El sesgo ideológico de la Justicia Argentina - Política y Medios
04/12/2022 - Edición Nº5420

OPINIÓN

El sesgo ideológico de la Justicia Argentina

Si verdaderamente nos interesa preservar la paz social, la reflexión que debemos hacer va mucho más allá de Cristina Fernández.

Por: Nicolas Mujico, Politologo UBA, maestrando en Defensa Nacional UNDEF
 

Pasado el vértigo de imaginar el descalabro social en el que estaríamos envueltos de haberse producido el magnicidio, es hora de comenzar a reflexionar sobre sus consecuencias políticas. La primera, lógicamente, es la obligación de tomar una posición frente al atentado por parte de todos los actores institucionales, políticos, sociales y económicos. Esta situación pone nuevamente en el centro de la escena -y esta vez de manera exclusiva- a la expresidenta y obliga a todos a revisar discursos, moderar posturas y, sobre todo y más importante, demorar decisiones.  

El sentido común marca que, siendo la víctima y la agredida, también será la beneficiada con una mejora en su imagen pública que puede favorecer su posición de cara al 2023. No obstante, esta situación que en parte podría asimilar a la del 2010 con la muerte de Néstor Kirchner, guarda algunas diferencias. En primer lugar, en aquel momento la oposición estaba mucho mas desarticulada que hoy en día. Por otra parte, la economía mostraba una recuperación extraordinaria luego de la crisis del 2008/09. El Estado se encontraba fuerte y articulaba políticas públicas que implicaban un enorme esfuerzo fiscal, tales como la asignación universal (hoy normalizada y licuada por la inflación). Todas estas situaciones son desemejantes y deberían ser tenidas en cuenta. La plaza del 2 de septiembre fue impresionante, pero no abarcó mucho más allá de los límites del Frente de Todos. A su vez, no hay que dar por sentado que la fortaleza que mostró Cristina frente a la desgraciada muerte repentina de Néstor se repetirá en esta circunstancia. Es probable, pero habrá que esperar y ver. Aun los más fuertes tienen su límite.  

Todo lo dicho, y la euforia de la movilización, no borran la realidad ni tampoco paran las causas judiciales. El tan denunciado Lawfare (exista o no) o las denuncias por corrupción si ese es el caso, continuarán luego de las acusaciones del fiscal Luciani. Al respecto, podemos decir que es posible que exista una persecución y que la misma sea una estrategia de orden continental con el fin de proscribir dirigentes políticos con arraigo popular. Es, sin embargo, una discusión de hombres de leyes que la militancia y la ciudadanía en general asume de manera leguleya. No obstante, no es una situación enteramente nueva. Existe un sesgo ideológico en la justicia argentina que se remonta en el tiempo. Así como hay sectores afines al peronismo, por ejemplo en el mundo gremial, existen otros ámbitos en donde no se tiene tanta empatía. Así, las profesiones liberales siempre tuvieron prejuicios con respecto al peronismo que irrumpió en la escena argentina chocando de frente con las ideas del liberalismo político. El poder judicial, la carrera judicial, las cátedras en las facultades de derecho en las universidades más tradicionales, los colegios profesionales y, en gran medida, el sentido común en relación a la ley, portan enormes prejuicios. El estudiante que se inscribe en CBC  y que ingresa con ciertas ideas preconcebidas, consolida a lo largo de la carrera sus prejuicios y lo transforma en razón fundada con un sesgo inquebrantable, contrario a todo lo que tenga un mínimo tufillo a popular.  

El caso CFK es uno más a lo largo de la historia. De los más importantes, claro, por su figura preponderante en las últimas dos décadas. Desde ese punto de vista, el posicionamiento político de Cristina y su embestida contra la corporación judicial, será un capítulo importante en la historia del peronismo. El atentado lo corona y lo llena de dramatismo.  

Dicho esto, y sabiendo que el camino judicial hoy es aún más confuso y que probablemente pasen años hasta que finalmente pase algo, queda analizar qué cosas no cambiaron en el plano político. En primer lugar, Cristina consagra su liderazgo indiscutido en el Frente de Todos, pero eso no dice nada con respecto a lo que se encuentra fuera de sus límites. El país se sigue pareciendo al del 2015. La secuencia que se inicia con el pedido de prisión y que puede ir en aumento, no parece tener más perspectivas ni saldo organizativo posible desde el punto de vista electoral, más allá de algunas simpatías que se sumen luego de lo sucedido el 1 de septiembre. Las miles de personas movilizadas son las mismas que se han movilizado en otras oportunidades. Solo se convencen los convencidos. El Frente de Todos caza en el zoológico. Cuando comience a correr el calendario electoral, los resultados serán seguramente iguales o peores que los que obtuvo el kirchnerismo entre febrero y mayo de 2019 y que obligaran a la expresidenta a un giro sorprendente.   

Por su parte, existen sectores del peronismo que por diferencias ideológicas o por circunstancias particulares en sus provincias, por la aparición de competencia Kirchnerista al interior del Frente, se van alejando del liderazgo de la ex presidenta. Comienza a consolidar un triángulo escaleno con vértice en Córdoba-San Juan y Santa Fe cada vez más alejado de la vicepresidenta que aún no encuentra una referencia, pero que podría no aportar a una estrategia nacional de cara a las elecciones. Estamos hablando de 6 millones y medio de electores. Triángulo que puede transformarse en equilátero si gana en profundidad y suma La Pampa y que, a su vez, puede ser rombo si suma alguna provincia del norte, agotadas y enfrascadas en peleas intestinas de porteños y bonaerenses y que puede derivar en nuevas formas geométricas. Es una enorme laguna en la que la expresidenta no pesca. A ello se suma un cierto descreme hacia otras posibilidades electorales en distritos de Buenos Aires y la siempre difícil CABA y todos los votos que se podrán perder por la muy compleja situación política económica. No fue magia en el pasado y no lo será en el futuro. La situación es harto compleja. Con menos, es difícil tener más y la gente que se suma a la calle Montevideo no trae votos nuevos: los que el 2 de septiembre fuimos a la plaza, ya votábamos al Frente de Todos. Los apoyos del exterior tampoco suman caudal electoral a la propuesta kirchnerista y el desmembramiento del Frente de Todos que comenzaba a verificarse previo al 1 de septiembre con la partida de varios diputados del Bloque no podrá sostenerse mucho tiempo más con políticas económicas que parecen mostrar la sintonía fea del plan económico desde la reciente asunción de Sergio Massa.  

El problema, en definitiva, es político. Lo judicial viene después. Sobreviene cuando se pierde poder. Carlos Menem es la prueba cabal del sesgo ideológico que no perdona aún cuando se trate de un expresidente funcional a los intereses económicos.  Luego de su derrota en 2003 se vio obligado a sobrevivir al poder en el senado y, aún así, enfrentó en varias oportunidades pedidos de desafueros que lo tuvieron en vilo: en 2007, en 2008 (solicitado por el malogrado fiscal Nisman), 2013 que contó con algún apoyo oficial y en 2017, con apoyo de varios legisladores del entonces Frente Para La Victoria.  A ese abismo, también se enfrenta la expresidenta. Sobrevivirse a sí mismo en la política nacional suele traer aparejadas crueldades propias de la grieta histórica y el canibalismo político nacional. Si verdaderamente nos interesa preservar la paz social, la reflexión que debemos hacer va mucho más allá de Cristina Fernández.

 

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