Pero compensa con una sociedad tácita y no tanto con el naciente liberalismo, que incluye a su principal figura, como es Javier Milei, pero también con una granja de influencer que promueve la violencia como nunca antes desde 1983.

Las encuestas comenzaron a mostrarla arriba del jefe de Gobierno en las principales ciudades del país. Con un problema a resolver: su negativa alta la complica en un ballotage. Sólo el voto liberal residual podría salvarla.

Su último enfrentamiento público con Larreta fue cuando la policía de la ciudad colocó las vallas en el domicilio de Cristina Kirchner y las sacó cuando la militancia se abalanzó contra la policía. 

Jugó al límite: “Si tomas una decisión con la fuerza no es posible que te eches atrás. Aunque tengas un muerto”, minimizó.

Pero el intento de magnicidio de CFK dejó a Bullrich desdibujada. Fue la única dirigente que no se solidarizó y las acusaciones a militantes de ultraderecha la dejaron en una posición incómoda. ¿Con quién se reunía todos estos años? Nadie lo sabe bien. Sólo que compartía amigos con Milei.

Las encuestas no muestran que haya caído en consideración, pero el microclima de la política le repele aún más. "¿Dónde nos lleva?", se preguntan quienes se resisten a recibirla.

Hasta hace un mes, su aliado principal era el radical Alfredo Cornejo. Gerardo Morales la respeta, pero la prefiere lejos. No superaron el cruce en la mesa de JxC por la amistad del jujeño con Massa.

Elisa Carrió empezó a trabajar para boicotearla. Manda a sus diputados a jugar de moderados en los debates internos del Congreso. Hasta le jugó sucio, cuando la acusó de hacerle espionaje cuando era ministra. Nunca la tendrá de su lado.   

En el PRO pocos intendentes o candidatos a gobernadores se atreven a respaldar a Bullrich cuando critica a Larreta. Casi ninguno. Y si el debate por los discursos de odio que instala Cristina sigue en campaña, menos querrán una foto suya en el portarretrato.

Bullrich cree que quien asuma en 2023 no debe negociar con ningún peronista, sino lograr su sumisión, a como dé lugar. Larreta no coincide: entiende que una sociedad más crispada no puede implementar políticas públicas. Las calles de la Ciudad copadas contra un intento de magnicidio potencias esa hipótesis.

¿Dónde termina un escenario de represión permanente? Bullrich cree que en un reflejo de autoridad de quien finalmente tome las calles. Larreta en un baño de sangre inconducente, que es preferible evitar con diálogo.

Es lo que solicita Cristina desde el episodio que casi le quita la vida. Y un sector del círculo rojo empezó a notarlo necesario. También entre las principales embajadas: los más variados dirigentes kirchnerismo hablan por igual con representantes de China y de Estados Unidos.

¿Acaso un futuro presidente del PRO puede borrarlos del mapa? Bullrich imagina que sí, pero no contagia a una dirigencia que empezó a ver la paz social como condición de gobernabilidad. Deberá amoldarse a un clima que no es el suyo. Pero puede ser el de todos los demás. 

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